
Siglo de Oro
1600 – 1681 · Madrid
Escribió que la vida es un sueño y que hasta los sueños son sueños. Fue soldado, sacerdote y el dramaturgo oficial de la corte.
1 obra suya en Clasicalia, completa y gratis.
Nació en Madrid, hijo de un secretario del Consejo de Hacienda, hombre severo que dejó en su testamento instrucciones sobre lo que debía hacer cada hijo. Se educó con los jesuitas y estudió en Alcalá y Salamanca. De joven se vio envuelto en un homicidio y en un escándalo por irrumpir armado en un convento persiguiendo a un actor.
A partir de 1623 escribió para los corrales y pronto para palacio. Felipe IV lo convirtió en su dramaturgo, con espectáculos de gran aparato en el Buen Retiro. Combatió en Cataluña en la guerra de los Segadores.
En 1651, tras la muerte de un hermano y de la mujer con la que tuvo un hijo, se ordenó sacerdote. Desde entonces escribió sobre todo autos sacramentales, uno o dos al año para el Corpus de Madrid, durante treinta años. Murió en 1681, y con él se cierra el Siglo de Oro.
La España de Calderón ya no es la de Lope: es la del desengaño, la de un imperio que pierde guerras y se sabe en decadencia. De ahí el tono de su teatro, más reflexivo y más sombrío, y de ahí que su gran tema sea la distancia entre lo que parece y lo que es.
Todas se leen enteras aquí, gratis y sin registro.
Si no podemos distinguir la vigilia del sueño, ¿qué valor tiene lo que hacemos? La respuesta de Calderón no es el nihilismo: es obrar bien, porque «aun en sueños no se pierde el hacer bien».
A Segismundo le han dicho que su horóscopo lo condena. La obra consiste en demostrar que puede desmentirlo, y que eso es lo que lo hace humano.
Segismundo se comporta como una bestia porque lo criaron como a una bestia. La obra plantea, en 1635, que el carácter se forma.
Calderón usó tramoyas, música y decorados como nadie. La forma espectacular no era adorno: era parte del argumento.
Empieza por el monólogo de Segismundo del primer acto —«¡Ay, mísero de mí, ay, infelice!»— aunque sea fuera de orden. Son cuarenta versos y son la puerta: si te entra, el resto va solo.
Luego, la obra completa, en tres jornadas. Hay una trama secundaria, la de Rosaura y su honra, que se cruza con la principal; no la saltes, porque el final depende de ella.
El otro monólogo, el del final de la segunda jornada —«¿Qué es la vida? Un frenesí»—, es el más citado de la literatura española.
Aquí está «La vida es sueño». Faltan «El alcalde de Zalamea», «El médico de su honra», «La dama duende» y los autos sacramentales, sobre todo «El gran teatro del mundo», que desarrolla la misma idea del papel que a cada uno le toca representar.
Dónde aparece su obra frente a la de otro autor, con lo que aporta cada una y cuál conviene leer antes.
También: frases de Pedro Calderón de la Barca, comprobadas una a una contra el texto publicado.
Cinco ejes para preparar un trabajo o una sesión sobre el autor. Todo se puede comprobar sobre los textos, que están aquí completos.
Más que Lope, sí: el verso es más denso y hay más retórica. Pero la historia es potente y los monólogos compensan el esfuerzo.
Un rey encierra a su hijo recién nacido porque un horóscopo dice que será un tirano. Años después lo saca de la torre para probarlo, y el experimento se le va de las manos.
Se disputa el puesto con «El alcalde de Zalamea» y con «Fuenteovejuna», pero es la que más ha viajado: Schopenhauer y Nietzsche la citaban.
Una obra alegórica de un solo acto, representada en la calle el día del Corpus, con personajes que son ideas: la Culpa, el Mundo, la Muerte. Calderón fue el maestro del género.
«El alcalde de Zalamea», que es más directa y tiene el mejor personaje popular de su teatro.