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Ciclo · 4 h 53 min de lectura en total

Las mujeres que dijeron basta: cuatro obras, veinticuatro siglos

Cuatro escenarios, veinticuatro siglos y la misma escena repetida: una mujer que deja de obedecer y la sociedad entera cruje.

El teatro occidental empezó dándoles a las mujeres los papeles que la vida real les negaba. En una Atenas donde no votaban ni salían solas, Sófocles puso a una muchacha enfrentándose al rey por enterrar a su hermano; Eurípides, a una extranjera cobrándose el abandono de la peor manera imaginable; Aristófanes, a un grupo de amas de casa deteniendo una guerra. Veintitrés siglos después, Ibsen sentó a una esposa modelo a explicarle a su marido por qué se marcha.

No es una serie ordenada por nadie: son cuatro obras de cuatro épocas que, leídas seguidas, cuentan una sola historia. La de lo que ocurre cuando alguien a quien se le exige obedecer decide que ya está bien.

El orden que recomendamos

Cuatro maneras de decir que no

Antígona apela a una ley superior: hay deberes que ninguna orden puede derogar. Medea no apela a nada: usa el mismo derecho de sangre que usan los héroes, y por eso resulta insoportable. Lisístrata descubre el poder que sí tiene y lo administra con cabeza fría. Nora no discute las leyes ni las venganzas: descubre que no es una persona en su propia casa y sale a averiguar quién es.

De la ley divina al derecho individual: en ese arco cabe la historia moral de Occidente.

Escritas todas por hombres

Conviene decirlo: las cuatro las escribieron autores varones para públicos mayoritariamente masculinos. Ninguna es un manifiesto. Y aun así, en las cuatro, el personaje femenino razona mejor que quien tiene el poder — Creonte, Jasón, los magistrados atenienses, Torvaldo. Esa contradicción es la que ha mantenido vivas estas obras: sus autores les dieron los mejores argumentos a quienes en la calle no podían usarlos.

Lo que cuesta

Ninguna sale gratis. Antígona muere. Medea se destruye a sí misma al destruir a Jasón. Lisístrata gana, pero en una comedia — es decir, en el único lugar donde entonces podía ganar. Y Nora se marcha sin dinero, sin oficio y dejando a sus hijos: Ibsen no le concede una salida cómoda, y por eso el portazo suena tan fuerte.

Una frase de cada una

Muchas maravillas hay, pero ninguna más maravillosa que el hombre.
Antígona · Sófocles
Ojalá que la nave Argo no hubiese volado hacia la Cólquide y las cerúleas Simplégades.
Medea · Eurípides
Tan fino, que significa esto: ¡Grecia salvada por las mujeres!
Lisístrata · Aristófanes
Nuestra casa no ha sido más que una sala de juegos. He sido tu muñeca-esposa, igual que en casa era la muñeca-niña de papá; y aquí los niños han sido mis muñecas.
Casa de muñecas · Henrik Ibsen

Preguntas frecuentes

¿En qué orden conviene leerlas?

El cronológico funciona muy bien: Antígona (441 a.C.), Medea (431 a.C.), Lisístrata (411 a.C.) y Casa de muñecas (1879). Si se prefiere alternar el tono, conviene meter Lisístrata entre las dos tragedias griegas: es comedia y da aire.

¿Son obras feministas?

Ninguna se escribió con esa intención — el término no existía y sus autores eran hombres de su tiempo. Pero las cuatro ponen en escena a mujeres que razonan y actúan contra el poder establecido, y por eso el feminismo del siglo XX las adoptó. Casa de muñecas es el caso más claro: Ibsen negó ser feminista y dijo escribir sobre la libertad de la persona.

¿Cuál es la más fácil para empezar?

Lisístrata, sin duda: es comedia, se lee de un tirón y hace reír. Antígona es la más breve de las tragedias. Casa de muñecas, la más cercana en lenguaje y ambiente. Medea es la más dura de las cuatro.

¿Se pueden leer en clase?

Es un itinerario habitual en bachillerato y en primeros cursos de universidad, precisamente porque permite comparar el mismo conflicto en cuatro momentos históricos. Las cuatro están completas en Clasicalia, con sus textos íntegros.

¿Cuánto se tarda en leerlas?

Unas cinco horas las cuatro: Antígona y Medea rondan la hora, Lisístrata poco más, y Casa de muñecas unas dos horas y media.