
Un anciano ciego y una muchacha llegan a un bosque sagrado a las afueras de Atenas. Él es Edipo, el rey maldito de Tebas, mendigo y desterrado desde hace años; ella, su hija Antígona, que le sirve de ojos. Un oráculo le ha anunciado que este es el final de su camino: aquí, en Colono, morirá — y su tumba será una bendición para la tierra que lo acoja. Sófocles escribió esta obra a los noventa años, poco antes de morir, y la ambientó en Colono: su propio pueblo natal. Es su testamento y la más serena de las tragedias griegas: el hombre más desdichado del teatro llega al final no vencido, sino misteriosamente elegido. Todavía tendrá que defenderse de Creonte, que quiere llevárselo por la fuerza, y maldecir a su hijo Polinices; pero cuando suena el trueno de Zeus, Edipo se levanta, ciego, y guía él a los que ven hacia el lugar de su muerte — que nadie, salvo Teseo, llegó a presenciar. Entre sus cantos está el elogio de Colono —el pasaje más celebrado que Sófocles escribió sobre su propia tierra— y el coro más sobrecogedor del teatro griego: no haber nacido es lo mejor; lo segundo, volver cuanto antes allí de donde vinimos. Es la pieza central de la historia tebana: después de «Edipo Rey» y antes de «Antígona», cuyos destinos deja sembrados. Las tres pueden leerse completas en Clasicalia.
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Sófocles la escribió al final de su vida, hacia el 406 a. C., y no llegó a verla en escena: la estrenó su nieto en el 401, cinco años después de su muerte. Atenas acababa de perder la guerra del Peloponeso; el elogio de la ciudad hospitalaria que la obra contiene sonó ya como un epitafio.
Colono era el pueblo natal del propio Sófocles: el elogio de sus olivos, sus ruiseñores y sus caballos es el homenaje del poeta nonagenario a su tierra. La antigüedad contaba que, acusado de senilidad por sus hijos, se defendió leyendo al tribunal este coro; la anécdota es probablemente leyenda, pero dice bien lo que la obra es.
Esta edición traduce la versión inglesa de F. Storr (1912, dominio público), hecha del griego clásico, en la misma colección que nuestras «Edipo Rey» y «Antígona»: prosa clara para la lectura, con los nombres de los personajes, las acotaciones y las estrofas de los coros conservadas.
No haber nacido en absoluto es lo mejor, con mucho lo mejor que puede ocurrir; y lo siguiente mejor, una vez nacido, es volver con la menor demora por el camino de regreso.
Un paraje lleno de laureles, olivos y vides. Dentro de él, un coro de ruiseñores cantores gorjea.
Sea pronto o tarde, lo dulce se vuelve amargo, el odio de nuevo en amor.
La muerte liberadora nos libera a todos al final.
Del final de Edipo: ciego y desterrado de Tebas, llega con su hija Antígona al bosque sagrado de Colono, junto a Atenas, donde un oráculo le anunció que moriría. El rey Teseo lo acoge; Creonte y su hijo Polinices intentan usarlo, porque otro oráculo dice que su tumba dará la victoria a quien la tenga. Edipo maldice a sus hijos, y cuando suena el trueno de Zeus marcha por su propio pie a una muerte misteriosa que solo Teseo presencia.
Sófocles la escribió al final de su vida, hacia el 406 a. C., con unos noventa años, y no llegó a verla en escena: la estrenó su nieto en el 401, cinco años después de su muerte. Es su última obra y se lee como su testamento.
Es la segunda por la historia: después de «Edipo Rey» (el descubrimiento y la caída) y antes de «Antígona» (la ruina de los hijos). La maldición que Edipo lanza aquí contra Polinices desencadena la guerra en la que morirán los dos hermanos — el punto de partida de «Antígona». Las tres pueden leerse completas en Clasicalia.
El coro que dice que «no haber nacido en absoluto es lo mejor», la sentencia más sobrecogedora del teatro griego — escrita, y eso lo cambia todo, por un poeta de noventa años que en la misma obra canta con amor los olivos y ruiseñores de su pueblo. El elogio de Colono es el otro gran momento.
Nadie lo ve, y ese es el prodigio: guiado por una voz divina, el ciego conduce a los videntes hasta el lugar señalado, se despide de sus hijas y desaparece sin dolor ni lamento. Solo Teseo presencia el final, y jura no revelarlo jamás. El mensajero solo puede decir que «los dioses se lo llevaron».
Esta edición de Edipo en Colono es una traducción moderna al español propia de Clasicalia, elaborada a partir del texto original de dominio público y revisada para que sea fiel al original y natural de leer hoy. La ofrecemos íntegra y gratis, para leer online sin registro ni descargas. Si prefieres la edición cuidada en papel o Kindle, la publicamos en Amazon.
Puedes citar y enlazar esta traducción libremente. Si la usas en clase o en un trabajo, así queda la referencia.
Sófocles (2026). Edipo en Colono (Clasicalia, trad.). Clasicalia. https://clasicalia.com/edipo-en-colono/
Sófocles. Edipo en Colono. Traducción de Clasicalia, Clasicalia, 2026, clasicalia.com/edipo-en-colono/.
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