
Tragedia griega
h. 480 – 406 a.C. · Salamina, Atenas
Ganó pocos concursos en vida y fue el más representado después de muerto. Puso en escena a mujeres, esclavos y extranjeros como protagonistas.
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El más joven de los tres grandes trágicos y el más incómodo para su público. Escribió unas noventa obras y ganó el concurso solo cuatro o cinco veces, frente a las dieciocho de Sófocles: Atenas lo premiaba poco y lo discutía mucho. Aristófanes lo convirtió en personaje cómico y lo ridiculizó por escrito.
Se retiró al final de su vida a la corte de Macedonia, donde murió. Allí escribió «Las bacantes», que se estrenó póstumamente y ganó, por fin, el primer premio.
Lo que lo separa de Esquilo y de Sófocles es a quién mira. Sus protagonistas son mujeres, esclavos, extranjeros, personas fuera del centro: Medea es una bárbara abandonada, Fedra una madrastra enamorada, Ágave una madre en trance. Y sus dioses no son justos: son fuerzas que arrasan. Por eso lo llaman el más moderno de los tres.
Escribe durante la guerra del Peloponeso, con Atenas cometiendo atrocidades y perdiéndolas todas. Sus tragedias están llenas de refugiados, madres que pierden hijos y vencedores que no salen limpios. No hacía falta ser sutil para que el público entendiera de qué hablaba.
De la más conocida a la más extraña. «Las bacantes» es la última que escribió y la que ganó el premio que no le dieron en vida.
MedeaTragedia griega · 431 a. C.
HipólitoTragedia griega · 428 a.C.
Las bacantesTragedia griega · 405 a.C.Mujeres, esclavos, extranjeros, niños. Antes de él el escenario era de reyes y héroes; con él, quien sufre la historia también la cuenta.
Sus dioses no premian ni castigan con criterio: arrasan. Eso le costó fama de impío y es lo que lo hace legible hoy.
La aparición divina que resuelve el final desde fuera. Aristóteles se lo reprochó; la crítica moderna discute si es un recurso perezoso o una ironía deliberada.
Medea razonando su crimen es el primer gran análisis interior del teatro europeo: no está loca, está decidiendo.
Empieza por «Medea». Es la más directa y la más impactante: una mujer extranjera, abandonada por su marido, que razona su venganza en voz alta con una lucidez que da miedo. El monólogo antes del crimen es de lo mejor del teatro griego.
«Hipólito» añade el otro gran tema euripideo, el deseo que destruye a quien lo siente. Y «Las bacantes» es la más rara y la más sobrecogedora: déjala para el final.
Escribió unas noventa obras y se conservan dieciocho. Aquí hay tres; faltan «Las troyanas», «Ifigenia en Áulide», «Electra», «Alcestis».
Para seguir: Sófocles y Esquilo, para ver los tres modos de entender la tragedia, y Aristófanes, que lo parodió en vida.
Dónde aparece su obra frente a la de otro autor, con lo que aporta cada una y cuál conviene leer antes.
También: frases de Eurípides, comprobadas una a una contra el texto publicado.
Cinco ejes para preparar un trabajo o una sesión sobre el autor. Todo se puede comprobar sobre los textos, que están aquí completos.
Porque incomodaba: cuestionaba a los dioses, daba voz a quienes no la tenían y desmontaba el heroísmo. El público ateniense premiaba obras que confirmaran sus valores, no que los pusieran en duda.
«Medea». Es la más conocida, la más directa y la que mejor muestra su manera de construir un personaje.
Se lee con igual facilidad: son obras cortas y de diálogo continuo. Lo que cambia es el ánimo con que se sale, que es bastante más incómodo.
Las seguidoras de Dioniso en trance ritual. La obra trata de lo que ocurre en una ciudad cuando su rey se niega a reconocer a ese dios: el resultado no es una lección moral, es un desastre.
Por sus protagonistas —mujeres, esclavos, extranjeros—, por su psicología y porque sus finales no restauran ningún orden. Todo eso resulta más reconocible hoy que la justicia divina de Esquilo.