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Parte 2Rimas XII-XXIX: el amor

Rimas y leyendas · Gustavo Adolfo Bécquer · 13 min de lectura

RimaXII

Porque son, niña, tus ojos

Verdes como el mar, te quejas:

Verdes los tienen las náyades,

Verdes los tuvo Minerva,

Y verdes son las pupilas

De las hurís del profeta.

El verde es gala y ornato

Del bosque en la primavera.

Entre sus siete colores

Brillante el Iris lo ostenta.

Las esmeraldas son verdes,

Verde el color del que espera,

Y las ondas del Oceano,

Y el laurel de los poetas.

Es tu mejilla temprana

Rosa de escarcha cubierta,

En que el carmín de los pétalos

Se ve al través de las perlas.

Y sin embargo,

Sé que te quejas,

Porque tus ojos

Crees que la afean:

Pues no lo creas;

Que parecen tus pupilas,

Húmedas, verdes e inquietas,

Tempranas hojas de almendro,

Que al soplo del aire tiemblan.

Es tu boca de rubíes

Purpúrea granada abierta,

Que en el estío convida

A apagar la sed en ella.

Y sin embargo,

Sé que te quejas,

Porque tus ojos

Crees que la afean:

Pues no lo creas;

Que parecen, si enojada

Tus pupilas centellean,

Las olas del mar que rompen

En las cantábricas peñas.

Es tu frente que corona

Crespo el oro en ancha trenza,

Nevada cumbre en que el día

Su postrera luz refleja.

Y sin embargo,

Sé que te quejas,

Porque tus ojos

Crees que la afean:

Pues no lo creas;

Que, entre las rubias pestañas,

Junto a las sienes, semejan

Broches de esmeralda y oro,

Que un blanco armiño sujetan.

RimaXIII

Tu pupila es azul, y cuando ríes,

Su claridad suave me recuerda

El trémulo fulgor de la mañana

Que en el mar se refleja.

Tu pupila es azul, y cuando lloras,

Las trasparentes lágrimas en ella

Se me figuran gotas de rocío

Sobre una violeta.

Tu pupila es azul, y si en su fondo

Como un punto de luz radia una idea,

Me parece en el cielo de la tarde

¡Una perdida estrella!

RimaXIV

Te ví un punto, y, flotando ante mis ojos

La imagen de tus ojos se quedó,

Como la mancha oscura, orlada en fuego,

Que flota y ciega, si se mira al sol.

Adonde quiera que la vista fijo,

Torno a ver sus pupilas llamear;

Mas no te encuentro a tí; que es tu mirada:

Unos ojos, los tuyos, nada más.

De mi alcoba en el ángulo los miro

Desasidos fantásticos lucir:

Cuando duermo, los siento que se ciernen

De par en par abiertos sobre mí.

Y sé que hay fuegos fátuos que en la noc

Llevan al caminante a perecer:

Yo me siento arrastrado por tus ojos,

Pero adonde me arrastran, no lo sé.

RimaXV

Cendal flotante de leve bruma,

Rizada cinta de blanca espuma,

Rumor sonoro

De arpa de oro,

Beso del áura, onda de luz,

Eso eres tú.

Tú, sombra aérea que, cuantas veces

Voy a tocarte, te desvaneces

Como la llama, como el sonido,

Como la niebla, como el gemido

Del lago azul.

En mar sin playas onda sonante,

En el vacío cometa errante,

Largo lamento

Del ronco viento,

Ansia perpetua de algo mejor,

Eso soy yo.

¡Yo, que a tus ojos en mi agonía

Los ojos vuelvo de noche y día;

Yo, que incansable corro y demente

Tras una sombra, tras la hija ardiente

De una visión!

RimaXVI

Si al mecer las azules campanillas

De tu balcón,

Crees que suspirando pasa el viento

Murmurador,

Sabe que, oculto entre las verdes hojas,

Suspiro yo.

Si al resonar confuso a tus espaldas

Vago rumor,

Crees que por tu nombre te ha llamado

Lejana voz,

Sabe que, entre las sombras que te cercan,

Te llamo yo.

Si se turba medroso en la alta noche

Tu corazón,

Al sentir en tus labios un aliento

Abrasador,

Sabe que, aunque invisible, al lado tuyo

Respiro yo.

RimaXVII

Hoy la tierra y los cielos me sonrien,

Hoy llega al fondo de mi alma el sol;

Hoy la he visto... la he visto y me ha mirado...

¡Hoy creo en Dios!

RimaXVIII

Fatigada del baile,

Encendido el color, breve el aliento,

Apoyada en mi brazo,

Del salón se detuvo en un extremo.

Entre la leve gasa

Que levantaba el palpitante seno,

Una flor se mecía

En compasado y dulce movimiento.

Como en cuna de nácar

Que empuja el mar y que acaricia el céfiro,

Tal vez allí dormía

Al soplo de sus labios entreabiertos.

—¡Oh! ¿Quién así, pensaba,

Dejar pudiera deslizarse el tiempo?

¡Oh, si las flores duermen,

Qué dulcísimo sueño!

RimaXIX

Cuando sobre el pecho inclinas

La melancólica frente,

Una azucena tronchada

Me pareces.

Porque al darte la pureza

De que es símbolo celeste,

Como a ella, te hizo Dios

De oro y nieve.

RimaXX

Sabe, si alguna vez tus labios rojos

Quema invisible atmósfera abrasada,

Que el alma que hablar puede con los ojos,

También puede besar con la mirada.

RimaXXI

¿Qué es poesía? dices mientras clavas

En mi pupila tu pupila azul;

¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo proguntas?

Poesía... eres tú.

RimaXXII

¿Cómo vive esa rosa que has prendido

Junto a tu corazón?

Nunca hasta ahora contemplé en la tierra

Sobre el volcán la flor.

RimaXXIII

Por una mirada, un mundo;

Por una sonrisa, un cielo;

Por un beso... ¡yo no sé

Qué te diera por un beso!

RimaXXIV

Dos rojas lenguas de fuego

Que, a un mismo tronco enlazadas,

Se aproximan, y al besarse

Forman una sola llama;

Dos notas que del laud

A un tiempo la mano arranca,

Y en el espacio se encuentran

Y armoniosas se abrazan;

Dos olas que vienen juntas

A morir sobre una playa,

Y que al romper se coronan

Con un penacho de plata;

Dos jirones de vapor

Que del lago se levantan,

Y al juntarse allí en el cielo

Forman una nube blanca;

Dos ideas que al par brotan,

Dos besos que a un tiempo estallan,

Dos ecos que se confunden...

Eso son nuestras dos almas.

RimaXXV

Cuando en la noche te envuelven

Las alas de tul del sueño,

Y tus tendidas pestañas

Semejan arcos de ébano,

Por escuchar los latidos

De tu corazón inquieto,

Y reclinar tu dormida

Cabeza sobre mi pecho,

Diera, alma mía,

Cuanto poseo:

La luz, el aire

Y el pensamiento!

Cuando se clavan tus ojos

En un invisible objeto,

Y tus labios ilumina

De una sonrisa el reflejo;

Por leer sobre tu frente

El callado pensamiento

Que pasa como la nube

Del mar sobre el ancho espejo,

Diera, alma mía,

Cuanto deseo:

La fama, el oro,

La gloria, el genio!

Cuando enmudece tu lengua,

Y se apresura tu aliento,

Y tus mejillas se encienden,

Y entornas tus ojos negros;

Por ver entre sus pestañas

Brillar con húmedo fuego

La ardiente chispa que brota

Del volcán de los deseos,

Diera, alma mía,

Por cuanto espero,

La fe, el espíritu,

La tierra, el cielo!

RimaXXVI

Voy contra mi interés al confesarlo;

Pero yo, amada mía,

Pienso, cual tú, que una oda sólo es buena

De un billete del Banco al dorso escrita.

No faltará algún necio que al oirlo

Se haga cruces y diga:

«Mujer al fin del siglo diez y nueve,

Material y prosáica...» ¡Bobería!

¡Voces que hacen correr cuatro poetas

Que en invierno se embozan con la lira!

¡Ladridos de los perros a la luna!

Tú sabes y yo sé que en esta vida,

Con genio, es muy contado quien la escribe

Y con oro, cualquiera hace poesía.

RimaXXVII

Despierta, tiemblo al mirarte;

Dormida me atrevo a verte;

Por eso, alma de mi alma,

Yo velo mientras tú duermes.

Despierta, ríes; y al reir, tus labios

Inquietos me parecen

Relámpagos de grana que serpean

Sobre un cielo de nieve.

Despierta, los extremos de tu boca

Pliega sonrisa leve,

Suave como el rastro luminoso

Que deja un sol que muere...

—¡Duerme!

Despierta, miras, y al mirar, tus ojos

Húmedos resplandecen

Como la onda azul, en cuya cresta

Chispeando el sol hiere.

Al través de tus párpados, dormida,

Tranquilo fulgor viertes,

Cual derrama de luz templado rayo

Lámpara transparente...

—¡Duerme!

Despierta, hablas, y al hablar, vibrantes

Tus palabras parecen

Lluvia de perlas que en dorada copa

Se derrama a torrentes.

Dormida, en el murmullo de tu aliento

Acompasado y tenue,

Escucho yo un poema , que mi alma

Enamorada entiende...

—¡Duerme!

Sobre el corazón la mano

Me he puesto, porque no suene

Su latido, y de la noche

Turbe la calma solemne.

De tu balcón las persianas

Cerré ya, porque no entre

El resplandor enojoso

De la aurora, y te despierte...

—¡Duerme!

RimaXXVIII

Cuando entre la sombra oscura

Perdida una voz murmura

Turbando su triste calma,

Si en el fondo de mi alma

La oigo dulce resonar;

Díme: ¿es que el viento en sus giros

Se queja, o que tus suspiros

Me hablan de amor al pasar?

Cuando el sol en mi ventana

Rojo brilla a la mañana,

Y mi amor tu sombra evoca,

Si en mi boca de otra boca

Sentir creo la impresión;

Díme: ¿es que ciego deliro,

O que un beso en un suspiro

Me envía tu corazón?

Si en el luminoso día

Y en la alta noche sombría;

Si en todo cuanto rodea

Al alma que te desea

Te creo sentir y ver;

Díme: ¿es que toco y respiro

Soñando, o que en un suspiro

Me das tu aliento a beber?

RimaXXIX

Sobre la falda tenía

El libro abierto;

En mi mejilla tocaban

Sus rizos negros;

No veíamos las letras

Ninguno, creo;

Mas guardábamos ambos

Hondo silencio.

¿Cuanto duró? Ni aun entonces

Pude saberlo;

Sólo sé que no se oía

Más que el aliento,

Que apresurado escapaba

Del labio seco.

Sólo sé que nos volvimos

Los dos a un tiempo,

Y nuestros ojos se hallaron,

Y sonó un beso.

. . . . . . . . . . . .

. . . . . . . . . . . .

Creación de Dante era el libro,

Era su Infierno.

Cuando a él bajamos los ojos,

Yo dije trémulo:

¿Comprendes ya que un poema

Cabe en un verso?

Y ella respondió encendida:

—¡Ya lo comprendo!

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