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La dama de picas, de Aleksandr Pushkin
Guía de lectura

La dama de picas: claves para leerla y comentarla

Aleksandr Pushkin · 45 min de lectura · texto completo y gratis

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Un hombre que presume de no arriesgar nunca lo arriesga todo por una superstición, y Pushkin lo cuenta en cuarenta páginas sin una sola palabra de más.

De qué trata

En el San Petersburgo de 1830, Hermann oye que la vieja condesa Ánna Fedótovna conoce tres cartas que ganan siempre. Se propone conseguir el secreto: engaña a Lizaveta Ivánovna, la pariente pobre que vive con ella, para que le franquee la casa de noche, y amenaza a la condesa con una pistola sin balas. La anciana muere sin hablar. Después vuelve —en sueños o no— y le dicta las tres cartas.

Estructura

I — La historia de las tres cartasPartida de naipes en casa de Narúmov. Tomski cuenta cómo su abuela se libró de una deuda en París gracias al conde de Saint-Germain. Hermann escucha y no dice nada.
II y III — El asedioLa casa de la condesa vista desde dentro: la vieja despótica y la muchacha que la aguanta. Hermann le escribe cartas de amor copiadas de una novela alemana y consigue que lo dejen entrar.
IV — La nocheHermann en el dormitorio. La súplica, la amenaza, la muerte de la condesa. Y después, arriba, la conversación con Lizaveta, que descubre a quién ha dejado entrar.
V y VI — Las tres cartasEl entierro, la aparición nocturna y las tres partidas en el club de Chekalinski. Tres, siete… y la dama de picas.
ConclusiónTres párrafos que reparten los destinos. El de Hermann ocupa cuatro líneas.

Temas para el comentario

El cálculo derrotado

Hermann se define por no arriesgar y por no creer en nada que no sean los números. Pushkin lo arruina con lo único que su método no contempla: una casualidad.

El extranjero en Rusia

Que sea alemán no es un detalle. Toda la sociedad del relato juega, gasta y se arruina con alegría; solo él ahorra, y es el único que acaba en el manicomio.

Los epígrafes

Cada capítulo empieza con una cita —un libro de adivinación, una conversación de salón, una carta, Swedenborg— que resume irónicamente lo que va a pasar. Leídos seguidos son otro relato.

Lizaveta y el precio

La víctima real no es la condesa, que muere anciana en su cama, sino la muchacha a la que Hermann utiliza. Pushkin le concede el último párrafo y una vida normal, que en este libro es una forma de piedad.

Fantástico o no

La aparición sucede después de un entierro, de mucho vino blanco y de un desmayo. Pushkin da todos los datos para explicarla y ninguno para descartarla.

Personajes

Lengua y estilo

Es el relato con el que la prosa rusa se hace adulta. Pushkin venía del verso y trajo de allí la economía: no hay una descripción que no sirva para algo, ni un adjetivo de relleno, ni una explicación de sentimientos. Los personajes se definen por lo que hacen en dos líneas.

El punto de vista se mueve sin avisar —de la partida a la casa de la condesa, de Hermann a Lizaveta— y esos saltos hacen el trabajo que otros autores hacen con páginas de transición. La escena de la muerte de la condesa y la de la última carta duran, cada una, menos de una página.

Contexto

Pushkin lo escribió en 1833 y lo publicó en 1834, cuando el faraón —el juego de cartas del relato— era la ruina favorita de la nobleza rusa. Él mismo jugaba y perdía.

La sociedad que retrata es la de la corte de Nicolás I, donde un oficial sin fortuna podía pasarse la vida mirando a los que sí la tenían. Tres años después, Pushkin moría en un duelo a los treinta y siete.

Lo esencial, en cinco puntos

Preguntas frecuentes

¿Es difícil?

No. Es corto, va rápido y está contado con una claridad total. De los grandes rusos, es el más fácil de empezar.

¿Hace falta saber jugar al faraón?

No. Basta con entender que se apuesta a una carta y que se gana o se pierde de golpe. El relato lo explica solo.

¿Por qué la dama de picas?

El epígrafe del relato lo dice desde la primera línea: «La dama de picas significa secreta malevolencia». Es una carta de mal agüero en la cartomancia de la época.

¿Y el conde de Saint-Germain?

Existió: un aventurero del siglo XVIII al que se atribuían la piedra filosofal y la inmortalidad. Pushkin lo mete en la historia sin explicarlo, como quien nombra a un conocido.

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