El jardín de los cerezos: claves para leerla y comentarla
Antón Chéjov · 1 h 21 min de lectura · texto completo y gratis
Leer la obra gratis →Una familia va a perder su casa, tiene la solución delante desde la primera página y se pasa cuatro actos hablando de otra cosa.
De qué trata
Liubov Andréyevna vuelve de París a la finca familiar, que se subasta en agosto por deudas. Lopajin propone talar el jardín de cerezos y alquilar parcelas. La familia no decide nada, celebra un baile el día de la subasta y pierde la casa: la compra Lopajin. En el último acto todos se van y empieza a oírse el hacha.
Estructura
| Acto primero — La llegada | Amanece en el cuarto de los niños. Vuelve Liubov después de cinco años. Lopajin expone su plan y nadie lo escucha. Todo el mundo llora de alegría y de sueño. |
| Acto segundo — El campo | Atardecer junto a una capilla abandonada. Se habla del dinero que no hay, pasa un transeúnte borracho pidiendo limosna y se oye por primera vez el sonido de la cuerda que se rompe. |
| Acto tercero — El baile | La orquesta judía, el baile absurdo, la espera. Lopajin llega del pueblo: ha comprado la finca. Su monólogo —el hijo del siervo dueño de la casa— es la cima de la obra. |
| Acto cuarto — La marcha | Los baúles, las despedidas, la petición de mano que no llega. La casa se cierra con Firs dentro y se oye el hacha en el jardín. |
Temas para el comentario
La decisión que no se toma
La solución está sobre la mesa desde el acto primero. No la rechazan: la ignoran, hablan de otra cosa y se les pasa el verano. Ese es el mecanismo de la obra y también su comedia.
El siervo que compra la casa
Lopajin no es el villano que se lleva el jardín: es el chico al que su padre pegaba en ese patio. Chéjov le da el monólogo más largo y el más doloroso.
Nadie escucha a nadie
Cada personaje habla de lo suyo y contesta a otra cosa. Dunia habla de sus nervios, Gáyev del billar, Trofímov de la humanidad. Beckett y Pinter salen de ahí.
Comedia o tragedia
Casi todas las escenas serían graciosas si el espectador no supiera cómo acaban. Chéjov quería que se viera la comedia; el Teatro de Arte vio el drama, y el texto aguanta las dos.
Firs
El criado que llama desgracia a la abolición de la servidumbre y al que dejan encerrado por descuido. Cierra la obra hablando solo, y con él se cierra un país entero.
Personajes
- Liubov Andréyevna Ranévskayala dueñaVuelve de París, donde ha malgastado su fortuna con un hombre que la trata mal y al que acabará volviendo. Generosa hasta lo absurdo —da monedas de oro a un mendigo el día que no hay para comer— e incapaz de tomar una sola decisión.
- Yermolái Lopajinel comercianteHijo y nieto de siervos de esa finca; su padre tenía una tienducha en el pueblo. Se ha hecho rico y lleva chaleco blanco y zapatos amarillos. Trae la solución desde el primer acto, nadie le escucha, y acaba comprando la casa donde su padre no podía entrar.
- Leonid Gáyevel hermanoCincuenta y un años, habla como un jugador de billar, se emociona con los muebles y se calla cuando le dicen que se calle. Su idea de plan es esperar una herencia o casar bien a una sobrina.
- Ániala hijaDiecisiete años. Es la única que sale de la obra mirando hacia adelante, y quien la convence es Trofímov.
- Variala hija adoptivaVeinticuatro años, lleva las llaves y la casa, trabaja todo el día y espera una petición de mano de Lopajin que no llega nunca.
- Piotr Trofímovel estudiante«El eterno estudiante». Fue preceptor del hijo de Liubov, que murió ahogado. Habla del trabajo, del futuro y de la humanidad con una elocuencia que emociona a Ánia y que a Lopajin le parece palabrería.
- Firsel criadoOchenta y siete años. Sirvió cuando había siervos y considera la emancipación una desgracia. Repite «claro está» y va detrás de su señorito Gáyev con el abrigo. Se queda solo en la casa cerrada.
- Yasha y Duniashalos criados jóvenesÉl vuelve de París insolente y avergonzado de su madre; ella se cree una señorita y se desmaya por costumbre. Los dos son la comedia y también el retrato de lo que viene.
Lengua y estilo
El diálogo no avanza la trama: la rodea. La gente pide café, recuerda, se queja del calor y de pronto suelta una frase que lo cambia todo, sin subrayarla. Las acotaciones —«pausa»— hacen tanto trabajo como las réplicas.
Los latiguillos definen a cada uno: el «claro está» de Firs, las jugadas de billar de Gáyev, las «veintidós desgracias» de Epijódov. Repetidos, dejan de ser graciosos y se vuelven un retrato.
Contexto
Chéjov la escribió en Yalta, enfermo de tuberculosis, entre 1902 y 1903, y se estrenó en el Teatro de Arte de Moscú el 17 de enero de 1904. Murió en julio.
La Rusia que retrata es la de la nobleza rural arruinada tras la abolición de la servidumbre de 1861: las fincas se venden y las compran quienes ayer trabajaban en ellas. Trece años después, la revolución se lleva por delante a los dos bandos.
Lo esencial, en cinco puntos
- Hora y veinte. Los cuatro actos se leen del tirón.
- Cuenta cuántas veces alguien propone algo concreto para salvar la finca. Son muy pocas.
- Sigue la manera de hablar de Lopajin del acto primero al tercero: cambia con el dinero.
- El sonido de la cuerda que se rompe está en el acto segundo y al final. Fíjate en qué ocurre justo después.
- Lee las acotaciones. En Chéjov una «pausa» dice tanto como una réplica.
Preguntas frecuentes
¿Se entiende leída, sin verla?
Sí. Las escenas son cortas, los personajes se distinguen enseguida y las acotaciones sitúan todo. Leerla en voz alta con alguien funciona muy bien.
¿Es difícil?
No, pero pide atención: lo importante se dice de pasada y nunca se subraya.
¿Cuántos personajes hay?
Doce con nombre, más un transeúnte y el jefe de estación. Se reconocen a la primera por su manera de hablar.
¿Sirve para clase de literatura?
Es un texto de referencia para explicar el teatro moderno: la acción interior, el subtexto y el diálogo que no responde. Y da para debate: comedia o tragedia.
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