
Novela rusa
1860 – 1904 · Taganrog, Moscú y Yalta
Era médico y trató enfermos gratis toda su vida. «La medicina es mi mujer legítima —decía— y la literatura, mi amante.»
1 obra suya en Clasicalia, completa y gratis.
Nació en Taganrog, un puerto del mar de Azov. Su abuelo había sido siervo y compró la libertad de la familia; su padre tenía una tienda de ultramarinos, quebró y huyó de los acreedores. Antón se quedó solo en la ciudad a los dieciséis años, terminó el instituto dando clases particulares y se reunió con los suyos en Moscú para estudiar medicina.
Pagó la carrera y mantuvo a la familia escribiendo cuentos cómicos a tanto la línea, firmados con seudónimo. Cuando quiso escribir en serio ya tenía un oficio: la brevedad. En 1890 cruzó Siberia en carro para hacer un censo del penal de Sajalín, y volvió con un informe que avergonzó al gobierno.
La tuberculosis lo llevó a Yalta. Allí escribió sus dos últimas obras de teatro, se casó con la actriz Olga Knipper y vio triunfar «El jardín de los cerezos» en enero de 1904, el día que cumplía cuarenta y cuatro años. Murió en julio, en un balneario alemán. Su cuerpo volvió a Moscú en un vagón frigorífico con el rótulo «Ostras».
Chéjov escribe en la Rusia de los últimos veinte años del zarismo, cuando la nobleza rural se arruina y compra sus tierras la gente que ayer trabajaba en ellas. «El jardín de los cerezos» cuenta exactamente esa transferencia. Trece años después, la revolución se lleva por delante a los dos bandos.
Todas se leen enteras aquí, gratis y sin registro.
Sus personajes toman el té, discuten de tonterías y se les cae la vida encima entre frase y frase. Esa manera de contar es lo que hoy llamamos teatro y cuento modernos.
No dice quién tiene razón. Le reprochaban que no diera respuestas; contestó que el escritor plantea bien las preguntas y el jurado es el lector.
Cada uno habla de lo suyo y nadie escucha a nadie. Beckett y Pinter vienen de ahí.
Él escribió «comedia en cuatro actos» en la primera página de «El jardín de los cerezos» y se enfadó cuando Stanislavski la montó como un drama. La discusión sigue abierta y las dos lecturas funcionan.
Empieza por «El jardín de los cerezos», que es lo que tienes aquí y también su testamento: una familia vuelve a la finca que va a perder y se pasa cuatro actos hablando de otra cosa. Se lee en hora y media.
Léela como comedia la primera vez, tal como él la subtituló. Verás que casi todas las escenas serían graciosas si no supieras cómo acaban.
Después, «Tío Vania» o «Las tres hermanas». Y los cuentos, que son la otra mitad de Chéjov y quizá la mejor.
Aquí está «El jardín de los cerezos», su última obra. Faltan las otras tres grandes —«La gaviota», «Tío Vania», «Las tres hermanas»— y los cuentos, que son medio millar: «La dama del perrito», «La sala número seis», «El obispo», «Un caso clínico».
También: frases de Antón Chéjov, comprobadas una a una contra el texto publicado.
Cinco ejes para preparar un trabajo o una sesión sobre el autor. Todo se puede comprobar sobre los textos, que están aquí completos.
Chéjov la subtituló «comedia en cuatro actos» y se peleó con Stanislavski, que la montó como drama. Las dos lecturas se sostienen: depende de si te ríes de esa gente o te da pena.
No. Está escrita en escenas cortas y se sigue sola. Las acotaciones van entre paréntesis y cuentan casi tanto como los diálogos.
Porque el cerezo da flor espectacular y fruta que en esa finca ya nadie sabe aprovechar. La belleza inútil que hay que talar para pagar las deudas es, literalmente, el argumento.
Ejerció toda su vida, muchas veces sin cobrar, y en las epidemias de cólera se puso al frente de un distrito rural. Decía que la medicina le había enseñado a observar.
Por «Tío Vania», que es la más íntima de las cuatro, o por sus cuentos: «La dama del perrito» se lee en veinte minutos.