14 frases sacadas una a una de nuestras traducciones. No son citas de internet: cada una está comprobada contra el texto que puedes leer aquí mismo.
El Príncipe se escribió en 1513, en la finca donde Nicolás Maquiavelo (1469-1527) pasaba su destierro tras la caída de la República de Florencia, a la que había servido durante catorce años como secretario y diplomático. Lo dedicó a Lorenzo de Médici con la esperanza —nunca cumplida— de recuperar un cargo público.
No he adornado ni rellenado esta obra con cláusulas ampulosas o palabras pomposas y magníficas, ni con ninguno de esos atractivos o adornos superficiales con los que muchos acostumbran describir y engalanar sus cosas, porque he querido que nada la honre o que solo la variedad de la materia y la gravedad del asunto la hagan grata.
Así como quienes dibujan los paisajes se sitúan abajo en el llano para considerar la naturaleza de los montes y los lugares elevados, y para considerar la de los bajos se sitúan arriba en los montes, de igual manera, para conocer bien la naturaleza de los pueblos es necesario ser príncipe, y para conocer bien la de los príncipes es necesario ser del pueblo.
Los hombres cambian de buen grado de señor creyendo mejorar, y esta creencia los lleva a tomar las armas contra él; pero se engañan, porque luego la experiencia les muestra que han empeorado.
A los hombres hay que conquistarlos o eliminarlos, porque se vengan de las ofensas ligeras, de las graves no pueden.
Quien es causa de que otro se haga poderoso, arruina a sí mismo; porque aquel poder es causado por él o con habilidad o con fuerza, y ambas cosas son sospechosas para quien se ha vuelto poderoso.
Conociendo de lejos los males que nacen en él, se curan rápidamente; pero cuando, por no haberlos conocido, se les deja crecer de modo que todos los conocen, ya no hay remedio.
La guerra no se evita, sino que se aplaza en ventaja de otros.
No hay cosa más difícil de emprender, ni de éxito más dudoso, ni más peligrosa de manejar, que hacerse promotor de nuevas leyes.
La naturaleza de los pueblos es variable; y es fácil persuadirlos de algo, pero es difícil mantenerlos firmes en esa persuasión.
Una ciudad acostumbrada a vivir libre se mantiene más fácilmente mediante sus propios ciudadanos que de cualquier otro modo, si se quiere conservarla.
No se puede llamar virtud matar a los propios ciudadanos, traicionar a los amigos, no tener fe, piedad ni religión; estos modos pueden hacer ganar poder, pero no gloria.
La multitud es más sabia y más constante que un príncipe
Cuán necesarias son en una república las acusaciones para mantenerla en libertad
Y así nació la creación de los Tribunos de la plebe, después de cuya creación vino a ser más estable el estado de aquella república
De nuestra propia traducción al español, hecha desde el original. Cada frase se ha comprobado palabra por palabra contra el texto publicado en Clasicalia; las que no aparecían literalmente se descartaron.
Sí. Sus 2 obras están en Clasicalia al completo, online y sin registro.