
Renacimiento italiano
1469 – 1527 · Florencia
Funcionario de la república florentina durante catorce años. Escribió sus dos libros después de perderlo todo, desterrado en una finca.
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Fue secretario de la Segunda Cancillería de Florencia durante catorce años: negoció con el rey de Francia, con el emperador y con César Borgia, y organizó una milicia ciudadana porque desconfiaba de los mercenarios. Ese trabajo —ver de cerca cómo se toman las decisiones— es la materia prima de todo lo que escribió.
En 1512 volvieron los Médici, la república cayó y él perdió el cargo. Lo acusaron de conspirar, lo torturaron y lo desterraron a su finca de San Casciano. Allí, según cuenta en una carta célebre, se ponía por la tarde ropa de corte para «entrar en las antiguas cortes de los hombres antiguos» y leer. De esas tardes salieron «El Príncipe» y los «Discursos».
Su hallazgo, y el escándalo, es separar la política de la moral: no describe cómo deberían comportarse los gobernantes, sino cómo se comportan y qué funciona. No inventó la crueldad política; la puso por escrito.
Italia era un tablero de ciudades-estado invadido por Francia y España, con el papado como una potencia militar más. Maquiavelo escribe desde la impotencia de un pequeño Estado que no puede defenderse solo, y de ahí su obsesión con las armas propias y con la unidad.
Los dos libros son de los mismos años y dicen cosas distintas: uno explica cómo se conserva un principado y el otro por qué una república es preferible.
El PríncipeClásico de estrategia política · 1513
Discursos sobre la primera década de Tito LivioPolítica · 1517No es virtud moral: es capacidad, energía, saber leer el momento. Lo que permite a un hombre imponerse a las circunstancias.
Lo que no controlas. Dice que gobierna la mitad de nuestros actos y deja la otra mitad a la virtù. La imagen es la de un río que se desborda: no puedes evitarlo, pero puedes hacer diques.
No dice que la crueldad sea buena: dice que en política se juzga por el resultado. Describir eso sin envolverlo en moral fue el escándalo.
En los «Discursos» sostiene que las peleas entre patricios y plebeyos hicieron grande a Roma. Es lo contrario de lo que se suele atribuir a «lo maquiavélico».
Su obsesión práctica: un Estado que depende de mercenarios está perdido. Lo vivió en Florencia y lo repite en los dos libros.
Empieza por «El Príncipe». Son veintiséis capítulos cortos, se lee en una tarde y contiene todo lo que se le atribuye, incluido lo que no dijo nunca.
Y sigue con los «Discursos sobre la primera década de Tito Livio», que es el libro que casi nadie lee y el que lo corrige: ahí defiende la república, el conflicto entre clases como motor sano y la libertad. Leer solo «El Príncipe» y quedarse con la idea de que Maquiavelo era maquiavélico es el error más común de la historia del pensamiento político.
Aquí están sus dos obras políticas. Faltan el «Arte de la guerra», las «Historias florentinas» y su comedia «La mandrágora», que es excelente y casi nadie asocia con él.
Para seguir: Aristóteles y Platón, la tradición que rompe, y Clausewitz, que hace con la guerra lo que él hizo con el poder.
Dónde aparece su obra frente a la de otro autor, con lo que aporta cada una y cuál conviene leer antes.
También: frases de Maquiavelo, comprobadas una a una contra el texto publicado.
Cinco ejes para preparar un trabajo o una sesión sobre el autor. Todo se puede comprobar sobre los textos, que están aquí completos.
No con esas palabras: la frase es un resumen posterior. Lo que escribe es que en política se juzga por el resultado, y ese matiz importa: describe cómo se juzga, no aprueba cualquier cosa.
«El Príncipe», por brevedad y porque es el que todo el mundo cita. Pero los «Discursos» son imprescindibles para no quedarse con una caricatura del autor.
El adjetivo lo inventaron sus enemigos. Fue funcionario de una república, la defendió por escrito y perdió el puesto y la libertad cuando cayó. «El Príncipe» es un memorial para recuperar un empleo, escrito por un desterrado.
«El Príncipe» no: capítulos cortos, ejemplos concretos y prosa directa. Los «Discursos» son más largos y suponen conocida la historia romana, aunque el propio texto resume lo necesario.
Porque fue el primero en describir el poder sin envolverlo en moral, y esa mirada sigue siendo útil para entender cualquier organización, no solo un Estado.