Frankenstein, Jekyll y Dorian Gray: tres formas de fabricarse un monstruo
Tres hombres respetables fabrican, cada uno, el monstruo que les faltaba. Ninguno de los tres viene de fuera.
El siglo XIX inventó una figura que no existía: el monstruo doméstico. No un dragón ni un demonio, sino algo que sale de dentro de un señor con estudios. Mary Shelley lo hizo primero, con veinte años, en un laboratorio de Ingolstadt; Stevenson lo destiló en un frasco en Londres; Wilde lo colgó en un desván de Mayfair.
Los tres libros se leen como historias de terror y funcionan como diagnósticos: de lo que pasa cuando alguien crea algo y no responde por ello, de lo que pasa cuando se reprime la mitad de uno mismo, y de lo que pasa cuando se consigue no pagar por nada. Es la trilogía involuntaria del yo partido.
FrankensteinMary Shelley6 h 01 min de lecturaVer la obra →2
El doctor Jekyll y el señor HydeRobert Louis Stevenson2 h 05 min de lecturaVer la obra →3
El retrato de Dorian GrayOscar Wilde6 h 21 min de lecturaVer la obra →El orden que recomendamos
- 1. FrankensteinPrimero: el creador que huye. La criatura habla, lee a Milton y acusa — el monstruo con mejores argumentos de la literatura.6 h 01 min
- 2. El doctor Jekyll y el señor HydeDespués: la fórmula. Aquí el monstruo y el hombre son la misma persona, y el libro está construido como una investigación.2 h 05 min
- 3. El retrato de Dorian GrayAl final: el retrato. Ni criatura ni poción: solo un deseo cumplido y una factura que se aplaza veinte años.6 h 21 min
Tres mecanismos distintos
Frankenstein separa creador y criatura: el horror está en el abandono, y la criatura tiene razón. Jekyll los funde en un cuerpo: el horror está en descubrir que la fiera no era un intruso. Dorian los separa otra vez, pero al revés: el hombre se queda con la cara y el cuadro con las consecuencias.
Puestos en fila, dibujan una degradación moral interesante: de la culpa por lo que hiciste (Victor), a la culpa por lo que eres (Jekyll), a la ausencia total de culpa mientras alguien la guarde por ti (Dorian).
Todos empiezan con un experimento
Y ninguno con magia. Victor aplica ciencia; Jekyll, química; Dorian formula un deseo en voz alta ante un cuadro — el único de los tres que no sabe cómo funciona lo que le ocurre. En los tres casos el experimento sale bien: lo que sale mal es el después.
Qué añade cada uno
Shelley aporta la voz de la criatura, que es lo que eleva su libro por encima del susto. Stevenson aporta la estructura: se lee como un misterio, y las dos confesiones finales cambian todo lo anterior. Wilde aporta el estilo: media novela son epigramas de lord Henry, y ese veneno conversacional es tan responsable de la caída de Dorian como el propio pacto.
Una frase de cada una
Fue en una lúgubre noche de noviembre cuando contemplé la culminación de mis esfuerzos.
El hombre no es verdaderamente uno, sino verdaderamente dos.
Todo arte es absolutamente inútil.
¿Dudas de cuál abrir primero? Tenemos la comparativa: cuál leer antes →
Preguntas frecuentes
¿En qué orden leerlos?
El cronológico es también el mejor: Frankenstein (1818), Jekyll (1886) y Dorian Gray (1891). Se ve la evolución del mecanismo — de la criatura externa al retrato que guarda la cuenta — y de paso el paso del romanticismo al fin de siglo.
¿Cuál es el más corto?
Jekyll, con diferencia: unas dos horas y media. Frankenstein ronda las seis y Dorian Gray las seis también. Si solo se va a leer uno, Jekyll es la entrada perfecta.
¿Son novelas de terror?
De terror psicológico, no de sustos. En las tres el miedo viene de reconocerse: nadie teme a la criatura de Shelley tanto como teme darle la razón. Se leen bien de noche y no dan pesadillas — dan otra cosa.
¿Qué tienen que ver con Prometeo?
Frankenstein lleva por subtítulo «el moderno Prometeo», y no es un adorno: los tres libros son variaciones sobre el mismo mito, el de quien roba un poder que no le corresponde y paga por ello. En Clasicalia está también el «Prometeo encadenado» de Esquilo, que es el original.
¿Cuánto se tarda en leer los tres?
Unas quince horas en total. Es una lectura de varias semanas, o de un verano: los tres son novelas completas, no relatos.
