
Novela inglesa
1775 – 1817 · Hampshire y Bath
Publicó seis novelas sin firmar ninguna, murió a los cuarenta y uno sin que casi nadie supiera quién las había escrito, y dos siglos después sigue siendo la novelista más leída en inglés.
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Séptima de ocho hermanos, hija de un clérigo rural de Hampshire con una biblioteca considerable y ninguna manía sobre lo que podían leer sus hijas. Escribía desde niña: se conservan cuadernos de parodias feroces que empezó con doce años.
Entre 1796 y 1799, con poco más de veinte, escribió los primeros borradores de tres novelas, entre ellas «Primeras impresiones», que sería «Orgullo y prejuicio». Su padre se la ofreció a un editor de Londres y la rechazaron sin leerla. Los manuscritos se quedaron en un cajón quince años.
En 1801 la familia se mudó a Bath, que ella detestaba; en 1805 murió el padre y las tres mujeres —madre, Cassandra y ella— quedaron dependiendo de los hermanos. Fueron años sin casa propia y casi sin escribir. En 1809 su hermano Edward les cedió una casita en Chawton, y allí, en los ocho años que le quedaban, publicó todo lo que publicó.
No se casó. En 1802 aceptó una proposición de un hombre rico y a la mañana siguiente la retiró. Escribía en el salón común, sobre hojas pequeñas que podía tapar cuando entraba alguien, y pedía que no arreglaran la puerta que chirriaba porque le avisaba.
Murió en Winchester en julio de 1817, a los cuarenta y uno, de una enfermedad que todavía se discute. Está enterrada en la catedral, bajo una lápida que elogia sus virtudes personales y no menciona que fuera escritora.
Escribe durante las guerras napoleónicas, con dos hermanos en la Marina y un regimiento acuartelado a pocas millas, y la guerra no aparece en sus libros. No es despiste: es una decisión. Ella misma describió su materia como «tres o cuatro familias en un pueblo» y su método como trabajar sobre «un trocito de marfil de dos pulgadas de ancho, con un pincel tan fino que produce poco efecto después de mucho trabajo».
El mundo que retrata tiene una ley económica sencilla y brutal: la propiedad va al varón, las hijas heredan poco o nada, y una mujer soltera y sin dote dependía de sus parientes toda la vida. Por eso en sus novelas casarse no es un final romántico: es la decisión económica de una vida entera, y ella la trata con esa seriedad.
Aquí está «Orgullo y prejuicio», la más leída de las seis y la mejor puerta de entrada.
No juzga en voz alta: coloca la frase de manera que juzgues tú. La primera línea de «Orgullo y prejuicio» afirma solemnemente lo contrario de lo que la novela va a demostrar, y ese es el manual de instrucciones.
Diez mil libras al año, cinco mil, cincuenta. Austen da los números porque de ellos depende todo. Ninguna novelista anterior había puesto la economía doméstica en el centro de una historia de amor sin que resultara vulgar.
Contar los pensamientos de un personaje en tercera persona, sin comillas ni «pensó que». Austen fue de las primeras en usarlo sistemáticamente, y por eso el lector se equivoca a la vez que su protagonista.
Sus heroínas rechazan proposiciones que les resolverían la vida, discuten con quien manda y cambian de opinión con argumentos. En 1813 eso era más raro de lo que hoy parece.
Se le ha reprochado el mundo pequeño. Es al revés: al reducir el escenario obliga a mirar de cerca, y ahí se ve todo —clase, dinero, poder— con un detalle que la novela panorámica no alcanza.
Empieza por «Orgullo y prejuicio», que es lo que hay aquí y es también la puerta que ella misma abrió a casi todo el mundo. Sesenta y un capítulos cortos; engancha desde la primera frase.
Lee esa primera frase dos veces y pregúntate si es verdad. Si ves que Austen está diciendo lo contrario de lo que afirma, ya sabes leerla y el resto va solo.
Después, si quieres el otro lado de la misma Inglaterra, la de los que no van a los bailes, Canción de Navidad de Dickens. Y para el mismo asunto —una mujer decidiendo sobre su matrimonio— setenta años después y sin final feliz, Casa de muñecas.
Aquí está «Orgullo y prejuicio», la más leída y la mejor para empezar. Faltan las otras cinco: «Sentido y sensibilidad», «Mansfield Park», «Emma» —la que muchos consideran su obra maestra técnica—, «La abadía de Northanger» y «Persuasión», la última y la más melancólica.
Para seguir por la novela inglesa del XIX está aquí Charles Dickens, que escribe la otra Inglaterra, la de los pobres. Y si lo que te interesa es el matrimonio como problema, Ibsen lleva la misma pregunta hasta el portazo final de Casa de muñecas.
Cinco ejes para preparar un trabajo o una sesión sobre el autor. Todo se puede comprobar sobre los textos, que están aquí completos.
Porque en su época una mujer que publicaba novelas se exponía a la murmuración. Sus libros salieron «de una dama» o «por la autora de Sentido y sensibilidad». Su nombre no apareció en una portada hasta después de su muerte.
Seis terminadas: Sentido y sensibilidad, Orgullo y prejuicio, Mansfield Park, Emma, La abadía de Northanger y Persuasión. Dejó además obras de juventud, una novela corta —«Lady Susan»— y dos inacabadas.
No. En 1802 aceptó la proposición de un hombre rico y seis años más joven, y la retiró a la mañana siguiente. Vivió siempre con su madre y su hermana Cassandra.
Porque Cassandra quemó la mayor parte de sus cartas después de su muerte, seguramente para protegerla. Lo que queda son unas ciento sesenta, y son mucho más mordaces que sus novelas.
Por «Orgullo y prejuicio»: es la más divertida, la más rápida y la que mejor enseña a leer su ironía. «Emma» es más perfecta y «Persuasión» más honda, pero las dos se disfrutan más después.