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Grandes esperanzas, de Charles Dickens
Guía de lectura

Grandes esperanzas: claves para leerla y comentarla

Charles Dickens · 14 h 59 min de lectura · texto completo y gratis

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Un niño da de comer a un presidiario por miedo. Veinte años después descubre que aquel gesto le pagó la ropa, la casa y los modales de caballero.

De qué trata

Pip quiere dejar de ser lo que es: aprendiz de herrero en unos marjales, con las manos ásperas y sin educación. Cuando una fortuna anónima se lo permite, descubre que subir de clase consiste sobre todo en avergonzarse de la gente que le quiere. La novela son las tres etapas de sus esperanzas: cómo nacen, cómo se cumplen y de dónde venían de verdad.

Estructura

Primera etapa (capítulos 1-19) — Los marjalesEl presidiario en el cementerio, la lima robada de la fragua, la casa parada de la señorita Havisham, Estella riéndose de sus manos y sus botas, el ataque a la señora Joe. Al final, un abogado de Londres aparece con la noticia de las grandes esperanzas.
Segunda etapa (capítulos 20-39) — LondresPip aprende a ser caballero y a gastar más de lo que tiene. Jaggers, Wemmick y su castillo, Herbert Pocket, el club de los Pinzones. Se avergüenza de Joe cuando va a visitarle. Y una noche de tormenta llama a la puerta el hombre de los marjales.
Tercera etapa (capítulos 40-59) — La verdadMagwitch escondido, la persecución, el descubrimiento de quién es Estella, el incendio en casa de la señorita Havisham, la huida por el río. Pip pierde el dinero, cae enfermo y es Joe quien aparece a cuidarle y a pagar sus deudas sin decírselo.

Temas para el comentario

La vergüenza

Es el asunto de verdad. Pip no se avergüenza del dinero sino de su origen, y lo peor que hace en toda la novela —tratar mal a Joe— lo hace por eso. Que el narrador adulto no se disculpe nunca es lo que salva el libro del sentimentalismo.

De dónde viene el dinero

Pip da por hecho que su benefactora es la señorita Havisham porque es lo que quiere creer. Que sea un presidiario deportado convierte toda su vida de caballero en algo comprado con dinero de presidio, y ahí Dickens toca lo que la Inglaterra victoriana no quería mirar.

Ser caballero

La novela pone frente a frente dos definiciones: la de Pip, que es ropa, guantes y acento, y la de Joe, que no sabe leer. Al final del libro está clarísimo cuál de los dos lo es.

Las casas paradas

Satis House con los relojes a las nueve menos veinte, el castillo de Wemmick con su foso y su cañón, la fragua. Cada personaje vive dentro de una construcción que se ha hecho a medida, y todas dicen algo de él.

Nadie es de una pieza

Es la novela menos maniquea de Dickens: Magwitch da miedo y es el más generoso, la señorita Havisham es cruel y es una víctima, Pip es el protagonista y se porta mal. Aquí ya no hay buenos y malos como en «Oliver Twist».

Contarlo desde después

El narrador es Pip veinte años más tarde, y esa distancia es la técnica del libro: sabemos desde la primera página que lo que va a contar acabó mal, y aun así queremos verlo.

Personajes

Lengua y estilo

Primera persona, capítulos cortos y una voz doble: el niño que vivió aquello y el hombre que lo juzga. Dickens sostiene las dos a la vez durante seiscientas páginas, y de esa tensión sale la ironía del libro.

Cada personaje habla a su manera y se le reconoce sin nombrarlo: Joe con sus vocativos y sus frases enredadas, Magwitch como un presidiario, Jaggers en frases cortas que no admiten respuesta, Wemmick con dos registros distintos según esté en la oficina o en su casa. No les hemos arreglado la sintaxis: ahí están ellos.

Sobre esta edición: traducción nueva del inglés de 1861 al español de hoy. El dinero sigue en libras, chelines y peniques; las distancias, en millas; y el vocabulario penal victoriano —presidio, pontón, grilletes, deportación— se conserva porque es media trama. Joe tutea a Pip siempre, incluso cuando Pip es un caballero: esa constancia es el corazón del libro.

Contexto

Dickens tenía cuarenta y ocho años y su revista semanal, «All the Year Round», iba mal porque la novela que estaba publicando otro autor no funcionaba. Escribió esta para salvarla, en entregas cortas y semanales, y funcionó: las ventas se recuperaron enseguida.

Es su penúltima novela terminada y la segunda que escribe en primera persona, después de «David Copperfield». La diferencia es el tono: allí el narrador se quiere; aquí no se perdona.

El fondo es la Inglaterra que deportaba convictos a Australia de por vida y les prohibía volver bajo pena de muerte. Que la fortuna de un caballero de Londres venga de allí es la incomodidad que sostiene el libro.

Lo esencial, en cinco puntos

Preguntas frecuentes

¿Es la mejor novela de Dickens?

Es la que mejor ha envejecido y la que más recomiendan hoy los críticos, junto con «Casa desolada». «David Copperfield» era su favorita y «Canción de Navidad» la más leída.

¿Cuál es el final original?

Pip se encuentra a Estella en la calle de Londres, ya viuda y vuelta a casar, hablan un par de minutos y se separan para siempre. Dickens lo cambió por consejo de Bulwer-Lytton por otro más abierto, que es el que se publicó y el que va aquí.

¿Por dónde empezar con Dickens?

Por «Canción de Navidad», que se lee en dos horas. Después, esta: es larga pero de las suyas es la más fácil de sostener, porque la trama tira desde el primer capítulo.

¿Por qué se llama «Grandes esperanzas»?

Porque «great expectations» significa en inglés la expectativa de una herencia. El título es irónico desde la primera página: son las esperanzas de un dinero que viene de donde Pip menos querría.

¿Cuánto se tarda en leerla?

Unas dieciséis horas. Cincuenta y nueve capítulos cortos: un mes a dos por día.

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