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La Regenta, de Leopoldo Alas «Clarín»
Guía de lectura

La Regenta: claves para leerla y comentarla

Leopoldo Alas «Clarín» · 25 h 12 min de lectura · texto completo y gratis

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Una mujer casada con un hombre que la trata como a una hija, un cura que la desea sin poder decirlo y una ciudad entera esperando a que resbale. Mil páginas para contar cómo se destruye a una persona sin ponerle una mano encima.

De qué trata

Ana Ozores, huérfana y criada sin afecto, se casa a los diecinueve años con don Víctor Quintanar, regente de la Audiencia, mucho mayor que ella. Diez años después se ahoga: el marido la trata con cariño paternal y prefiere sus pájaros y su teatro. En su busca de algo que llene el vacío, Ana se entrega primero a la religión bajo la dirección de don Fermín de Pas, el Magistral, que la desea sin admitirlo. Álvaro Mesía, el donjuán del Casino, lleva años asediándola por vanidad. Ana acaba cediendo. Don Víctor descubre el adulterio, y el Magistral, herido en su orgullo, se encarga de que el duelo se celebre. Mesía mata al marido y huye; la ciudad expulsa a Ana; el Magistral la abandona. Sola en la catedral, se desmaya, y el acólito Celedonio la besa en la boca.

Estructura

Capítulos I-XV (tomo I)Tres días de octubre. Se presenta Vetusta entera: la catedral, el casino, las casas y sus habitantes. Apenas pasa nada, y es deliberado: primero hay que conocer el mundo que va a aplastar a Ana.
Capítulos XVI-XXIVTres años. Ana se refugia en la devoción y en la dirección espiritual del Magistral, con episodios como la procesión de Viernes Santo, donde desfila descalza y escandaliza a la ciudad.
Capítulos XXV-XXVIIILa caída. Mesía aprovecha el desengaño de Ana con el Magistral. El adulterio se consuma y Vetusta se entera antes que el marido.
Capítulos XXIX-XXXEl desenlace. Don Víctor muere en el duelo, Mesía huye, el Magistral retira su protección y la ciudad cierra filas contra Ana. El beso de Celedonio cierra el libro.

Temas para el comentario

La provincia como cárcel

Vetusta no es escenario: es el antagonista. Todo se sabe, todo se comenta y nada se perdona. La novela dedica cientos de páginas a construir ese organismo colectivo antes de soltarlo contra Ana.

El aburrimiento

El motor del libro. Ana no busca placer sino sentido; prueba con los libros, con la caridad, con el misticismo y por último con Mesía. Cada intento fracasa por la misma razón: no hay sitio en Vetusta para una mujer que quiera algo.

Poder religioso y deseo

Don Fermín encarna la mezcla de dirección espiritual, ambición económica y deseo reprimido. Clarín no ataca la fe: ataca su uso como instrumento de poder.

El donjuán envejecido

Mesía es un seductor de manual, calculador y cobarde. Frente al mito romántico, Clarín lo presenta como un profesional que cuida su reputación y huye del peligro.

La mujer sin salida

Ana no puede divorciarse, ni trabajar, ni irse. Su única libertad es elegir a quién entregarse, y esa elección la destruye. Es la crítica social más dura del libro.

El estilo indirecto libre

Clarín entra y sale de las cabezas de sus personajes sin avisar, de modo que el lector oye sus pensamientos mezclados con la voz del narrador. Es la técnica que hace moderna la novela.

Capítulo a capítulo

ILa siesta de Vetusta. Desde la torre de la catedral, el Magistral don Fermín de Pas registra la ciudad con un catalejo mientras el acólito Celedonio bosteza a su lado. En cuarenta páginas queda levantado el plano moral de la ciudad y el poder que la vigila.
IITermina el coro y salen los canónigos. Se presenta a don Fermín como Provisor: hombre de gobierno de la diócesis antes que sacerdote. Primeras noticias de la Regenta como penitenta codiciada. Cierra con una frase que es todo el personaje: «Amaba y creía ser amado».
IIIAna y el Magistral hablan por primera vez en el paseo; el Arcipreste Ripamilán propicia el encuentro. Queda plantada la dirección espiritual. Entran en escena don Álvaro Mesía y la criada Petra, los dos que decidirán el final.
IVRetrato de la familia Ozores y de la infancia de Ana: huérfana de madre, padre liberal arruinado, criada por tías sin afecto. El episodio de la barca de Trébol con Germán, el niño de Colondres, y la calumnia que la marca para toda la vida.
VLas tías Anunciación y Águeda casan a Ana con don Víctor Quintanar, regente de la Audiencia y mucho mayor que ella. Quintanar queda dibujado por sus aficiones: la caza, los pájaros y el teatro del Siglo de Oro que recita de memoria.
VIEl Casino, el otro poder de Vetusta: el de los señoritos. Mesía como jefe del partido liberal, Ronzal «Trabuco», Joaquinito Orgaz, don Pompeyo Guimarán haciendo de ateo oficial. La ciudad entera cabe entre la catedral y esta sala de juego.
VIISigue el Casino y el paseo: rivalidades, maledicencia y vanidad de provincias. Obdulia Fandiño retuerce el pescuezo a un pájaro delante de los caballeros y grita «¡Así a todos los hombres!».
VIIIEl palacio de los Vegallana, centro social de la ciudad. El marqués reaccionario tiene por favorito a Mesía, jefe liberal: el turno pacífico de la Restauración visto por dentro. Visitación empieza a azuzar a Mesía contra Ana.
IXAna vuelve a pie al caserón de los Ozores. De paso, el Vetusta obrero del Campo del Sol, la otra cara de la ciudad. Mesía se despide con voz humilde y calculada; ella advierte, decepcionada, que ha estado frío.
XLa Marquesa recoge a Ana para el teatro. Balance del matrimonio: Quintanar «se había cansado pronto de hacer el galán» y pasó al papel de padre. Petra escucha detrás de las puertas y empieza a medir su oportunidad.
XIUn día completo del Magistral: madruga, estudia, gobierna la diócesis, devuelve visitas. Su casa, su madre doña Paula y la criada Teresina. Al fondo, el negocio de cera que arruina al tendero Santos Barinaga.
XIICarraspique mete a su hija en el convento por consejo del Magistral. Sátira del clericalismo vetustense y de la beatería que administra vidas ajenas. El Magistral oye desde la calle la voz de Ana en un balcón.
XIIIEl almuerzo en casa de Vegallana. La aristocracia local retratada en la mesa, plato a plato. Obdulia se despide con una mano por la ventanilla del coche porque la otra la tiene ocupada Joaquinito Orgaz.
XIVEl paseo del Espolón. El Magistral busca a Ana entre la gente y cree verla en un balcón; era Obdulia. «No era ella, era la otra»: los celos del confesor, ya sin disfraz posible.
XVCierre de la primera parte. Doña Paula espera a su hijo en lo alto de la escalera y queda contada su historia: de dónde viene el dinero, y de dónde el dominio que ejerce sobre él. En la cabeza de don Fermín resuenan los gritos de Barinaga: «¡Ladrón... rapavelas!».
XVIArranca la segunda parte con el invierno de Vetusta. Ana aparece en el teatro y toda la ciudad la mira: hace semanas que se habla de ella. Escribe al Magistral una carta amable que en el fondo es una huida.
XVIIDía de Difuntos. El Magistral visita a Ana en el parque y hablan en el cenador. Al final del capítulo, Petra esconde en el pecho el guante morado que el Magistral ha olvidado: el arma de la venganza que usará al final.
XVIIILas lluvias de Vetusta como clima moral: el tedio que empuja a Ana hacia cualquier salida. El Magistral sella la dirección espiritual con un beso en la frente, «apretado, pero frío... como el sello de una cofradía mojado en hielo».
XIXLa enfermedad de Ana y don Robustiano Somoza con su «primavera médica». En la convalecencia, sola durante horas, empieza a leer a Santa Teresa: el misticismo entra como refugio, no como fe.
XXDon Pompeyo Guimarán, el ateo de Vetusta, y la cuestión religiosa en una capital de provincias donde no creer también es un cargo público.
XXIAna lee los cuarenta capítulos de la Vida de Santa Teresa y se exalta. Quintanar trata el misticismo de su mujer como si fuera una jaqueca: lo principal es no hacer ruido. En casa del Magistral, el bizcocho compartido con Teresina.
XXIIEl Arcediano Glocester conspira contra el Provisor. Muerte de Santos Barinaga sin sacramentos y escándalo en la ciudad. Don Pompeyo enferma tras mojarse en el entierro.
XXIIIAna entre el fervor religioso y la dirección de doña Petronila Rianzares. El Magistral, dolido por lo que sospecha, se marcha sin explicaciones.
XXIVEl baile del Casino. Ana acaba cediendo y va. Se desmaya en brazos de Mesía delante de todos. La ciudad ya tiene el espectáculo que llevaba mil páginas esperando.
XXVGlocester cuenta el desmayo en la catedral, delante del Magistral y sin compasión. Ana decide huir de los dos hombres y refugiarse en su casa; pero la música la devuelve a la pasión «con un arranque de suicida».
XXVIMuere don Pompeyo reconciliado con la Iglesia: el librepensamiento vetustense se rinde en el lecho. Quintanar se queja a Mesía de la influencia del Magistral sobre su mujer y suelta, sin saber lo que dice: «¡Primero seducida que fanatizada!».
XXVIIEl veraneo en el Vivero, la finca de los Vegallana. Al aire libre y lejos de la catedral, las defensas de Ana se aflojan. Una tormenta de verano pone a rezar a toda la casa.
XXVIIISigue el Vivero. El Magistral y Quintanar corren bajo el aguacero mientras Ana se queda atrás. El adulterio se consuma. El capítulo cierra con Mesía abriendo el balcón entornado.
XXIXNavidad en el caserón de los Ozores. Mesía come con el matrimonio. Petra, despechada, maniobra para que don Víctor lo descubra. El viejo, deshecho, se apoya en Frígilis «con la fuerza con que se deja caer un muerto».
XXXEl duelo. La bala de Mesía entra en la vejiga de don Víctor, que muere en el Vivero; Mesía huye. Repudiada por la ciudad y abandonada por el Magistral, Ana se desmaya en la catedral, y el acólito Celedonio le besa los labios: «el vientre viscoso y frío de un sapo».

Personajes

Lengua y estilo

Lo primero, la extensión y su desproporción: los quince primeros capítulos cubren tres días y los quince siguientes, tres años. No es un defecto: la primera mitad instala el mundo con todo detalle para que la segunda pueda derrumbarlo deprisa.

Segundo, el estilo indirecto libre, que es lo que hay que saber nombrar en un examen. El narrador adopta sin aviso la voz y el vocabulario del personaje, de modo que no siempre está claro quién piensa qué. Clarín lo usa incluso con personajes secundarios y con la ciudad entera.

Y tercero, la ironía. La novela es mucho más divertida de lo que su fama sugiere: las descripciones del Casino, de las tertulias y de los curas están escritas con una mala idea deliciosa.

Contexto

Leopoldo Alas «Clarín» (1852-1901) fue catedrático de Derecho en Oviedo y el crítico literario más temido de su tiempo. Escribió La Regenta entre 1884 y 1885, en dos tomos, y no volvió a intentar nada de esa ambición: su otra novela, Su único hijo, es muy posterior y de otro tipo.

La novela se publicó en pleno debate sobre el naturalismo de Zola, que Emilia Pardo Bazán había presentado en España dos años antes. Clarín toma el método pero lo tempera con el análisis psicológico, más cerca de Flaubert que de Zola.

Fue mal recibida en Oviedo, donde todos se reconocieron, y tardó décadas en ocupar el lugar que hoy tiene: la mejor novela española del siglo XIX junto a Fortunata y Jacinta.

Lo esencial, en cinco puntos

Preguntas frecuentes

¿Cuánto se tarda en leerla?

Unas veinte horas: son treinta capítulos y más de 300.000 palabras. Es la obra más extensa del catálogo.

¿Por dónde empezar si intimida?

Por el primer capítulo, que es una pieza célebre por sí misma: la vista de Vetusta desde la torre de la catedral, con el Magistral mirando la ciudad por un catalejo. Si ese capítulo engancha, el resto va solo.

¿Qué relación tiene con Los pazos de Ulloa?

Son las dos cumbres del naturalismo español y casi contemporáneas (1885 y 1886). Pardo Bazán mira el campo gallego y Clarín la ciudad provinciana; las dos cuentan cómo el medio destruye a quien no encaja.

¿Es una novela anticlerical?

Ataca el uso del poder religioso, no la fe. Don Fermín es un personaje complejo y en parte compadecido; los curas ridículos conviven con otros retratados sin saña.

¿Qué leer después?

«Madame Bovary» de Flaubert, con la que dialoga, y «Doña Perfecta» de Galdós, que trata la misma España cerrada desde otro ángulo. Las dos están aquí.

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