Clasicalia
InicioGuías de lecturaCanción de Navidad
Canción de Navidad, de Charles Dickens
Guía de lectura

Canción de Navidad: claves para leerla y comentarla

Charles Dickens · 2 h 21 min de lectura · texto completo y gratis

Leer la obra gratis →

Un hombre que considera la Navidad una estafa recibe en una sola noche tres visitas: su infancia, la mesa de los que no tienen nada y su propia tumba.

De qué trata

Es Nochebuena en Londres. Ebenezer Scrooge despide a su sobrino, echa a dos señores que piden para los pobres y le concede a regañadientes el día libre a su empleado. Esa noche, el fantasma de su socio Marley le anuncia tres espíritus, y cada uno le enseña una Navidad: la que vivió, la que está ocurriendo en casas que él nunca ha visto y la que vendrá si nada cambia. La última incluye su propio nombre en una lápida.

Estructura

Estrofa primera — El fantasma de MarleyLa víspera de Navidad en el despacho: el sobrino, los caballeros de la colecta, Bob Cratchit y su paletada de carbón. De noche, el aldabón se convierte en la cara de Marley y el muerto aparece arrastrando su cadena para anunciar las tres visitas.
Estrofa segunda — El primero de los tres espíritusLas Navidades pasadas: el niño solo en el internado, la hermana Fan que va a buscarle, el baile de Fezziwig —donde se ve qué clase de patrón podría haber sido— y la ruptura con Belle.
Estrofa tercera — El segundo de los tres espíritusEl presente: la Nochebuena de los Cratchit con el ganso pequeño y el pudin, Tiny Tim, la fiesta de Fred con sus juegos, y al final los dos niños escondidos bajo el manto, la Ignorancia y la Miseria.
Estrofa cuarta — El último de los espíritusEl futuro: unos hombres de negocios que no piensan ir al entierro, los ladrones vendiendo las pertenencias del muerto, la silla vacía de Tim y una lápida con el nombre de Scrooge.
Estrofa quinta — El finalAmanece el día de Navidad. Scrooge compra el pavo más grande de la tienda, va a casa de Fred, sube el sueldo a Bob Cratchit y se convierte en un segundo padre para Tiny Tim.

Temas para el comentario

La cadena que uno se forja

Es la imagen central y la explica Marley: la cadena no te la ponen, la haces tú, eslabón a eslabón, con cada día que vives encerrado en ti mismo. Cuando la ves ya pesa demasiado.

La Ignorancia y la Miseria

Los dos niños que el segundo espíritu esconde bajo el manto son lo más duro del libro y lo más político: «Guardaos de los dos, pero sobre todo del niño, porque en su frente veo escrito Condena». Dickens venía de visitar una escuela de niños pobres de Londres.

La Navidad como invención

Antes de este libro la Navidad inglesa era una fiesta menor y en retroceso. Después es lo que hoy entendemos por Navidad: familia reunida, mesa, regalos y obligación de acordarse de quien no tiene. Pocos libros han cambiado tanto una costumbre.

El dinero como sustituto

Belle no lo deja por otro hombre sino por otro ídolo. La avaricia de Scrooge no es amor al dinero: es miedo a volver a ser aquel niño que se quedaba solo en el internado.

Un cuento de fantasmas de verdad

El subtítulo lo dice: «una historia de fantasmas de Navidad». Dickens no usa lo sobrenatural como excusa: el aldabón que cambia de cara, la campanilla que suena sola y la mano que señala la lápida dan miedo de verdad, y por eso funciona la conversión.

Se puede cambiar

Es lo que separa a este libro de casi toda la sátira de su siglo. Scrooge no acaba castigado: acaba convertido, y el narrador se ríe con él en la última página. Dickens quería conmover para cambiar algo, no solo señalar.

Personajes

Lengua y estilo

Está escrito para leerse en voz alta, y se nota: el narrador se dirige al lector desde la primera línea («Marley estaba muerto: eso para empezar»), bromea, se interrumpe y comenta. Dickens lo leyó él mismo en público decenas de veces.

La prosa alterna dos registros que no chocan sino que se refuerzan: el humor de las escenas domésticas —el ganso, el pudin, los juegos de Fred— y el golpe seco de las escenas de miedo o de denuncia. Cuando aparecen la Ignorancia y la Miseria, la broma se corta en seco.

Sobre esta edición: traducción nueva del inglés de 1843, en español de hoy pero sin modernizar el mundo: siguen siendo chelines, coches de posta y carbón. «¡Bah! ¡Paparruchas!» se mantiene igual en todas sus apariciones, porque es la frase del libro.

Contexto

Dickens lo escribió en seis semanas del otoño de 1843, entre octubre y noviembre, caminando de noche por Londres «cuando todo el mundo sensato estaba en la cama». Tenía treinta y un años, una novela que se vendía mal y deudas. En octubre había visitado una escuela para niños pobres en Field Lane y salió de allí decidido a asestar «un mazazo» a favor de los niños trabajadores.

Su editor no quiso arriesgarse, así que lo publicó por su cuenta y lo cuidó como un objeto: tapas rojas, cantos dorados y cuatro láminas coloreadas a mano por John Leech. Se agotó en pocos días —seis mil ejemplares— y le dio menos dinero del que esperaba precisamente por lo caro de la edición.

Estamos en las «hungry forties»: la Inglaterra industrial que produce más riqueza que nadie y tiene a los niños trabajando en las minas. Ese es el fondo del cuento, y por eso el libro no es solo dulce.

Lo esencial, en cinco puntos

Preguntas frecuentes

¿Por qué «estrofas» y no capítulos?

Porque el título original es A Christmas Carol, un villancico, y Dickens llevó la metáfora hasta el índice: las partes son «staves», las estrofas de una canción.

¿Es un libro para niños?

Se lee en familia y funciona a cualquier edad, pero no es infantil: hay escenas de miedo real y una denuncia social muy dura. Dickens escribía para adultos que leyeran en voz alta a sus hijos.

¿De dónde viene «¡Bah! ¡Paparruchas!»?

Es la traducción habitual del «Bah! Humbug!» de Scrooge, su respuesta a todo lo que huela a Navidad. En inglés «humbug» es a la vez engaño y tontería.

¿Inventó Dickens la Navidad?

No la inventó, pero le dio la forma que tiene hoy. En la Inglaterra de 1843 la fiesta estaba en declive; el éxito del libro contribuyó decisivamente a convertirla en la celebración familiar y caritativa que conocemos.

¿Cuánto se tarda en leerlo?

Alrededor de dos horas. Son cinco estrofas y ninguna pasa de la media hora.

Guías de obras relacionadas

Si estás con esta, estas otras te van a hacer falta.