
Generación del 98
1864 – 1936 · Bilbao, Salamanca
Rector de Salamanca, destituido dos veces y desterrado una. Se pasó la vida peleándose con la idea de morirse.
2 obras suyas en Clasicalia, completas y gratis.
Nació en Bilbao y vivió el bombardeo carlista siendo niño. Catedrático de griego en Salamanca a los veintinueve y rector poco después, fue destituido del rectorado por sus artículos, confinado en Fuerteventura por la dictadura de Primo de Rivera y exiliado en Francia hasta 1930.
Volvió con la República, que lo repuso como rector, y luego rompió con ella. En julio de 1936 apoyó el alzamiento y en octubre, en el paraninfo de Salamanca, se enfrentó en público a Millán-Astray. Lo destituyeron otra vez y murió en su casa, bajo arresto domiciliario, el último día de aquel año.
Toda su obra gira sobre lo mismo: si sobrevivimos a la muerte y qué hacer si no. No escribe para convencer sino para no callarse, y por eso cambia de forma continuamente: ensayo, poesía, «nivola», teatro. Su lema, «me duele España», y su obsesión, la inmortalidad, son la misma cosa: el miedo a desaparecer.
La generación del 98 escribe tras la pérdida de Cuba y Filipinas, con la sensación de un país agotado. Unamuno es su voz más contradictoria: europeísta y luego antimodernizador, creyente sin fe, republicano que aplaudió el golpe y se arrepintió en tres meses.
Las dos que más se leen en clase, en orden de escritura: quince años y una vida entre una y otra.
Término que se inventa dentro de «Niebla» para escapar de las reglas de la novela realista: si no es una novela, nadie puede exigirle descripciones ni ambiente.
La contradicción entre la razón, que dice que morimos del todo, y el corazón, que se niega. No la resuelve: vive en ella y escribe desde ahí.
Augusto Pérez viaja a Salamanca a discutir con Unamuno su derecho a suicidarse. Se publicó en 1914, mucho antes de que Pirandello hiciera algo parecido.
San Manuel sostiene una creencia que él no tiene porque piensa que sin ella su pueblo no podría vivir. La obra plantea la pregunta y no la resuelve.
Empieza por «San Manuel Bueno, mártir». Es corta —poco más de una hora—, clara y golpea fuerte: un cura que sostiene la fe de un pueblo sin tenerla él. Genera debate sin necesidad de explicar nada previo.
Después «Niebla», que es el Unamuno divertido y audaz: su personaje viaja a Salamanca a discutir con el autor si tiene derecho a suicidarse. Pide algo más de complicidad con el juego, y lo devuelve con creces.
Aquí están las dos que más se leen en clase. Falta su ensayo mayor, «Del sentimiento trágico de la vida», y «Abel Sánchez», «La tía Tula» y su poesía.
Para seguir: Kierkegaard, a quien leyó en danés aprendido para eso, y Galdós, la generación anterior contra la que se define.
Dónde aparece su obra frente a la de otro autor, con lo que aporta cada una y cuál conviene leer antes.
También: frases de Miguel de Unamuno, comprobadas una a una contra el texto publicado.
Cinco ejes para preparar un trabajo o una sesión sobre el autor. Todo se puede comprobar sobre los textos, que están aquí completos.
Un término que Unamuno se inventa dentro de «Niebla» para escapar de las reglas de la novela realista: si no es una novela, nadie puede reprocharle que no tenga descripciones ni ambiente.
«San Manuel Bueno, mártir» por brevedad y por impacto. «Niebla» después, para ver hasta dónde estiraba la forma.
El 12 de octubre de 1936 Unamuno respondió en público a los gritos de Millán-Astray en un acto universitario. La escena se ha contado de muchas maneras y las versiones no coinciden en las palabras exactas, pero le costó el rectorado y el arresto domiciliario.
Remite al lago de Sanabria, en Zamora, y a la leyenda del pueblo sumergido bajo sus aguas. Unamuno conocía bien la zona.
No. Plantea sus preguntas en forma de historia y personajes. Basta saber que se pasó la vida peleando con la idea de la muerte.