
Romanticismo español
1817 – 1893 · Valladolid y Madrid
Se dio a conocer a los veinte años leyendo unos versos ante el cadáver de Larra. Escribió la obra que España lleva representando cada noviembre desde hace siglo y medio.
1 obra suya en Clasicalia, completa y gratis.
Hijo de un funcionario absolutista, huyó de casa para no estudiar Derecho y llegó a Madrid a malvivir. En febrero de 1837, en el entierro de Mariano José de Larra, un desconocido de veinte años se adelantó y leyó unos versos: era Zorrilla, y aquella tarde se hizo famoso.
Escribió muchísimo y siempre con prisa. «Don Juan Tenorio» lo compuso en apenas veinte días en 1844 y vendió los derechos por una cantidad ridícula; se pasó el resto de la vida viendo cómo la obra llenaba teatros sin que él cobrara nada, y llegó a renegar de ella públicamente.
Vivió once años en México, donde fue protegido del emperador Maximiliano y director del Teatro Nacional; volvió cuando aquello acabó en fusilamiento. Fue coronado como poeta nacional en Granada en 1889, con toda la pompa, y siguió sin dinero. Murió en Madrid en 1893.
El romanticismo español es tardío, breve e intenso. Zorrilla llega justo cuando el género está de moda y le da su versión más popular: leyendas medievales, honor, amor imposible y milagro final. «Don Juan Tenorio» se representa cada 1 de noviembre desde el siglo XIX, una costumbre que no tiene equivalente en ningún otro país.
Todas se leen enteras aquí, gratis y sin registro.
La novedad de Zorrilla: hasta entonces el burlador se condenaba. Aquí lo salva el amor de doña Inés en el último instante. Esa vuelta de tuerca romántica es lo que hizo la obra tan popular.
«¿No es cierto, ángel de amor…?», «¡Cuál gritan esos malditos!». Zorrilla escribe versos que se pegan al oído, y por eso medio país se sabe fragmentos sin haber leído la obra.
La obra empieza con dos hombres comparando en una taberna a cuántas mujeres han seducido y a cuántos hombres han matado. En diez minutos está todo planteado.
La primera parte pasa en una noche; la segunda, cinco años después, también en una. Esa simetría sostiene toda la construcción.
Empieza por la escena de la taberna, que es el arranque: don Juan y don Luis leyendo en voz alta sus listas. Se entiende sin ningún contexto y engancha inmediatamente.
Sigue con la escena del sofá, la del «ángel de amor», que es el momento más famoso del teatro español y funciona sorprendentemente bien leído.
La segunda parte, con el cementerio y las estatuas, es más rara y más teatral. Si puedes, léela en voz alta con alguien.
Aquí está «Don Juan Tenorio». Faltan sus leyendas en verso —«A buen juez, mejor testigo», la del Cristo de la Vega—, «Granada», el poema oriental en que trabajó años, y sus «Recuerdos del tiempo viejo», las memorias donde cuenta con humor amargo el negocio que hizo con el Tenorio.
Dónde aparece su obra frente a la de otro autor, con lo que aporta cada una y cuál conviene leer antes.
También: frases de José Zorrilla, comprobadas una a una contra el texto publicado.
Cinco ejes para preparar un trabajo o una sesión sobre el autor. Todo se puede comprobar sobre los textos, que están aquí completos.
No. El primero es «El burlador de Sevilla» de Tirso de Molina, de 1630. Zorrilla lo reescribe doscientos años después y cambia el final.
Porque la segunda parte transcurre en un cementerio, con difuntos que vuelven. La costumbre se fijó en el siglo XIX y ha llegado hasta hoy.
Casi nada. Vendió los derechos antes del estreno y lo lamentó toda su vida; en sus memorias lo cuenta con bastante rencor.
Sí, y mejor en voz alta. El verso es fácil, ágil y muy sonoro; está escrito para el oído.
El personaje lo es, y la obra pertenece a su tiempo. Doña Inés da mucho que discutir, y esa discusión es justamente lo que la mantiene viva en las aulas.