Don Juan Tenorio o El sí de las niñas: romanticismo y neoclasicismo cara a cara
Moratín quiere que el teatro corrija costumbres. Zorrilla quiere que el público se quede sin aliento. Ese es todo el siglo XIX español.
Si hay que explicar en una sola clase qué separa el neoclasicismo del romanticismo, estas dos obras lo hacen solas. «El sí de las niñas» es de 1806; «Don Juan Tenorio», de 1844. Entre ellas hay treinta y ocho años y un cambio completo de idea sobre para qué sirve el teatro.
Moratín respeta las tres unidades —un lugar, un día, una acción—, escribe en prosa, sitúa todo en una posada y defiende una tesis: no se debe casar a las niñas contra su voluntad. Zorrilla rompe las unidades sin pedir permiso, escribe en verso, salta seis años entre las dos partes, mete estatuas que hablan y salva a su protagonista en el último instante por amor.
Don Juan TenorioJosé Zorrilla2 h 49 min de lecturaLeer gratis →
El sí de las niñasLeandro Fernández de Moratín1 h 31 min de lecturaLeer gratis →El sí de las niñas: una comedia con tesis
Doña Francisca, dieciséis años, va a casarse con don Diego, cincuenta y ocho, porque lo ha decidido su madre. Ella quiere a otro. Todo transcurre en una posada de Alcalá durante una noche, y se resuelve cuando don Diego —que es el personaje más digno de la obra— renuncia.
Es teatro ilustrado: entretiene para enseñar. La comedia no busca emoción sino convencimiento, y por eso el que gana el argumento no es el joven enamorado sino el viejo que razona. Se estrenó con éxito y luego le costó a Moratín problemas con la Inquisición.
Don Juan Tenorio: el mito que se representa cada noviembre
Don Juan apuesta con don Luis a ver quién ha matado y seducido más. Gana. Rapta a Inés de un convento, mata a su padre, huye. Seis años después vuelve, cena con las estatuas de sus muertos y acaba salvándose porque Inés ha entregado su alma por él.
Es teatro romántico en estado puro: exceso, cementerio, ultratumba, verso que corre. Y es la obra española más representada de la historia: por tradición se pone cada año por Todos los Santos. La diferencia decisiva con los don Juanes anteriores —el de Tirso, el de Molière— es que este se salva.
En qué se parecen
Las dos giran sobre lo mismo: quién decide con quién se casa una mujer. En Moratín, una madre vende a su hija a un hombre cuarenta años mayor. En Zorrilla, Inés está encerrada en un convento por decisión de su padre. Las dos denuncian, cada una a su manera, un mundo donde ellas no eligen.
Y las dos fueron enormes éxitos de público en su estreno, algo que no es tan común entre las obras que luego entran en los manuales.
Una frase de cada uno
¡Cuál gritan esos malditos! Pero, ¡mal rayo me parta si en concluyendo la carta no pagan caros sus gritos!
Los primeros versos de la obra, con don Juan escribiendo en la hostería
Esto resulta del abuso de la autoridad, de la opresión que la juventud padece; estas son las seguridades que dan los padres y los tutores, y esto lo que se debe fiar en el sí de las niñas.
Don Diego pronuncia la tesis de la obra — y su título
Las diferencias, una a una
| Don Juan Tenorio | El sí de las niñas | |
|---|---|---|
| Año | 1844 | 1806 |
| Movimiento | Romanticismo | Neoclasicismo |
| Forma | Verso, con métrica muy variada | Prosa |
| Las tres unidades | Rotas: años y varios lugares | Respetadas: una noche, una posada |
| Qué persigue | Conmover, arrastrar | Convencer, corregir una costumbre |
| El final | Salvación por amor, en el cementerio | Renuncia razonable de don Diego |
| Hoy | Se representa cada 1 de noviembre | Se lee más de lo que se representa |
Cuál leer primero
Empieza por «Don Juan Tenorio» si el objetivo es que enganche. El verso corre, la historia es pura acción y hay escenas que se recuerdan solas. Es la puerta natural al teatro español del XIX.
Empieza por «El sí de las niñas» si se va a estudiar la Ilustración. Es corta, clara y transparente en su intención, y sirve de contraste perfecto para entender después lo que Zorrilla hace saltar por los aires.
El orden que más enseña es el cronológico: Moratín primero, Zorrilla después. Se ve el cambio de época en directo, en cuarenta años.
Para trabajarlo en clase
Cinco ejes de comparación, del más sencillo al que da para un comentario largo. Los dos textos están completos aquí, así que todo se puede comprobar sobre la obra.
- Contar los versos de una escena de Zorrilla y una página de Moratín: qué hace el verso que la prosa no.
- Las tres unidades: comprobar en el texto cuáles cumple cada obra y qué gana o pierde al romperlas.
- El mismo tema, dos soluciones: quién decide el matrimonio de Francisca y quién el de Inés.
- Comparar la escena del sofá de Zorrilla con la declaración de don Diego: dos maneras de decir lo mismo.
- Por qué este don Juan se salva y los anteriores se condenan: qué dice eso del romanticismo.
Por dónde entrar en cada uno
Si solo vas a leer una cosa de cada libro, que sea esta:
Preguntas frecuentes
¿Cuál es más corta?
«El sí de las niñas», bastante: tres actos en prosa que se leen en poco más de una hora. «Don Juan Tenorio» tiene dos partes y siete actos en total.
¿Por qué se representa el Tenorio en noviembre?
Porque la segunda parte transcurre la noche de difuntos, entre estatuas y sepulcros. La costumbre de programarla por Todos los Santos empezó en el siglo XIX y no se ha perdido.
¿Es el primer don Juan?
No. El primero es el de «El burlador de Sevilla», atribuido a Tirso de Molina, de hacia 1630. Zorrilla trabaja sobre un mito ya viejo y le cambia el final.
¿Qué son las tres unidades?
La regla neoclásica de que una obra debe tener una sola acción, en un solo lugar y en un solo día. Moratín las cumple; Zorrilla las ignora.
¿Tuvo problemas «El sí de las niñas»?
Sí. Fue un éxito en 1806, pero su defensa de la libertad de elección de la mujer y su crítica a la autoridad paterna le valieron a Moratín una denuncia ante la Inquisición.
