
Filosofía del siglo XIX
1844 – 1900 · Röcken, Sajonia
Catedrático a los veinticuatro años, retirado por enfermedad a los treinta y cuatro, escribió sus grandes libros solo, enfermo y sin lectores.
3 obras suyas en Clasicalia, completas y gratis.
Hijo y nieto de pastores luteranos, fue tan brillante como filólogo que lo nombraron catedrático en Basilea a los veinticuatro años, antes de doctorarse. Diez años después dejó la cátedra: migrañas incapacitantes, vómitos, problemas de vista. Pasó la década siguiente moviéndose entre pensiones de Suiza e Italia, escribiendo casi sin lectores y pagándose las ediciones.
En enero de 1889, en Turín, se abrazó llorando al cuello de un caballo al que un cochero azotaba y se derrumbó. No volvió a escribir. Pasó sus últimos once años incapacitado, al cuidado primero de su madre y luego de su hermana Elisabeth, que manipuló sus papeles inéditos y acercó su nombre al nacionalismo alemán: buena parte de la fama envenenada de Nietzsche viene de ahí, no de sus libros.
Lo que sostiene es que los valores no caen del cielo: tienen historia, y se puede investigar quién los fabricó y para qué. Eso es la genealogía, y es su aportación más difícil de esquivar.
Escribe en la Europa del positivismo y del progreso, en la que la religión había dejado de organizar la vida sin que nada la sustituyera. «Dios ha muerto» no es una celebración: es el diagnóstico de un hueco y la pregunta de con qué se llena.
Del más literario al más argumentativo. Los tres son de su última década lúcida, entre 1883 y 1887.
Así habló ZaratustraFilosofía · 1883-1885
Más allá del bien y del malFilosofía · 1886
La genealogía de la moralFilosofía · 1887No preguntar si algo es bueno, sino cómo llegó a llamarse bueno: quién creó ese valor, contra quién y con qué interés. Es su método y su aportación menos esquivable.
Dos maneras de generar valores: la que afirma desde la fuerza y la que niega desde el resentimiento. Es una descripción histórica, no un programa.
No es una celebración. Describe un hueco: la religión ha dejado de sostener los valores de Occidente y todavía no hay con qué sustituirla. El que lo grita en el texto es un loco al que nadie entiende.
Si tuvieras que vivir tu vida otra vez, idéntica, infinitas veces, ¿la querrías? Es una prueba, no una teoría cosmológica.
No una raza ni un tirano: quien es capaz de darse valores propios en un mundo sin valores dados. Su hermana y el nazismo lo entendieron de otro modo, a propósito.
No empieces por «Así habló Zaratustra», aunque sea el más famoso: está escrito en parábolas bíblicas y sin las ideas previas se queda en frases sueltas.
Empieza por «Más allá del bien y del mal»: aforismos numerados, cada uno independiente, y ahí están casi todas sus tesis expuestas de forma directa. Sigue con «La genealogía de la moral», que es su libro más ordenado —tres ensayos encadenados— y el mejor para trabajarlo. Y entonces sí, «Zaratustra».
Aquí hay tres de su última década lúcida. Faltan «El nacimiento de la tragedia», «Humano, demasiado humano», «La gaya ciencia» y «Ecce homo».
Para seguir: Schopenhauer, su primer maestro, y Platón, el adversario contra el que escribe casi todo.
Dónde aparece su obra frente a la de otro autor, con lo que aporta cada una y cuál conviene leer antes.
También: frases de Friedrich Nietzsche, comprobadas una a una contra el texto publicado.
Cinco ejes para preparar un trabajo o una sesión sobre el autor. Todo se puede comprobar sobre los textos, que están aquí completos.
No. Rompió con Wagner y con su cuñado por su antisemitismo y lo atacó por escrito repetidamente. Fue su hermana Elisabeth quien, tras su colapso, manipuló los inéditos y acercó su nombre al nacionalismo alemán.
Por «Así habló Zaratustra». Es el más conocido y el peor primer libro: está escrito en parábolas y da por sabidas las tesis que desarrolla en otros.
Que la religión ha dejado de sostener los valores de Occidente, no que Nietzsche celebre nada. El pasaje donde lo dice describe a un hombre que grita en una plaza y al que nadie entiende: es un diagnóstico inquietante, no un triunfo.
Se lee con facilidad y se entiende con dificultad: escribe muy bien, en aforismos que se disfrutan sueltos, pero encadenarlos exige releer. Es el autor más citado fuera de contexto de la filosofía.
El método de preguntar por el origen histórico de nuestros valores: quién los creó, contra quién y con qué interés. En vez de discutir si algo es bueno, investiga cómo llegó a llamarse bueno.