
Siglo de Oro
1580 – 1645 · Madrid
Cojo y miope de nacimiento, espió para el virrey de Nápoles, se peleó a versos con Góngora durante treinta años y acabó cuatro años preso en un sótano de León. Escribió la prosa más brillante y más cruel del español.
1 obra suya en Clasicalia, completa y gratis.
Nació en el palacio: su padre era secretario de la reina y su madre dama de la corte, así que creció entre los pasillos donde se decidía todo. Vino al mundo con los pies torcidos y muy corto de vista —de ahí las gafas que le pintaron y que llevan su nombre—, y de esas dos cosas se rieron sus enemigos toda la vida.
Estudió con los jesuitas, luego en Alcalá y en Valladolid, y a los veinticinco ya había escrito «El Buscón», que no publicó. Se hizo hombre de confianza del duque de Osuna, virrey de Nápoles y de Sicilia, y para él hizo de agente y de espía en Venecia. Cuando Osuna cayó, cayó con él: destierro en su señorío de la Torre de Juan Abad.
Volvió con el conde-duque de Olivares, escribió a su favor y luego contra él. En diciembre de 1639 se lo llevaron de noche y lo encerraron en el convento de San Marcos de León, en una celda húmeda junto al río, sin proceso y sin que se sepa del todo por qué. Salió en 1643, enfermo y arruinado, y murió dos años después.
Escribe en la España que se sabe en decadencia: la plata de América se va en pagar guerras, Madrid se llena de gente que finge una posición que no tiene y la obsesión por la limpieza de sangre está en su apogeo. Quevedo, noble y católico militante, escribe desde dentro de ese mundo y en su defensa.
De momento está aquí «El Buscón», que es su única novela y la puerta natural a su prosa.
Su manera de escribir: decir mucho en poco apretando el sentido hasta que una palabra hace el trabajo de tres. Un barbero es «tundidor de mejillas y sastre de barbas». Es lo contrario del culteranismo de Góngora, que estira la frase en vez de comprimirla.
La idea que sostiene «El Buscón» y hoy es lo más incómodo de su obra. Pablos no fracasa por torpe: fracasa por ser hijo de quien es. Quevedo escribe para demostrar que la sangre manda sobre el mérito.
«Polvo serán, mas polvo enamorado.» En su poesía la muerte no es un final sino algo que ya está ocurriendo: se vive muriendo, y el reloj y la ruina aparecen en casi todos sus sonetos graves.
Médicos, sastres, alguaciles, poetas, viejas, cornudos, jueces. En «Los Sueños» pasa revista al oficio entero de vivir y no deja a nadie de pie.
Empieza por «El Buscón», que es lo que hay aquí y además la mejor entrada: veintitrés capítulos cortos, una historia que avanza y la prosa suya en estado puro.
Léelo despacio en los pasajes de descripción —el retrato del licenciado Cabra es el más citado del español— y no te saltes los juegos de palabras: son el libro, no el adorno.
⚠️ Y léelo sabiendo qué defiende. Se puede admirar su prosa y rechazar su tesis; de hecho es la única manera honesta de leerlo.
Aquí está «El Buscón». Falta lo demás, que es mucho: «Los Sueños», el libro que lo hizo famoso; la poesía, que es donde muchos lo ponen por encima de su prosa —«Amor constante más allá de la muerte», los sonetos a Roma y a la ruina—; y la obra política y moral, hoy menos leída.
Si quieres seguir por la época, aquí tienes a su rival y a sus contemporáneos: el Lazarillo, que inventó lo que él lleva al extremo, y Cervantes, con quien no se llevaba bien.
Dónde aparece su obra frente a la de otro autor, con lo que aporta cada una y cuál conviene leer antes.
También: frases de Francisco de Quevedo, comprobadas una a una contra el texto publicado.
Cinco ejes para preparar un trabajo o una sesión sobre el autor. Todo se puede comprobar sobre los textos, que están aquí completos.
Por él. Era muy corto de vista y en los retratos aparece siempre con unas lentes redondas sujetas a la nariz, sin patillas. El nombre se le quedó al objeto.
Se dedicaron poemas feroces durante décadas, y se conservan. Quevedo llegó a comprar la casa donde vivía Góngora para echarlo de ella. La enemistad fue literaria y personal a la vez.
No se sabe con certeza. Se le detuvo en 1639 sin proceso público; la explicación más repetida es un memorial contra la política de Olivares, pero es hipótesis. Salió al caer el valido.
Sí, hacia 1604, con unos veinticinco años. No lo publicó nunca: circuló manuscrito hasta que en 1626 se lo imprimieron sin permiso.
El original, bastante: el léxico del XVII y los dobles sentidos piden notas. Esta edición está modernizada para que se lea de corrido.