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Cuál leer primero

El Lazarillo o El Buscón: las dos picarescas, comparadas

Los dos son pobres, los dos cuentan su vida a «vuestra merced» y los dos pasan hambre. En uno el hambre da pena; en el otro, risa. Ahí está todo.

Setenta años separan al Lazarillo (1554) del Buscón (impreso en 1626), y en ese hueco cabe todo lo que le pasó al género que el primero inventó. Los dos son novelas en primera persona, los dos arrancan por los padres y los dos se dirigen a un «vuestra merced» que nunca vemos.

Lo que cambia es de qué lado está el autor. El Lazarillo es anónimo —y con motivo: la Inquisición lo prohibió en 1559— y su mirada va desde abajo: entiendes a Lázaro porque el libro te obliga a ponerte en su sitio. El Buscón lo escribe un noble que militaba contra los conversos, y su Pablos no es un narrador sino un muñeco al que va destrozando capítulo a capítulo.

De ahí que se estudien juntos: leídos seguidos enseñan que el mismo molde puede servir para denunciar o para reírse, según quién lo use.

El anónimo del Lazarillo

No sabemos quién lo escribió, y eso ya dice algo: en 1554 firmar una sátira del clero era arriesgado, y la Inquisición lo prohibió cinco años después. Se han propuesto muchos candidatos —de Alfonso de Valdés a fray Juan de Ortega— y no hay prueba de ninguno.

Lo que sí se sabe es lo que hizo: puso a un pobre a contar su propia vida en primera persona y sin pedir permiso a nadie. Sin esa decisión no existirían ni el Buscón, ni el Guzmán, ni media novela moderna.

Quevedo, el noble que escribe hacia abajo

Francisco de Quevedo escribió «El Buscón» hacia 1604, con unos veinticinco años, y no lo publicó nunca: circuló manuscrito veinte años hasta que un impresor de Zaragoza lo sacó sin su permiso.

Era señor de la Torre de Juan Abad, católico militante y antisemita declarado. Su picaresca no denuncia una sociedad injusta: defiende que esa sociedad tiene razón, y que quien nace abajo debe quedarse abajo. Es una obra maestra escrita para sostener una idea que hoy repugna.

En qué se parecen

El molde es el mismo y Quevedo lo toma prestado sin disimulo: narración en primera persona, un pícaro que empieza contando de qué padres viene, una sucesión de amos que son cada uno un tipo social, el hambre como motor y un «vuestra merced» al que se le escribe y del que no sabemos nada.

Los dos son cortos para su época, los dos están escritos en un español que se lee de corrido y los dos aparecen aquí modernizados: se actualiza la ortografía y el léxico muerto, y se conserva la voz.

Una frase de cada uno

Pues sepa vuestra merced ante todas cosas que a mí me llaman Lázaro de Tormes, hijo de Tomé González y de Antona Pérez, naturales de Tejares, aldea de Salamanca.
El Lazarillo de Tormes · Anónimo

El arranque del relato: un pícaro se presenta con partida de nacimiento

Fue, tal como todos dicen, de oficio barbero, aunque eran tan altos sus pensamientos que se corría de que le llamasen así, diciendo que él era tundidor de mejillas y sastre de barbas.
El Buscón · Francisco de Quevedo

La primera frase del libro y ya está todo Quevedo: un oficio humilde disfrazado con dos metáforas de lujo

Las diferencias, una a una

El Lazarillo de TormesEl Buscón
Año1554, anónimoEscrito h. 1604, impreso en 1626
Quién escribeDesconocido; prohibido por la Inquisición en 1559Quevedo, noble y señor de la Torre de Juan Abad
De qué lado estáDel pícaro: te obliga a entenderloContra el pícaro: te invita a reírte de él
Por qué fracasa el protagonistaPor una sociedad injustaPor su sangre: de tu casta no se sale
El hambreDrama: el clérigo de Maqueda, el escudero sin panComedia: el internado del licenciado Cabra
El estiloTransparente, refranero, engañosamente sencilloConceptismo: doble sentido en cada frase
El finalSe acomoda y decide no ver lo que todos comentanHuye a las Indias sin haber aprendido nada
ExtensiónPrólogo y 7 tratados · ~1 h 403 libros, 23 capítulos · ~4 h

Cuál leer primero

Empieza por el Lazarillo. Es el que inventó el género, se lee en una tarde y sin él no se ve lo que el Buscón está contestando.

Sigue con el Buscón y fíjate en lo que cambia: la misma estructura sirve ahora para lo contrario. Y léelo despacio, que la prosa es el motivo de leerlo.

Si solo puedes con uno y es para clase, el Lazarillo: es el que cae siempre en el temario y el más corto. Si es por gusto y te tira el idioma, el Buscón no tiene rival en español.

Para trabajarlo en clase

Cinco ejes de comparación, del más sencillo al que da para un comentario largo. Los dos textos están completos aquí, así que todo se puede comprobar sobre la obra.

  1. Los dos arranques, uno al lado del otro: los dos empiezan por los padres y consiguen efectos contrarios.
  2. El hambre en los dos: el clérigo de Maqueda frente al licenciado Cabra. Qué busca cada autor con ella.
  3. El «vuestra merced» de cada libro: a quién le escriben y qué les obliga a callar.
  4. La sangre conversa: cómo aparece en el Buscón y cómo se evita nombrarla en el Lazarillo.
  5. Debate: ¿se puede admirar la prosa del Buscón y rechazar su tesis? Es la pregunta que el libro plantea.

Por dónde entrar en cada uno

Si solo vas a leer una cosa de cada libro, que sea esta:

Preguntas frecuentes

¿Cuál se escribió antes?

El Lazarillo, en 1554. El Buscón se escribió hacia 1604 y no se imprimió hasta 1626, así que hay unos cincuenta años entre uno y otro y setenta hasta la publicación.

¿Cuál es más fácil de leer?

El Lazarillo: es más corto y su prosa es transparente. El Buscón exige más atención porque cada frase lleva un doble sentido, aunque esta edición lo moderniza para que se lea de corrido.

¿Por qué el Lazarillo es anónimo?

Casi con seguridad por prudencia: su sátira del clero era demasiado exacta y la Inquisición lo prohibió en 1559. Se han propuesto muchos autores y no hay prueba concluyente de ninguno.

¿Es el Buscón una copia del Lazarillo?

Toma su estructura, no su intención. Quevedo usa el molde de la picaresca para defender exactamente lo contrario de lo que defendía el Lazarillo.

¿Cuál se estudia más en clase?

El Lazarillo, por brevedad y por ser el fundador del género. El Buscón entra sobre todo en bachillerato y en los temas de Siglo de Oro y conceptismo.