
Generación del 27
1898 – 1936 · Fuente Vaqueros, Granada
Poeta y dramaturgo de éxito, director de teatro ambulante y pianista. Lo fusilaron a los treinta y ocho años, al mes de empezar la guerra.
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Nació en un pueblo de la vega de Granada, en una familia acomodada, y creció oyendo cantar a las criadas: esa música popular está en todo lo que escribió. En Madrid vivió en la Residencia de Estudiantes con Dalí y Buñuel, y publicó el «Romancero gitano», que lo hizo famoso de golpe y del que acabó renegando por el tópico que le colgó.
El viaje a Nueva York en 1929 lo cambió: de allí salió «Poeta en Nueva York», su libro más duro. De vuelta dirigió La Barraca, un teatro universitario ambulante que llevaba a Lope y a Calderón por los pueblos, en camión, gratis. Al mismo tiempo escribió las tres tragedias rurales que lo convirtieron en el dramaturgo español más representado del mundo.
En julio de 1936 estaba en Granada. Lo detuvieron en agosto y lo fusilaron en el barranco de Víznar, sin juicio. Tenía treinta y ocho años y había terminado «La casa de Bernarda Alba» dos meses antes.
Escribe en la Segunda República, con un teatro comercial acomodado y un país donde el campo seguía rigiéndose por códigos de honra que él conocía de primera mano. Sus tragedias no son costumbrismo: usan ese mundo para hablar del deseo y de la libertad negada, sobre todo a las mujeres.
La llamada trilogía rural, en el orden en que se escribió. Lorca nunca la cerró como trilogía: la etiqueta es de la crítica.
El agua, el caballo, la sangre, el cuchillo, la luna. No son adornos: anuncian y explican lo que va a pasar antes de que pase.
Sus tragedias no las mueve un villano, las mueve lo que dirán los vecinos. La presión social es el verdadero protagonista.
Pepe el Romano no aparece nunca en escena y revienta la casa. Es su hallazgo teatral más audaz.
Nanas, romances y cante jondo dentro de una estructura de tragedia. Nadie más lo consiguió sin que sonara a folclore.
Empieza por «La casa de Bernarda Alba». Es la más directa y la más depurada: tres actos, una casa, ningún hombre en escena. Se entiende sin explicar nada y en clase funciona sola.
Después «Bodas de sangre», para ver al Lorca poeta: el tercer acto abandona el realismo y entran en escena la Luna y la Muerte. Y «Yerma», la más dura de las tres, cierra el ciclo.
Aquí está la llamada trilogía rural. Falta su poesía —«Romancero gitano», «Poeta en Nueva York»— y el resto de su teatro: «Doña Rosita la soltera», «El público», «Mariana Pineda».
Para seguir: Valle-Inclán, la otra manera de romper el teatro español de su tiempo.
Dónde aparece su obra frente a la de otro autor, con lo que aporta cada una y cuál conviene leer antes.
También: frases de Federico García Lorca, comprobadas una a una contra el texto publicado.
Cinco ejes para preparar un trabajo o una sesión sobre el autor. Todo se puede comprobar sobre los textos, que están aquí completos.
Como conjunto temático, sí: las tres comparten mundo, tema y estructura trágica. Como proyecto cerrado por el autor, no: Lorca nunca las presentó así y la etiqueta es posterior.
«La casa de Bernarda Alba» es la que aparece con más frecuencia en las lecturas obligatorias, aunque depende de la comunidad autónoma y del curso.
Porque el tema es el encierro. Al dejar a Pepe el Romano fuera de escena se convierte en un deseo compartido por varias hermanas y en la fuerza que revienta la casa, sin decir una palabra.
En parte. «Bodas de sangre» y «Yerma» alternan prosa con canciones y pasajes en verso; «Bernarda Alba» es prosa casi entera, y su autor la encabezó diciendo que pretendía ser un documental fotográfico.
No se sabe. Sus restos nunca se han localizado con certeza, pese a varias campañas de búsqueda en la zona de Víznar y Alfacar.