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Guía de lectura

Libro de buen amor: claves para leerla y comentarla

Juan Ruiz, Arcipreste de Hita · 7 h 10 min de lectura · texto completo y gratis

Un cura del siglo XIV escribe mil setecientas estrofas para avisarnos de los peligros del amor, y las llena de alcahuetas, viudas, monjas, serranas y un dinero que lo compra todo. Nadie ha sabido nunca del todo si hablaba en serio.

De qué trata

El libro cuenta, en primera persona, los intentos amorosos de un arcipreste, casi todos fracasados. Pero eso es solo el hilo: de él cuelgan fábulas esópicas, sermones, oraciones a la Virgen, cantares de ciegos, una batalla alegórica y un tratado de seducción puesto en boca de don Amor. El asunto real es la ambigüedad: Juan Ruiz declara escribir contra el «loco amor» y para enseñar el «buen amor», el de Dios, pero cuenta el primero con un gusto y un detalle que desmienten el propósito. Y lo sabe: pide expresamente al lector que sepa entender su libro. Ese doble fondo —predicar una cosa y disfrutar la contraria— es lo que lo hace moderno y lo que ha mantenido viva la discusión durante siete siglos.

Estructura

Oración y prólogo (1-70)Empieza rezando desde la cárcel, sigue con los gozos de Santa María y explica cómo debe entenderse el libro. Aquí está la declaración de intenciones, tan clara como equívoca.
Las primeras aventuras (71-180)El arcipreste se enamora y fracasa tres veces seguidas. Cada fracaso trae su fábula: el león doliente, la tierra que bramaba, el ladrón y el mastín.
Don Amor y los pecados (181-422)El arcipreste riñe con don Amor y le echa en cara los siete pecados mortales, cada uno ilustrado con un enxiemplo. Es el tramo más didáctico y el que más fábulas concentra.
Los consejos (423-652)Don Amor responde y doña Venus remata: cómo elegir mujer, cómo hablarle, qué mensajera buscar. Aquí está el enxiemplo del dinero, el pasaje más citado del libro.
Doña Endrina (653-891)La historia larga: don Melón, la viuda y la vieja que lo arregla todo. Una novela corta dentro del poema, tomada del «Pamphilus» latino.
Las serranas (892-1042)El arcipreste cruza la sierra y se topa con cuatro montañesas que le dan la vuelta a la cortesía. Entre episodio y episodio, una cántica.
Don Carnal y doña Cuaresma (1043-1314)Cánticas religiosas y después la batalla: los pescados contra las carnes, la penitencia, y el regreso triunfal de don Amor por el campo.
Los últimos amores (1315-1519)La monja doña Garoza, la mora, y una ristra de fábulas que las dos partes se lanzan como argumentos.
Muerte de Trotaconventos (1520-1605)El planto por la vieja y la invectiva contra la muerte: las estrofas más serias del libro. Luego, las armas del cristiano.
Dueñas chicas y cánticas (1606-1728)El elogio de las mujeres pequeñas, el mozo don Furón, la explicación final de cómo debe entenderse el libro y las cánticas de loores, de escolares y de ciegos.

Temas para el comentario

La ambigüedad del «buen amor»

Amor divino y amor carnal llevan el mismo nombre en todo el libro, y Juan Ruiz nunca separa los dos. Leerlo consiste en decidir, estrofa a estrofa, de cuál está hablando.

El poder del dinero

El enxiemplo de la copla 490 es la sátira más dura del libro: el dinero hace bueno al torpe, corredor al cojo y elocuente al mudo. Y compra también el perdón de la Iglesia.

La mujer que decide

Doña Endrina negocia, las serranas cobran, doña Garoza discute de igual a igual y Trotaconventos lo maneja todo. Las mujeres del libro no son objetos de conquista: son quienes ponen las condiciones.

Lo popular contra lo culto

Juan Ruiz maneja la cuaderna vía de los clérigos y el cantar de ciegos de la plaza, la fábula latina y el refrán de la calle. El libro es el punto donde las dos tradiciones se tocan.

La parodia

Casi todo lo solemne aparece invertido: la pastorela cortés en las serranas, las horas canónicas convertidas en horas de amor, la batalla épica librada por sardinas y tocinos.

La muerte

Solo al final se le va la sonrisa. El planto por Trotaconventos y la invectiva contra la muerte están escritos sin ironía, y son de lo mejor del castellano medieval.

Personajes

Lengua y estilo

La forma dominante es la cuaderna vía: cuatro versos de catorce sílabas con una única rima consonante, el metro que los clérigos usaban para lo serio. Juan Ruiz lo domina y luego lo abandona cuando quiere: las cánticas de serrana, los gozos de la Virgen y los cantares de ciegos van en metros líricos, más cortos y más rápidos. Ese cambio de marcha es deliberado y marca el cambio de registro.

La lengua es la más rica de su siglo. Juan Ruiz maneja el latinismo del clérigo y el refrán de la taberna en la misma estrofa, y tiene un oído para el habla viva que no vuelve a darse hasta La Celestina. Los diálogos son cortos, cortantes y suenan a conversación oída.

La estructura es acumulativa, no lineal: el hilo autobiográfico existe, pero lo interrumpen a cada paso fábulas, sermones y digresiones. Se puede leer seguido o a saltos, episodio a episodio, y funciona igual.

Sobre esta edición: se ha modernizado la ortografía del castellano del siglo XIV —jodíos, cabtivo, coytado, açipreste— y se han conservado íntegros el léxico, la sintaxis y la rima. Las 1728 coplas van numeradas para poder citarlas, y los epígrafes de cada episodio se han restituido completos desde el original.

Contexto

De Juan Ruiz apenas se sabe nada seguro. El libro lo llama arcipreste de Hita, un pueblo de Guadalajara, y dice haberse escrito en prisión, aunque no está claro si la cárcel es real o una metáfora. Se conservan dos redacciones, de hacia 1330 y 1343, en tres manuscritos: el de Salamanca, el de Gayoso y el de Toledo, ninguno completo por sí solo.

El siglo XIV castellano es el del mester de clerecía en decadencia y el de la peste. Frente a la literatura ejemplar y ordenada de don Juan Manuel, contemporáneo suyo, Juan Ruiz escribe un libro desordenado a propósito, que mezcla lo sagrado y lo profano sin pedir permiso. Fuera de España, es la misma década en que Boccaccio prepara el Decamerón y Chaucer nace: toda Europa está descubriendo a la vez que la literatura puede ser cómica y seria en la misma página.

Su descendencia es directa y visible. Trotaconventos lleva a Celestina; el tono desengañado y burlón lleva a la picaresca; y el gusto por la lengua de la calle llega hasta Quevedo. Menéndez Pidal lo puso a la cabeza de la tradición realista española, y desde entonces no ha salido de los programas de estudio.

Lo esencial, en cinco puntos

Preguntas frecuentes

¿Se puede leer suelto?

Sí. Los episodios funcionan por separado: el enxiemplo del dinero, las serranas, doña Endrina o el planto por Trotaconventos se leen solos sin perder nada.

¿Por dónde empezar?

Por el enxiemplo de la propiedad que el dinero ha (copla 490) o por las serranas: son cortos, divertidos y dan el tono. La historia de doña Endrina es la mejor si se quiere algo largo y seguido.

¿Es un libro religioso o profano?

Las dos cosas a la vez, y ahí está la gracia. Empieza rezando, termina con cánticas a la Virgen, y por en medio cuenta catorce intentos de seducción. La crítica lleva siglos discutiendo si el marco piadoso es sincero o una coartada.

¿Cuánto se tarda en leerlo?

Unas cinco horas el libro entero. Un episodio suelto, entre diez y treinta minutos.

¿Qué leer después?

La Celestina, que recoge a Trotaconventos y la convierte en protagonista; y el Conde Lucanor, escrito por los mismos años, para ver la otra manera de contar del siglo XIV.