Fábula 24Hércules y el carretero
Un carretero conducía su carro por un camino rural cuando las ruedas se hundieron profundamente en un bache. El rústico conductor, estupefacto y consternado, se quedó mirando el carro sin hacer más que lanzar fuertes gritos a Hércules para que viniera a ayudarlo. Se dice que Hércules se le apareció y le habló así: «Pon los hombros en las ruedas, hombre. Aguijonea a tus bueyes, y no vuelvas a rezarme pidiendo ayuda hasta que hayas hecho todo lo posible por ayudarte a ti mismo, o ten por seguro que de ahora en adelante rezarás en vano». La mejor ayuda es la que uno mismo se presta.
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