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Parte 2Máximas capitales

Carta a Meneceo y máximas · Epicuro · 10 min de lectura

1. Lo que es feliz e imperecedero no tiene problemas en sí mismo ni se los causa a nada; de modo que no está sujeto a los sentimientos de ira o gratitud; pues estos sentimientos solo existen en lo que es débil. (En otros pasajes dice que los dioses son contemplados por la razón, algunos existiendo según el número, y otros según cierta similitud de forma, que surge del flujo continuo de imágenes semejantes, perfeccionadas precisamente para este propósito en forma humana).

2. La muerte no es nada para nosotros; pues lo que se disuelve carece de sensación, y lo que carece de sensación no es nada para nosotros.

3. El límite de la grandeza de los placeres es la eliminación de todo lo que puede causar dolor. Y donde hay placer, mientras dure, aquello que causa dolor, o aquello que siente dolor, o ambos, están ausentes.

4. El dolor no permanece continuamente en la carne, sino que en su extremo solo está presente un tiempo muy breve. Aquel dolor que apenas supera el placer en la carne no dura muchos días. Pero las enfermedades largas tienen en ellas más de lo que es placentero que doloroso para la carne.

5. No es posible vivir placenteramente sin vivir con prudencia, honorablemente y con justicia; ni vivir con prudencia, honorablemente y con justicia sin vivir placenteramente. Pero aquel a quien no le sucede vivir con prudencia, honorablemente y con justicia, no puede en modo alguno vivir placenteramente.

6. Con el propósito de sentir confianza y seguridad respecto de los hombres, y no con referencia a que la naturaleza del gobierno y el poder regio sean un bien, algunos hombres han deseado ser eminentes y poderosos, para que otros pudieran alcanzar este sentimiento por su medio; pensando que así asegurarían la protección en lo que respecta a los hombres. De modo que, si la vida de tales hombres es segura, han alcanzado la naturaleza del bien; pero si no es segura, entonces han fracasado en obtener aquello por lo que originalmente desearon el poder según el orden de la naturaleza.

7. Ningún placer es intrínsecamente malo: pero las causas eficientes de algunos placeres traen consigo muchísimas perturbaciones del placer.

8. Si cada placer fuera condensado, por así decirlo, y si cada uno durara largo tiempo y afectara a todo el cuerpo, o a las partes esenciales de él, entonces no habría diferencia entre un placer y otro.

9. Si aquellas cosas que producen los placeres de los hombres disolutos pusieran fin a los temores de la mente, y a aquellos que surgen sobre los cuerpos celestes, y la muerte, y el dolor; y si nos enseñaran cuál debe ser el límite de nuestros deseos, no tendríamos pretexto para culpar a quienes se entregan enteramente al placer, y que nunca sienten ningún dolor o pesar (que es el mal principal) de ninguna parte.

10. Si las aprensiones relativas a los cuerpos celestes no nos perturbaran, y si los terrores de la muerte no tuvieran que ver con nosotros, y si tuviéramos el coraje de contemplar los límites del dolor y de los deseos, no tendríamos necesidad de estudios fisiológicos.

11. No sería posible para una persona desterrar todo temor acerca de aquellas cosas que se llaman más esenciales, a menos que conociera cuál es la naturaleza del universo, o si tuviera alguna idea de que las fábulas contadas sobre él pudieran ser ciertas; y por eso es que una persona no puede disfrutar de un placer puro sin conocimiento fisiológico.

12. No serviría de nada que un hombre se asegurara protección en lo que respecta a los hombres, mientras estuviera en un estado de aprensión respecto de todos los cuerpos celestes, y los que están bajo la tierra, y en resumen, todos aquellos en lo infinito.

13. El poder irresistible y la gran riqueza pueden, hasta cierto punto, darnos seguridad en lo que respecta a los hombres; pero la seguridad de los hombres en general depende de la tranquilidad de sus almas y de su libertad respecto de la ambición.

14. Las riquezas de la naturaleza están definidas y son fácilmente obtenibles; pero los deseos vanos son insaciables.

15. El hombre sabio es poco favorecido por la fortuna; pero su razón le procura los bienes mayores y más valiosos, y estos los disfruta, y los disfrutará toda su vida.

16. El hombre justo es el más libre de todos los hombres de la inquietud; pero el hombre injusto es presa perpetua de ella.

17. El placer en la carne no aumenta, una vez que se elimina el dolor que surge de la carencia; solo se diversifica.

18. La felicidad más perfecta del alma depende de estas reflexiones, y de opiniones de carácter similar sobre todas aquellas cuestiones que causan la mayor alarma a la mente.

19. El tiempo infinito y el finito tienen ambos igual placer, si uno mide sus límites mediante la razón.

20. Si la carne pudiera experimentar placer sin límites, querría disponer de la eternidad.

21. Pero la razón, permitiéndonos concebir el fin y la disolución del cuerpo, y liberándonos de los temores relativos a la eternidad, nos procura toda la felicidad de la que la vida es capaz, tan completamente que no tenemos más necesidad de incluir la eternidad en nuestros deseos. En esta disposición de ánimo, el hombre es feliz incluso cuando sus problemas lo inducen a abandonar la vida; y morir así es para él solo interrumpir una vida de felicidad.

22. Quien conoce los límites de la vida sabe que aquello que elimina el dolor que surge de la carencia, y que hace perfecta la totalidad de la vida, es fácilmente obtenible; de modo que no tiene necesidad de aquellas cosas que solo pueden alcanzarse con dificultad.

23. Pero en cuanto al fin subsistente, debemos considerarlo con toda la claridad y evidencia con que nos referimos a cualquier cosa que pensamos y creemos; de otro modo, todas las cosas estarán llenas de confusión e incertidumbre de juicio.

24. Si te resistes a todos los sentidos, no tendrás siquiera nada a lo que puedas referirte, o por lo que puedas ser capaz de juzgar la falsedad de los sentidos que condenas.

25. Si simplemente descartas un sentido, y no distingues entre los diferentes elementos del juicio, de modo que conozcas por un lado la inducción que va más allá de la sensación actual, o por otro, la noción actual e inmediata; las afecciones, y todas las concepciones de la mente que se apoyan directamente en la representación sensible, estarás introduciendo confusión en el otro sentido, y destruyendo en ese frente toda especie de criterio.

26. Si permites igual autoridad a las ideas, que, siendo solo inductivas, requieren ser verificadas, y a aquellas que llevan en sí una certeza inmediata, no escaparás al error; pues estarás confundiendo opiniones dudosas con aquellas que no lo son, y juicios verdaderos con aquellos de carácter diferente.

27. Si, en cada ocasión, no referimos cada una de nuestras acciones al fin principal de la naturaleza, si nos desviamos de eso para buscar o evitar algún otro objeto, habrá una falta de concordancia entre nuestras palabras y nuestras acciones.

28. De todas las cosas que la sabiduría proporciona para la felicidad de toda la vida, con mucho la más importante es la adquisición de la amistad.

29. La misma opinión anima al hombre a confiar en que ningún mal será eterno, o incluso de larga duración; pues ve que, en el espacio de vida que nos es asignado, la protección de la amistad es la más segura y digna de confianza.

30. De los deseos, algunos son naturales y necesarios, algunos naturales pero no necesarios, y algunos no son ni naturales ni necesarios, sino que deben su existencia a opiniones vanas. (Epicuro piensa que aquellos son naturales y necesarios los que ponen fin a los dolores, como la bebida cuando uno tiene sed; y que aquellos son naturales pero no necesarios los que solo diversifican el placer, pero no eliminan el dolor, como la comida costosa; y que estos no son ni naturales ni necesarios, que son tales como las coronas, o la erección de estatuas).

31. Aquellos deseos que no conducen al dolor, si no son satisfechos, no son necesarios. Es fácil imponerles silencio cuando parecen difíciles de gratificar, o susceptibles de producir perjuicio.

32. Cuando los deseos naturales, cuya falta de satisfacción no es, sin embargo, dolorosa, son violentos y obstinados, es una prueba de que hay una mezcla de opinión vana en ellos; pues entonces la energía no surge de su propia naturaleza, sino de las opiniones vanas de los hombres.

33. La justicia natural es un pacto de lo que es conveniente, que conduce a los hombres a evitar hacerse daño unos a otros y recibirlo.

34. Aquellos animales que son incapaces de entrar en un argumento de esta naturaleza, o de protegerse de hacer o sufrir daño mutuo, no tienen tal cosa como justicia o injusticia. Y el caso es el mismo con aquellas naciones cuyos miembros están poco dispuestos o son incapaces de entrar en un pacto para respetar sus intereses mutuos.

35. La justicia no tiene existencia independiente; resulta de contratos mutuos, y se establece donde hay un compromiso mutuo de protegerse contra hacer o sufrir daño mutuo.

36. La injusticia no es intrínsecamente mala; tiene este carácter solo porque se une a ella un temor de no escapar de aquellos que son designados para castigar acciones marcadas con ese carácter.

37. No es posible para un hombre que secretamente hace algo en contravención del acuerdo que los hombres han hecho entre sí, para protegerse contra hacer o sufrir daño mutuo, creer que siempre escapará a la atención, incluso si ya ha escapado a la atención diez mil veces; pues, hasta su muerte, es incierto si no será detectado.

38. Desde un punto de vista general, la justicia es la misma cosa para todos; pues hay algo ventajoso en la sociedad mutua. Sin embargo, la diferencia de lugar, y diversas otras circunstancias, hacen que la justicia varíe.

39. Desde el momento en que una cosa declarada justa por la ley es generalmente reconocida como útil para las relaciones mutuas de los hombres, se vuelve realmente justa, ya sea considerada universalmente como tal o no.

40. Pero si, por el contrario, una cosa establecida por la ley no es realmente útil para las relaciones sociales, entonces no es justa; y si aquello que era justo, en la medida en que era útil, pierde este carácter, después de haber sido durante algún tiempo considerado así, no es menos cierto que, durante ese tiempo, era realmente justo, al menos para aquellos que no se complican con palabras vanas, sino que prefieren, en cada caso, examinar y juzgar por sí mismos.

41. Cuando, sin que surjan circunstancias nuevas, una cosa que ha sido declarada justa en la práctica no concuerda con las impresiones de la razón, eso es una prueba de que la cosa no era realmente justa. Del mismo modo, cuando en consecuencia de nuevas circunstancias, una cosa que ha sido pronunciada justa ya no parece concordar con la utilidad, la cosa que era justa, en la medida en que era útil para las relaciones sociales y el intercambio de la humanidad, deja de ser justa en el momento en que deja de ser útil.

42. Quien desea vivir tranquilamente sin tener nada que temer de otros hombres, debe hacerse amigos; aquellos de quienes no puede hacerse amigo, debe, al menos, evitar convertirlos en enemigos; y si eso no está en su poder, debe, en la medida de lo posible, evitar todo trato con ellos, y mantenerlos alejados, en la medida en que sea de su interés hacerlo.

43. Los hombres más felices son aquellos que han llegado al punto de no tener nada que temer de quienes los rodean. Tales hombres viven entre sí del modo más agradable, teniendo los fundamentos más firmes de confianza mutua, disfrutando las ventajas de la amistad en toda su plenitud, y no lamentando, como una circunstancia digna de lástima, la muerte prematura de sus amigos.

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