La República y Utopía: las dos ciudades ideales
En la portada de la Utopía, Moro lo confiesa en verso: su isla es «rival de la ciudad platónica». Diecinueve siglos separan los dos experimentos de diseñar la sociedad perfecta.
Cuando Tomás Moro publicó la «Utopía» en 1516, puso en la portada un poemita donde la isla presume de ser «émula de la ciudad platónica» — y de superarla, porque lo que Platón «dibujó en palabras», Utopía dice haberlo realizado. El desafío no podía ser más explícito: la «República», escrita diecinueve siglos antes, es el primer diseño completo de una sociedad ideal, y la «Utopía» es su respuesta renacentista.
Las coincidencias son deliberadas: en ambas desaparece la propiedad privada, en ambas gobiernan los más sabios, en ambas la educación es asunto público. Las diferencias también: Platón habla en serio y funda su ciudad sobre la filosofía; Moro sonríe, llama a su isla «ningún lugar» y deja al lector la tarea de decidir cuánto iba en broma.
La RepúblicaPlatón9 h 30 min de lecturaVer la obra →2
UtopíaTomás Moro3 h 23 min de lecturaVer la obra →El orden que recomendamos
- 1. La RepúblicaPrimero: es el original al que todo lo demás responde, y plantea la pregunta — ¿qué es la justicia?9 h 30 min
- 2. UtopíaDespués: la réplica humanista, más breve y juguetona, que se disfruta doble reconociendo a qué responde.3 h 23 min
Lo que cada época pone en su ciudad
Comparar las dos ciudades es comparar dos civilizaciones. La de Platón se organiza para la verdad: filósofos gobernando, censura de los poetas, matemáticas obligatorias. La de Moro se organiza para el bienestar: seis horas de trabajo, comidas comunes, tolerancia religiosa (con límites), desprecio del oro. Donde el griego teme al cuerpo y a la opinión, el humanista teme a la avaricia y al orgullo. Cada utopía es la radiografía de los miedos de su siglo.
Una frase de cada una
proclamo que la justicia no es otra cosa que el interés del más fuerte
Han empezado a ser tan voraces e indomables que devoran a los hombres mismos.
Preguntas frecuentes
¿Moro copió la República de Platón?
La usó a conciencia, y lo dice: el poema de la portada llama a Utopía «émula de la ciudad platónica». Las ideas compartidas (comunidad de bienes, gobierno de los sabios) son homenaje y réplica a la vez; el tono —irónico, novelesco, con nombres que confiesan la broma— es enteramente suyo.
¿En qué orden conviene leerlas?
Primero la «República», que plantea la pregunta original sobre la justicia, y después la «Utopía», que responde desde otro mundo. Si la «República» impone (es larga), se puede invertir: la «Utopía» se lee en dos horas y media y deja con ganas de conocer a su rival.
¿Alguien más continuó el género?
Sí, y el siguiente eslabón es «La ciudad del Sol» de Campanella (1602), escrita en la cárcel. La tenemos anotada para completar el trío de ciudades ideales en Clasicalia.
¿Estas utopías se defendían en serio?
Es el gran debate en ambos casos. Platón parece más serio, aunque la «República» es también un experimento mental sobre el alma. Moro siembra señales de ironía por todas partes y, como personaje de su propio libro, declara no estar de acuerdo con todo. Quizá por eso siguen vivas: no son programas, son espejos.
