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Pareja · 4 h 16 min de lectura en total

El Lazarillo y Cándido: dos maneras de recorrer el mundo a golpes

A los dos les pega el mundo en la cara desde la primera página. Uno aprende a devolver los golpes; el otro, a cultivar su jardín.

El Lazarillo (1554) inventó la picaresca: un narrador de origen bajísimo cuenta su propia vida, de amo en amo, y al hacerlo retrata la sociedad desde abajo. Cándido (1759) es su descendiente ilustrado: un joven criado en la creencia de que vive en el mejor de los mundos posibles sale al mundo y recibe, capítulo a capítulo, la refutación.

Los dos son cortos, episódicos, divertidísimos y crueles. Y los dos terminan con una forma modesta de sabiduría: Lázaro se acomoda a costa de no mirar lo que no le conviene; Cándido decide que hay que cultivar el huerto. Dos maneras de rendirse con dignidad.

El orden que recomendamos

El mismo esqueleto

Protagonista de origen humilde, estructura de episodios, un amo o un maestro por capítulo, sátira social por acumulación y un narrador que sobrevive contándolo. Voltaire conocía la picaresca española; el parentesco no es casual.

La diferencia está en el objetivo. El Lazarillo dispara contra el clero y contra la honra: instituciones concretas de la España imperial. Cándido dispara contra una idea, el optimismo de Leibniz, y contra todo lo que se cruce — la Inquisición, la guerra, la esclavitud, los filósofos.

Dos finales que no consuelan

Lázaro acaba de pregonero en Toledo, casado con la criada del arcipreste y decidido a no enterarse de lo que todo el mundo comenta: «en la cumbre de toda buena fortuna», dice, y es la frase más irónica de la literatura española. Cándido acaba en una granja modesta con la conclusión de que hay que trabajar sin filosofar tanto. Ninguno de los dos ha triunfado; los dos han dejado de esperar.

Qué se aprende leyéndolos juntos

Que la sátira funciona mejor desde abajo y en primera persona. Y que dos siglos de distancia no cambian el mecanismo: se pone a un inocente a recorrer el mundo, se le van cayendo las ilusiones una a una y el lector va sacando sus propias conclusiones sin que nadie se las diga.

Una frase de cada una

Pues sepa vuestra merced ante todas cosas que a mí me llaman Lázaro de Tormes, hijo de Tomé González y de Antona Pérez, naturales de Tejares, aldea de Salamanca.
El Lazarillo de Tormes · Anónimo
Está demostrado, decía, que las cosas no pueden ser de otro modo; pues estando todo hecho para un fin, todo es necesariamente para el mejor fin.
Cándido · Voltaire

Preguntas frecuentes

¿Cuál leer primero?

El Lazarillo, por cronología y porque es el modelo. Además es más corto: hora y media frente a las dos horas y media de Cándido.

¿El Lazarillo se entiende hoy?

Nuestra edición está modernizada con cuidado: se actualiza la ortografía y el léxico que hoy resulta opaco, respetando la sintaxis, los refranes y la voz de Lázaro. Se lee de corrido sin perder el sabor del XVI.

¿Por qué el Lazarillo es anónimo?

Porque su sátira contra el clero hacía peligroso firmarla: la Inquisición lo prohibió en 1559. Se han propuesto muchos autores sin prueba definitiva, y el anonimato refuerza el juego: quien habla es Lázaro, no un literato.

¿Qué es «cultivar nuestro jardín»?

La última frase de Cándido y una de las más citadas de la Ilustración: después de recorrer el mundo y comprobar el desastre, la conclusión no es una teoría sino una tarea. Trabajar lo que está a tu alcance, y dejar de discutir sobre la providencia.

¿Cuánto se tarda en leerlos?

Unas cuatro horas los dos. Son las dos novelas cortas perfectas para empezar a leer clásicos: rápidas, episódicas y con humor.