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Cuál leer primero

Noches blancas o La muerte de Iván Ilich: por dónde entrar a los rusos

Dostoievski te rompe el corazón en cuatro noches. Tolstói te lo detiene en doce capítulos.

Son las dos puertas pequeñas de las dos catedrales rusas: novelas cortas, de una tarde, escritas por los dos gigantes que suelen intimidar por el tamaño de sus otras obras. Ninguna intimida: una es una historia de amor y la otra, la historia de un hombre que se muere. No hay literatura más directa.

Elegir la primera es elegir el ánimo: «Noches blancas» duele con dulzura y deja una tristeza luminosa; «Iván Ilich» aprieta sin soltar y deja una pregunta que sigue sonando semanas después. Las dos están aquí completas, traducidas directamente del ruso.

Dostoievski, el soñador de veintiséis años

Cuando escribió «Noches blancas» (1848), Dostoievski era una joven promesa de San Petersburgo: aún no había pasado por la condena a muerte, el indulto ante el pelotón ni los años de Siberia que lo convertirían en el escritor de los abismos. Este es su libro más tierno: un soñador solitario, una muchacha que espera a otro, cuatro noches de conversación bajo un cielo que no llega a oscurecer.

Tolstói, el maestro después de la crisis

Cuando escribió «La muerte de Iván Ilich» (1886), Tolstói tenía 58 años, había publicado «Guerra y paz» y «Ana Karénina», y acababa de atravesar la crisis espiritual que le hizo replantearse la vida entera. De esa mirada salió este relato: un juez correcto, una enfermedad absurda, y la pregunta de si una vida hecha «como se debe» ha sido una vida.

En qué se parecen

Las dos son novelas cortas perfectas: ni una escena sobrante, un solo personaje al centro, y un final que reordena todo lo leído. Las dos tratan de vidas no vividas —el soñador que nunca ha hablado con nadie, el juez que nunca se ha preguntado nada— y las dos se leen en una tarde.

Y las dos son la mejor refutación del miedo a «los rusos»: aquí no hay cuatrocientos personajes con tres nombres cada uno. Hay un hombre, una voz y un golpe directo.

Una frase de cada uno

Fue una noche maravillosa, una de esas noches que solo pueden existir cuando somos jóvenes, querido lector.
Noches blancas · Fiódor Dostoievski

La primera línea del libro: el tono entero de la novela en una frase

La historia pasada de la vida de Iván Ilich fue de lo más simple y ordinaria, y de lo más terrible.
La muerte de Iván Ilich · Lev Tolstói

La frase que resume el libro: lo terrible no fue lo extraordinario de esa vida, sino lo corriente

Las diferencias, una a una

Noches blancasLa muerte de Iván Ilich
Qué esUna historia de amor en cuatro nochesLa historia de una muerte anunciada desde el título
TonoLírico, febril, enternecedorSobrio, quirúrgico, implacable
El protagonistaUn soñador sin nombre que vive de fantasearUn juez con toda la vida «correcta» a cuestas
La pregunta¿Cuenta la dicha aunque dure un minuto?¿Y si no he vivido como debía?
El finalUna gratitud que rompe el corazónUna luz donde debía estar el miedo
Estructura6 partes: cuatro noches, una historia y una mañana12 capítulos que empiezan por el funeral

Cuál leer primero

Empieza por «Noches blancas» si quieres enamorarte de la literatura rusa: es la entrada amable, la que regala una voz inolvidable y una tristeza que no pesa. Es también la más corta de las dos.

Empieza por «Iván Ilich» si quieres el golpe: pocas lecturas cambian tanto en tan pocas páginas. Es el libro que se recomienda cuando alguien pide «algo que me remueva de verdad».

El orden redondo: primero el amor, después la muerte. Dostoievski te abre; Tolstói te cierra — y entre los dos te dejan lector de rusos para siempre.

Por dónde entrar en cada uno

Si solo vas a leer una cosa de cada libro, que sea esta:

Preguntas frecuentes

¿Cuál es más corta?

«Noches blancas», ligeramente: ambas rondan la hora y media de lectura. Son las obras breves ideales de sus autores: nada que ver con las mil páginas de sus novelas mayores.

¿Son difíciles, como fama tienen los rusos?

Ninguna. Son las dos obras que desmienten esa fama: un solo protagonista, una historia lineal y prosa directa. Por algo son las puertas de entrada clásicas a ambos autores.

¿Por qué se ha puesto tan de moda «Noches blancas»?

Porque una nueva generación la ha redescubierto como lo que es: una historia de amor no correspondido, breve y devastadora, con un narrador en el que es fácil reconocerse. El fenómeno empezó en redes de lectores y ha llenado las librerías de ediciones nuevas.

¿Qué leer después de estas dos?

Si te pudo «Noches blancas», el salto natural es más Dostoievski breve. Si te pudo «Iván Ilich», Séneca —«Sobre la brevedad de la vida»— y las «Meditaciones» de Marco Aurelio siguen la misma pregunta desde la filosofía; ambos están completos en Clasicalia.

¿Están completas y gratis?

Sí, las dos, traducidas directamente del ruso para Clasicalia, sin registro. Y si las prefieres en papel o Kindle, tendremos ambas ediciones en Amazon.