El capote o Bartleby: los dos copistas que fundaron la oficina moderna
Uno ahorra media vida para comprarse un abrigo. El otro decide, un martes, que preferiría no hacerlo.
Un copista de San Petersburgo y un copista de Wall Street, separados por diez años y por un océano, sin que ninguno de los dos autores supiera del otro. Los dos escriben documentos ajenos a mano, los dos viven en un rincón, y los dos desaparecen sin que la oficina note gran cosa.
Son los dos relatos que inventaron un personaje que no existía en la literatura: el empleado. De ellos vienen Kafka, la novela de oficina del siglo XX y casi todo lo que se ha escrito después sobre el trabajo que consume una vida sin dejar rastro.
El capoteNikolái Gógol1 h 03 min de lecturaLeer gratis →
Bartleby, el escribienteHerman Melville1 h 10 min de lecturaLeer gratis →Gógol, el ucraniano que escribió Rusia desde Roma
Cuando publicó «El capote» (1842), Gógol llevaba seis años viviendo fuera de Rusia y era el escritor más celebrado y más temido del país: «El inspector» le había granjeado enemigos en toda la administración. Su copista, Akaki Akákievich, quiere una sola cosa en la vida, y el relato trata de qué pasa cuando se la quitan.
Melville, el marino que había dejado de vender libros
Cuando publicó «Bartleby» (1853), Melville venía del fracaso de «Moby Dick»: nadie la había entendido y su carrera se hundía. Escribió por encargo, para una revista, la historia de un escribiente que un día contesta «preferiría no hacerlo» y ya no vuelve a hacer nada más.
En qué se parecen
Los dos son relatos cortos sobre un hombre invisible, contados por una voz que no es la suya: en Gógol, un narrador chismoso que se va por las ramas; en Melville, el jefe, que cuenta la historia para justificarse. Ninguno de los dos protagonistas explica nada de sí mismo.
Los dos empiezan en clave cómica y terminan en un sitio del que no se sale. Y los dos acaban con una coda que se aparta de la historia —un fantasma en San Petersburgo, un rumor sobre cartas no entregadas en Washington— para dejar caer, ahí y de pasada, lo que el relato significaba.
Una frase de cada uno
En el departamento… pero mejor no decir en qué departamento.
La primera línea: el narrador empieza a contar y se arrepiente
Preferiría no hacerlo.
La respuesta de Bartleby, repetida hasta desmontar el mundo
Las diferencias, una a una
| El capote | Bartleby, el escribiente | |
|---|---|---|
| Dónde | San Petersburgo, un departamento sin nombre | Wall Street, un despacho de abogado |
| El protagonista | Akaki Akákievich, consejero titular eterno | Bartleby, escribiente recién contratado |
| Qué quiere | Un capote nuevo. Nada más en toda su vida | Nada. Y ahí está el problema |
| Quién narra | Un charlatán que se pierde en digresiones | El jefe, incómodo y culpable |
| La frase | «Dejadme, ¿por qué me hacéis daño?» | «Preferiría no hacerlo» |
| El final | Un fantasma que arranca capotes por la ciudad | Un rumor sobre la oficina de cartas muertas |
| Duración | Una hora | Una hora |
Cuál leer primero
Empieza por «El capote» si quieres entender de dónde viene todo: es el anterior, el que puso al empleado en el centro de la literatura y el que Dostoievski señaló como origen. Además tiene más aire: hay chismes, un sastre borracho, una fiesta y un fantasma.
Empieza por «Bartleby» si te interesa la incomodidad pura. Es más seco, más raro y más moderno: no explica nada, no hay peripecia y la resistencia del protagonista no tiene causa ni programa.
El orden redondo es el cronológico: primero Gógol, que da nombre al personaje, y después Melville, que le quita hasta el deseo. Entre los dos, dos horas de lectura y el retrato completo de lo que una oficina le hace a una persona.
Para trabajarlo en clase
Cinco ejes de comparación, del más sencillo al que da para un comentario largo. Los dos textos están completos aquí, así que todo se puede comprobar sobre la obra.
- Comparar las dos frases repetidas —«Dejadme, ¿por qué me hacéis daño?» y «Preferiría no hacerlo»— y contar cuántas veces aparece cada una.
- Los dos narradores hablan de sí mismos sin querer: reunir las frases en que se retratan.
- Akaki desea algo y Bartleby no desea nada: discutir cuál de las dos maneras de desaparecer resulta más inquietante.
- Los dos finales se van por la tangente. Analizar qué añade cada coda y qué pasaría si se suprimiera.
- Buscar en el aula ejemplos actuales de trabajos que consisten en copiar y pegar: qué han cambiado ciento ochenta años.
Por dónde entrar en cada uno
Si solo vas a leer una cosa de cada libro, que sea esta:
- El capoteParte 1: Akaki Akákievich y su vida de copista16 min
- Bartleby, el escribienteParte 1: El narrador y sus empleados16 min
Preguntas frecuentes
¿Cuál es más corto?
«Bartleby», algo más: los dos rondan la hora de lectura. Son relatos, no novelas.
¿Se influyeron?
No. «El capote» es de 1842 y «Bartleby» de 1853, y no hay ningún indicio de que Melville conociera a Gógol: no había traducciones al inglés. Que llegaran a lo mismo por separado es parte de lo interesante.
¿Cuál es más difícil?
Ninguno lo es. «El capote» pide aguantar las digresiones del narrador; «Bartleby», aguantar que no haya explicación. Son dos incomodidades distintas y ambas breves.
¿Por qué se los relaciona con Kafka?
Porque los dos ponen a un hombre pequeño frente a una maquinaria que no discute con él, y cuentan lo enorme con lenguaje administrativo. Kafka leyó a Gógol; a Melville, probablemente no.
¿Están completos y gratis?
Sí, los dos, íntegros y en traducción nueva al español de hoy, sin registro. «El capote», directamente del ruso; «Bartleby», del inglés.
