
Un abogado de Wall Street contrata a un copista pálido y silencioso que trabaja como una máquina — hasta el día en que, ante un encargo rutinario, responde con la frase más desconcertante de la literatura: «Preferiría no hacerlo». No se niega; preferiría no hacerlo. Y a partir de ahí, prefiere no hacer nada más, sin moverse de la oficina, con una mansedumbre contra la que no hay autoridad que valga. Melville escribió en 1853 este relato que el siglo XX adoptó como profecía: la oficina como destino, la resistencia pasiva, el empleado que un día se detiene. Kafka, Camus y media filosofía contemporánea salen de esta madriguera; Deleuze le dedicó un ensayo; los lectores, desde entonces, no saben si Bartleby es un enfermo, un santo o un espejo. Se lee en una hora y cuarto. En Clasicalia conversa con «La metamorfosis» —el otro empleado que un día no pudo más— y con «La muerte de Iván Ilich».
Se publicó anónimo en 1853, cuando la carrera de Melville se hundía tras el fracaso comercial de «Moby Dick». El público lo ignoró; la posteridad lo ha convertido en el relato norteamericano más influyente del siglo XIX.
El subtítulo original —«una historia de Wall Street»— es parte del sentido: el primer gran relato del mundo de oficinas, los muros ciegos y el trabajo administrativo, escrito cuando ese mundo acababa de nacer.
Esta edición traduce el inglés completo, con la fórmula célebre fijada siempre igual —«Preferiría no hacerlo»— y los apodos de los copistas traducidos y presentados con su original, en español actual.
Preferiría no hacerlo.
¡Ah, Bartleby! ¡Ah, humanidad!
Mis oficinas estaban en el piso superior del número tal de Wall Street.
Puedo ver esa figura ahora: ¡pálidamente pulcro, lastimosamente respetable, incurablemente desamparado! Era Bartleby.
En encargos de vida, estas cartas se apresuran hacia la muerte.
Permanecí un rato en perfecto silencio, recobrando mis facultades aturdidas.
Un abogado de Wall Street contrata a Bartleby como copista. Trabaja bien hasta que un día, ante la petición de cotejar un documento, responde «preferiría no hacerlo». La fórmula se extiende a todo: cotejar, copiar, marcharse, comer. El abogado, incapaz de echarlo por la fuerza, acaba mudándose de oficina; Bartleby termina en la cárcel de las Tumbas, donde prefiere no vivir.
Es una negativa sin conflicto: no dice «no quiero» ni da razones — expresa una preferencia, y contra una preferencia amable no hay argumento ni castigo que funcione. En el original, «I would prefer not to». La crítica lleva siglo y medio discutiendo si es depresión, resistencia pasiva, santidad o pura lógica llevada al límite.
Por el absurdo administrativo (una oficina, un empleado, una regla que se rompe sin motivo), el protagonista opaco y la mezcla de comedia y desolación. Borges lo señaló: Melville escribió en 1853 un cuento que parece traducido de Kafka — con la diferencia de que Kafka nacería treinta años después.
El único dato del pasado de Bartleby: un rumor dice que trabajó en la Oficina de Cartas Muertas de Washington, quemando correo imposible de entregar — dinero para quien ya no puede cobrarlo, perdones para quien ya murió. Melville deja que ese oficio explique (o no) al personaje.
Poco más de una hora: unas 14.000 palabras en cinco partes. Es la puerta de entrada perfecta a Melville — mucho más corta que Moby Dick y con su misma pregunta al fondo: qué hacer ante lo que no se deja entender.
Esta edición de Bartleby, el escribiente es una traducción moderna al español propia de Clasicalia, elaborada a partir del texto original de dominio público y revisada para que sea fiel al original y natural de leer hoy. La ofrecemos íntegra y gratis, para leer online sin registro ni descargas. Si prefieres la edición cuidada en papel o Kindle, la publicamos en Amazon.
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Herman Melville (2026). Bartleby, el escribiente (Clasicalia, trad.). Clasicalia. https://clasicalia.com/bartleby-el-escribiente/
Herman Melville. Bartleby, el escribiente. Traducción de Clasicalia, Clasicalia, 2026, clasicalia.com/bartleby-el-escribiente/.
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