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Cuál leer primero

El burlador de Sevilla o Don Juan Tenorio: los dos don Juanes, comparados

El mismo hombre, la misma estatua, la misma cena. Doscientos años después, el infierno se convierte en un final feliz.

Son la misma historia contada dos veces, y la diferencia está en la última escena. Un noble sevillano seduce por engaño, mata al padre de una de sus víctimas, se burla de su sepulcro invitándolo a cenar, y la estatua acude. Hasta ahí, Tirso y Zorrilla coinciden.

Lo que pasa después no puede ser más distinto. En 1630, don Juan pide confesión cuando la estatua ya lo tiene agarrado y se le contesta que no hay tiempo: se lo lleva el fuego. En 1844, el alma de doña Inés lo espera para salvarlo. Entre los dos finales caben la Contrarreforma y el Romanticismo enteros.

Por eso se estudian juntos, y por eso conviene leerlos en orden: el de Zorrilla se entiende el doble sabiendo qué cambió.

Tirso de Molina, el fraile que inventó a don Juan

Gabriel Téllez (h. 1579-1648) era mercedario y escribía comedias con seudónimo. El burlador de Sevilla y convidado de piedra se imprimió en 1630, y con él nació uno de los tres personajes españoles que Europa hizo suyos, junto a don Quijote y Carmen.

Su don Juan no es un enamorado: es un burlador. Lo que le divierte no es la mujer, es el engaño. Y su pecado no es la lujuria sino la presunción de que podrá arrepentirse cuando le convenga — «¡tan largo me lo fiáis!». La obra existe para demostrarle que se equivoca.

Zorrilla, el romántico que lo indultó

José Zorrilla (1817-1893) escribió Don Juan Tenorio en 1844 y en tres semanas, según él mismo confesó, y siempre lo tuvo por obra menor. Es la más representada del teatro español: se pone en escena cada 1 de noviembre desde hace siglo y medio.

Su don Juan sí se enamora, y ahí está el giro. Doña Inés no es una víctima más: es la que lo redime. Zorrilla toma al condenado de Tirso y lo salva, porque el Romanticismo cree que el amor puede más que la ley y más que la muerte.

En qué se parecen

La armazón es la misma y Zorrilla no lo esconde: un seductor que presume de sus conquistas, una lista de mujeres engañadas, un padre muerto a manos del burlador, un sepulcro, una invitación a cenar hecha por burla y una estatua que se presenta a la hora. Los dos están escritos en verso, los dos transcurren en Sevilla y los dos tienen un criado cobarde que avisa de lo que va a pasar: Catalinón en Tirso, Ciutti en Zorrilla.

Y en los dos, la escena que todo el mundo recuerda es la misma: la cena con el muerto.

Una frase de cada uno

Sevilla a voces me llama el burlador, y el mayor gusto que en mí puede haber es burlar una mujer y dejarla sin honor.
El burlador de Sevilla · Tirso de Molina

Don Juan se presenta a sí mismo: lo que le mueve no es el deseo, es la burla

¡Cuál gritan esos malditos! Pero, ¡mal rayo me parta si en concluyendo la carta no pagan caros sus gritos!
Don Juan Tenorio · José Zorrilla

Los primeros versos de la obra, con don Juan escribiendo en la hostería

Las diferencias, una a una

El burlador de SevillaDon Juan Tenorio
Año16301844
GéneroComedia del Siglo de Oro, tres actosDrama romántico, dos partes y siete actos
Qué mueve a don JuanLa burla: engañar por el gusto de engañarEl desafío primero; el amor después
Las mujeresCuatro burladas de cuatro clases distintasUna apuesta con don Luis, y doña Inés lo cambia todo
El criadoCatalinón, que avisa y no le hacen casoCiutti, cómplice más que conciencia
Doña InésNo existeEl centro de la obra: la novicia que lo redime
El finalSe condena: pide confesión y ya no hay tiempoSe salva: el alma de doña Inés lo espera
Qué defiendeQue la justicia divina no se aplazaQue el amor redime hasta al peor
Duración~2 h 30~2 h

Cuál leer primero

Empieza por el de Tirso. Es el original, es más corto de lo que parece y sin él el de Zorrilla se lee a medias: no se ve qué está cambiando ni por qué era escandaloso cambiarlo.

Ve al de Zorrilla justo después, y a poder ser en voz alta: su verso está hecho para sonar, y la escena del sofá («¿No es verdad, ángel de amor…?») es de las pocas que media España sabe de memoria.

Si solo puedes leer uno y es para clase, mira el temario: casi siempre piden el de Zorrilla. Si es por gusto, el de Tirso es más duro, más rápido y más moderno de lo que su fecha sugiere.

Para trabajarlo en clase

Cinco ejes de comparación, del más sencillo al que da para un comentario largo. Los dos textos están completos aquí, así que todo se puede comprobar sobre la obra.

  1. Contar las veces que aparece «tan largo me lo fiáis» en Tirso y explicar qué función tiene la repetición.
  2. Comparar las dos escenas de la cena con la estatua, línea a línea: qué se conserva y qué cambia.
  3. Doña Inés no existe en Tirso. Argumentar qué necesitaba Zorrilla que no le daba el original.
  4. Los dos criados, Catalinón y Ciutti: quién avisa y quién ayuda, y qué dice eso de cada don Juan.
  5. Debate: ¿el don Juan de Zorrilla se salva por amor o por conveniencia del público del XIX?

Por dónde entrar en cada uno

Si solo vas a leer una cosa de cada libro, que sea esta:

Preguntas frecuentes

¿Cuál es el don Juan original?

El de Tirso de Molina, «El burlador de Sevilla y convidado de piedra», impreso en 1630. Todos los demás —Molière, Mozart, Byron, Zorrilla— vienen de ahí.

¿Cuál es la diferencia principal?

El final. El de Tirso se condena; al de Zorrilla lo salva el amor de doña Inés. Todo lo demás —las conquistas, el muerto, la estatua, la cena— es común.

¿Por qué se representa el Tenorio el 1 de noviembre?

Porque su segunda parte transcurre la noche de Difuntos, entre sepulcros. La costumbre arraigó en el siglo XIX y aún se mantiene en muchos teatros.

¿Existe doña Inés en la obra de Tirso?

No. Es invención de Zorrilla, y es justamente lo que permite el final feliz: en Tirso no hay ninguna mujer que ame a don Juan, solo mujeres a las que engaña.

¿Cuál es más difícil de leer?

Los dos están en verso y los dos se leen bien. El de Tirso tiene más léxico del XVII; el de Zorrilla es más largo pero de idioma más cercano. Aquí los dos están en español de hoy.