
Ilustración
1694 – 1778 · París y Ferney
Estuvo en la Bastilla, desterrado en Inglaterra y prohibido en media Europa; a los ochenta y tres años volvió a París y lo recibieron como a un rey.
1 obra suya en Clasicalia, completa y gratis.
Se llamaba François-Marie Arouet y se inventó el nombre de Voltaire a los veinticuatro años, al salir de su primera estancia en la Bastilla. Había entrado por unos versos satíricos contra el regente. Volvería a entrar años después, tras una pelea con un noble que ordenó a sus criados apalearlo.
De aquello salió desterrado a Inglaterra, y aquel destierro lo cambió: descubrió un país con tolerancia religiosa, libertad de prensa y ciencia newtoniana, y volvió convertido en propagandista de todo ello. Vivió luego quince años con Émilie du Châtelet, matemática y física, en el castillo de Cirey.
Pasó tres años en la corte de Federico II de Prusia y acabó mal. Desde 1759 se instaló en Ferney, junto a la frontera suiza, para poder cruzarla si venían a por él. Desde allí escribió a toda Europa y llevó campañas públicas por víctimas de errores judiciales, como el caso Calas. Volvió a París en 1778, a los ochenta y tres años, y murió aclamado a las pocas semanas.
La Francia del XVIII tiene censura previa, cárcel por escribir y ejecuciones por blasfemia. Voltaire publica casi todo con nombre falso o fuera del país. El «infame» al que decía querer aplastar no era la religión, sino el fanatismo con poder para matar.
Todas se leen enteras aquí, gratis y sin registro.
«Cándido» es una demolición de la idea de Leibniz de que vivimos en el mejor de los mundos posibles. El terremoto de Lisboa fue lo que puso a Voltaire en pie de guerra contra esa consolación.
Su defensa de la libertad religiosa no es sentimental: donde hay una sola secta hay tiranía, donde hay dos se degüellan, donde hay treinta se vive en paz.
Prefirió el cuento corto y la burla al tratado. Comprendió antes que nadie que una idea ridiculizada no se recupera.
El final de «Cándido» no propone una teoría, propone dejar de teorizar y ponerse a trabajar en lo que uno tiene delante. Es la frase más citada de toda la Ilustración.
Empieza por «Cándido» y no lo tomes en serio como novela. Es un cuento veloz, con capítulos de dos páginas, en el que los personajes son atropellados por todas las desgracias posibles a un ritmo de comedia.
Lo que hay debajo sí va en serio: la guerra, la Inquisición, la esclavitud y el terremoto de Lisboa aparecen tal cual, y estaban en los periódicos de aquel año.
Después, el «Tratado sobre la tolerancia», que es el Voltaire militante y sigue siendo asombrosamente actual.
Aquí está «Cándido», su cuento más famoso. Faltan los otros cuentos filosóficos —«Zadig», «Micromegas», «El ingenuo»—, las «Cartas filosóficas», el «Tratado sobre la tolerancia» escrito a raíz del caso Calas, el «Diccionario filosófico» y una correspondencia inmensa: más de veinte mil cartas.
También: frases de Voltaire, comprobadas una a una contra el texto publicado.
Cinco ejes para preparar un trabajo o una sesión sobre el autor. Todo se puede comprobar sobre los textos, que están aquí completos.
Es un cuento filosófico: una fábula con tesis. No busca personajes verosímiles, sino demostrar algo riéndose.
Contra el optimismo filosófico de Leibniz, popularizado como «todo es para bien en el mejor de los mundos posibles». Pangloss es su caricatura.
No. Son unas cien páginas, capítulos cortísimos y ritmo de tebeo. Es de los clásicos que menos cuesta empezar.
No. La frase la escribió su biógrafa Evelyn Beatrice Hall en 1906, resumiendo su actitud. Resume bien, pero no es suya.
No: era deísta. Creía en un dios relojero que no interviene, y desconfiaba tanto del ateísmo como de la Iglesia.