
Poesía latina
70 – 19 a.C. · Mantua, Roma y Nápoles
Pidió en su lecho de muerte que quemaran la «Eneida» porque no la había terminado de corregir. Augusto lo prohibió, y por eso existe.
1 obra suya en Clasicalia, completa y gratis.
Nació cerca de Mantua, en el norte de Italia, hijo de un campesino acomodado. Estudió en Cremona, Milán y Roma. Era tímido, enfermizo y huraño; en Roma lo reconocían por la calle y él se escondía en la casa más cercana.
Sus «Bucólicas» le dieron fama y la protección de Mecenas, el consejero de Augusto que financiaba a los poetas. Escribió después las «Geórgicas», cuatro libros sobre agricultura que son, contra todo pronóstico, uno de los poemas más bellos del latín.
Dedicó los últimos once años a la «Eneida», el poema nacional que Augusto quería para Roma. Viajaba por Grecia para revisarla cuando enfermó; murió en Brindisi en el 19 a.C. Había dejado dicho que se quemara el manuscrito porque le faltaban tres años de corrección. Augusto ordenó publicarla igualmente, con los versos incompletos incluidos.
Augusto acababa de terminar un siglo de guerras civiles y necesitaba un relato fundacional que uniera Roma con Troya y legitimara su poder. La «Eneida» es ese encargo. Lo notable es que Virgilio lo cumple y a la vez lo llena de dudas: el poema está lleno de derrotados que dan pena.
Todas se leen enteras aquí, gratis y sin registro.
Eneas no es Aquiles: no busca gloria, cumple un deber. Su epíteto es pius, el que respeta lo que debe a los dioses, al padre y a la patria. Es un héroe romano, no griego.
Dido se suicida, Turno muere suplicando, Palinuro cae al mar. El poema celebra la fundación de Roma y no oculta a cuánta gente le costó.
Sunt lacrimae rerum: hay lágrimas en las cosas y lo mortal toca el corazón. Tres palabras del libro I que resumen el tono de todo el poema.
La «Eneida» termina con Eneas matando a Turno en un arrebato de ira, sin epílogo ni celebración. Que el poema del imperio acabe así lleva dos mil años discutiéndose.
Empieza por los libros I a IV, que son la parte más novelesca: la tormenta, la llegada a Cartago, el relato de la caída de Troya y la historia de Dido. El libro IV, el de Dido, es de lo mejor que se ha escrito nunca sobre el amor abandonado.
El libro VI es el otro imprescindible: el descenso al mundo de los muertos que Dante imitaría mil cuatrocientos años después.
Los libros VII a XII son de guerra y se hacen más largos. Puedes dejarlos para una segunda vuelta sin perder lo esencial.
Aquí está «La Eneida» completa, sus doce libros. Faltan las «Bucólicas» y las «Geórgicas», que son breves y magníficas.
Para el contraste, «La Ilíada» y «La Odisea» de Homero están en Clasicalia: Virgilio las tenía delante mientras escribía, y los seis primeros libros imitan a la «Odisea» y los seis últimos a la «Ilíada».
Dónde aparece su obra frente a la de otro autor, con lo que aporta cada una y cuál conviene leer antes.
También: frases de Virgilio, comprobadas una a una contra el texto publicado.
Cinco ejes para preparar un trabajo o una sesión sobre el autor. Todo se puede comprobar sobre los textos, que están aquí completos.
Ayuda mucho, pero no es imprescindible. Virgilio explica lo necesario y la historia se sigue sola.
No del todo. Hay unos sesenta versos incompletos que se publicaron tal cual, y él quería tres años más de corrección.
Por perfeccionismo: la consideraba impublicable en ese estado. Augusto lo impidió y encargó la edición a dos amigos del poeta.
Es un encargo imperial, sin duda. Pero el poema está lleno de compasión por los vencidos, y por eso se ha leído durante siglos también como una crítica.
Porque era el poeta latino por excelencia y porque en el libro VI había hecho ya el viaje al más allá. Dante lo llama «mi maestro y mi autor».