
Patrística
354 – 430 · Tagaste e Hipona (Argelia)
Escribió el primer libro de la historia en que alguien cuenta su vida interior, incluidos los robos de peras y las oraciones que pedía castidad «pero todavía no».
1 obra suya en Clasicalia, completa y gratis.
Nació en Tagaste, en el norte de África romano, de padre pagano y madre cristiana, Mónica, que lo persiguió con su fe toda la vida. Estudió retórica en Cartago, donde llevó una juventud disipada y tuvo un hijo, Adeodato, con una mujer con la que convivió trece años y de la que nunca escribió el nombre.
Fue maniqueo durante nueve años, luego escéptico, y acabó de profesor de retórica en Milán. Allí escuchó predicar a Ambrosio y leyó a los neoplatónicos. En el verano del 386, en un jardín, oyó una voz infantil que decía «toma y lee», abrió las cartas de san Pablo por azar y se convirtió. Fue bautizado la Pascua siguiente.
Volvió a África, lo hicieron obispo de Hipona casi contra su voluntad y allí pasó treinta y cinco años predicando, discutiendo con herejes y escribiendo sin parar: más de cien libros. Murió en el 430 mientras los vándalos sitiaban su ciudad.
Agustín vive el desmoronamiento del Imperio romano de Occidente: Roma es saqueada en el 410 y él escribe «La ciudad de Dios» para responder a quienes culpaban de ello al cristianismo. Cuando muere, los vándalos están a las puertas de su ciudad. Es el último gran autor del mundo antiguo y el primero del medieval.
Todas se leen enteras aquí, gratis y sin registro.
Antes de él se escribían hechos, no estados de ánimo. Las «Confesiones» inauguran el relato de la propia conciencia, y de ahí sale todo, de Rousseau a la novela moderna.
Su oración de juventud, que él cita para reírse de sí mismo, es el retrato más honesto de la voluntad dividida que se ha escrito.
El libro XI se pregunta qué es el tiempo y responde: «Si nadie me lo pregunta, lo sé; si quiero explicarlo, no lo sé». Sigue siendo una de las páginas más citadas de la filosofía.
«Nos hiciste para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.» Es la frase que abre el libro y la que lo resume.
Empieza por los libros I al IX, que son la parte narrativa: la infancia, el robo de las peras, Cartago, el maniqueísmo, Milán, la conversión en el jardín y la muerte de Mónica. Eso es lo que se lee como una vida.
Los libros X al XIII cambian de género: son reflexión sobre la memoria, el tiempo y el Génesis. El XI, el del tiempo, merece leerse aunque se salten los otros.
El robo de las peras, en el libro II, es la escena a la que todo el mundo vuelve: cuenta cómo robó una fruta que no quería solo por el placer de hacer el mal.
Aquí están las «Confesiones». Falta «La ciudad de Dios», su obra monumental sobre la historia; el «De Trinitate», sus sermones y una correspondencia enorme. Escribió más de cien libros y se conservan casi todos.
También: frases de San Agustín, comprobadas una a una contra el texto publicado.
Cinco ejes para preparar un trabajo o una sesión sobre el autor. Todo se puede comprobar sobre los textos, que están aquí completos.
No. Es el primer gran libro sobre la vida interior y se lee como tal. La parte narrativa funciona para cualquier lector.
No es solo confesar pecados: en latín <em>confessio</em> significa también reconocimiento y alabanza. El libro es las tres cosas.
La parte narrativa, nada. Los últimos libros son filosóficos y densos; se pueden dejar.
Se bautizó con él y murió adolescente. Agustín lo recuerda en el libro IX con una contención impresionante.
Por «La ciudad de Dios» si quieres su pensamiento histórico, o por Boecio, que está en Clasicalia y escribe un siglo después con la misma herencia.