
Racionalismo
1596 – 1650 · Francia, Holanda y Estocolmo
Se propuso dudar de absolutamente todo para ver qué quedaba en pie. Quedó una sola cosa, y sobre ella construyó la filosofía moderna.
1 obra suya en Clasicalia, completa y gratis.
Nació en La Haye, en Turena, en una familia de la pequeña nobleza de toga. Se educó con los jesuitas de La Flèche, donde recibió una formación excelente y salió, según él mismo, convencido de que no sabía nada seguro.
Se alistó como voluntario en varios ejércitos para ver mundo. En noviembre de 1619, acuartelado en Alemania, pasó un día entero encerrado junto a una estufa y tuvo tres sueños que interpretó como la revelación de su método. Tenía veintitrés años.
Vivió veinte años en Holanda, cambiando de casa constantemente para que no lo molestaran, y allí escribió casi toda su obra. En 1633 retiró su tratado del mundo al enterarse de la condena de Galileo. En 1649 aceptó ir a Estocolmo como preceptor de la reina Cristina, que exigía clases a las cinco de la mañana en pleno invierno. Murió de neumonía a los cuatro meses.
Es el momento en que la ciencia nueva —Galileo, Kepler— choca con la autoridad de Aristóteles y de la Iglesia. Descartes escribe el «Discurso» en francés y no en latín, deliberadamente, para que lo pudiera leer cualquiera con sentido común, «incluso las mujeres», dijo. Fue un gesto político.
Todas se leen enteras aquí, gratis y sin registro.
No duda por escepticismo: duda a propósito, para quedarse solo con lo indudable. Es un método, no una postura.
Puedo dudar de todo menos de que estoy dudando; y si dudo, pienso; y si pienso, existo. Sobre esa única certeza monta lo demás.
No admitir nada que no sea evidente, dividir cada problema, ir de lo simple a lo complejo, y revisar hasta estar seguro de no omitir nada. Cabe en media página.
Su distinción entre la cosa que piensa y la cosa que ocupa espacio marcó tres siglos de filosofía, y todavía se discute.
Empieza por la primera parte, que es autobiográfica y se lee como una carta: cuenta su educación, su decepción y por qué se puso a buscar otro camino. Engancha más de lo que se espera de un clásico de filosofía.
La segunda parte trae las cuatro reglas y la cuarta, el «pienso, luego existo». Son las dos imprescindibles.
La quinta y la sexta entran en física y en fisiología y han envejecido; se pueden leer en diagonal sin perder nada esencial.
Aquí está el «Discurso del método». Faltan las «Meditaciones metafísicas», donde desarrolla en serio lo que aquí solo enuncia; las «Reglas para la dirección del espíritu», los «Principios de filosofía» y «Las pasiones del alma», su último libro.
Nota: el «Discurso» era el prólogo de tres ensayos científicos —la «Dióptrica», los «Meteoros» y la «Geometría»—, este último el que introdujo las coordenadas cartesianas.
También: frases de René Descartes, comprobadas una a una contra el texto publicado.
Cinco ejes para preparar un trabajo o una sesión sobre el autor. Todo se puede comprobar sobre los textos, que están aquí completos.
Sí, en la cuarta parte, en francés: «je pense, donc je suis». La versión latina «cogito, ergo sum» aparece en obras posteriores.
Es de los clásicos de filosofía más accesibles. Lo escribió a propósito para no especialistas y son unas ochenta páginas.
Por las «Meditaciones metafísicas», que retoman lo mismo con mucho más detalle y con las objeciones de sus contemporáneos.
Salen de la «Geometría», uno de los tres ensayos que el «Discurso» prologaba. Unir álgebra y geometría fue idea suya.
Es la explicación tradicional: la reina Cristina lo obligaba a dar clase a las cinco de la mañana en un invierno sueco. También se ha especulado con un envenenamiento, sin pruebas firmes.