
Novela gótica
1797 – 1851 · Londres y Ginebra
Tenía dieciocho años cuando, en una casa junto al lago de Ginebra y durante un verano sin sol, se le ocurrió la novela que inventó la ciencia ficción.
1 obra suya en Clasicalia, completa y gratis.
Hija de dos celebridades intelectuales: el filósofo William Godwin y Mary Wollstonecraft, autora de la Vindicación de los derechos de la mujer, que murió al darla a luz. Creció leyendo en la biblioteca de su padre y sobre la tumba de su madre.
A los dieciséis se fugó con el poeta Percy Bysshe Shelley, casado. En el verano de 1816 —el «año sin verano», con el cielo cubierto por la erupción del Tambora— estaban en Villa Diodati, junto al lago Lemán, con Lord Byron y John Polidori. Byron propuso que cada uno escribiera una historia de miedo. De aquella apuesta salieron «Frankenstein» y el primer relato de vampiros de la literatura inglesa.
Publicó la novela en 1818, anónima, a los veinte años; muchos la atribuyeron a su marido. Enterró a tres hijos y, en 1822, a Percy, ahogado en Italia. Volvió a Inglaterra con el único hijo que le quedaba, vivió de escribir y murió en Londres a los cincuenta y tres años.
Aquellos años eran los del galvanismo: se hacían demostraciones públicas en las que se aplicaba electricidad a cadáveres de ajusticiados y los miembros se movían. La pregunta de si la chispa eléctrica era el principio de la vida estaba en el aire, y de ahí sale la novela.
Todas se leen enteras aquí, gratis y sin registro.
El delito de Víctor Frankenstein no es fabricar una criatura: es abandonarla nada más verla. La novela pregunta qué se debe a lo que uno pone en el mundo, y por eso se cita cada vez que aparece una tecnología nueva.
La criatura aprende a leer, cita a Milton y argumenta mejor que su creador. El terror no viene de su fuerza, sino de que tiene razón.
Walton cuenta lo que le contó Víctor, que cuenta lo que le contó la criatura. Cada capa quita autoridad a la anterior.
El subtítulo es «el moderno Prometeo». Robar el fuego se paga; la novela es la primera que plantea ese pago en términos de laboratorio.
Empieza por las cartas de Walton con las que se abre el libro y no te las saltes: parecen un rodeo y son la clave de todo, porque montan el juego de narradores.
El centro de la novela es el relato de la criatura, hacia la mitad. Ahí es donde el libro deja de ser una historia de terror y se convierte en otra cosa.
Si has visto películas, olvídalas: no hay laboratorio con rayos, no hay ayudante jorobado y la criatura habla con una elocuencia extraordinaria.
Aquí está «Frankenstein». Falta «El último hombre», su novela de una pandemia que arrasa el mundo —muy leída de nuevo en los últimos años—, los relatos, los libros de viajes y «Mathilda», que su padre se negó a publicar.
Dónde aparece su obra frente a la de otro autor, con lo que aporta cada una y cuál conviene leer antes.
También: frases de Mary Shelley, comprobadas una a una contra el texto publicado.
Cinco ejes para preparar un trabajo o una sesión sobre el autor. Todo se puede comprobar sobre los textos, que están aquí completos.
No: es el apellido del científico, Víctor Frankenstein. La criatura no tiene nombre en toda la novela, y ese detalle es parte del asunto.
Sí. La duda venía de que se publicó anónima y con prólogo de Percy. Los manuscritos conservados muestran que él corrigió, y que la obra es de ella.
Es gótica de forma y de ciencia ficción de fondo: es la primera novela en que lo extraordinario se explica por la ciencia y no por lo sobrenatural.
La lectura habitual es la revisada de 1831, con el prólogo en que Mary Shelley cuenta la noche de Villa Diodati.
El estilo es de 1818 y tiene su ceremonia, pero la historia avanza. El tramo del relato de la criatura se lee solo.