
Romanticismo español
1836 – 1870 · Sevilla y Madrid
Murió a los treinta y cuatro sin haber publicado un libro. Sus amigos reunieron los papeles que quedaban y crearon la poesía española moderna.
1 obra suya en Clasicalia, completa y gratis.
Huérfano de padre a los cinco años y de madre a los diez, se crió con una madrina en Sevilla. Quiso ser pintor, como su padre y su hermano Valeriano, y a los dieciocho se fue a Madrid a hacerse escritor. Pasó años de hambre, escribiendo por encargo, adaptando zarzuelas y firmando artículos con seudónimo.
Enfermó de tuberculosis muy joven. Se casó con Casta Esteban, tuvieron tres hijos y el matrimonio se rompió. Consiguió un puesto de censor de novelas que le dio dos años de tranquilidad, y lo perdió con la revolución de 1868.
En la huida perdió el manuscrito de sus poemas, el «Libro de los gorriones», y tuvo que reescribirlo de memoria. Murió en diciembre de 1870, tres meses después que su hermano Valeriano. Sus amigos publicaron las «Rimas» al año siguiente por suscripción, para ayudar a la viuda. Con eso empieza la poesía española contemporánea.
Cuando Bécquer escribe, la poesía española es grandilocuente, con truenos y exclamaciones. Él escribe corto, en voz baja y con imágenes sencillas, siguiendo el modelo del alemán Heine. Machado, Juan Ramón y Cernuda vienen de ahí: es el eslabón entre el romanticismo y todo lo que vino después.
Todas se leen enteras aquí, gratis y sin registro.
Rimas de ocho o doce versos, sin retórica, con una sola imagen. Después de él, la poesía española ya no pudo volver a gritar.
La rima XXI —«¿Qué es poesía? […] Poesía… eres tú»— es la más citada del idioma. Cuatro versos y una definición que no define nada y lo dice todo.
Sus relatos en prosa —«El monte de las ánimas», «Maese Pérez el organista», «Los ojos verdes»— fundan el cuento fantástico español y siguen dando miedo.
Las «Rimas» las ordenaron sus amigos tras su muerte. El orden que leemos, con su arco de ilusión, amor, fracaso y muerte, no es exactamente suyo.
Empieza por las rimas, y sueltas. Son ochenta y pico y muy breves; da igual el orden. La XXI, la LIII —«Volverán las oscuras golondrinas»— y la XXX son las puertas de siempre.
Luego, las leyendas, que son cuentos de verdad. «El monte de las ánimas» está escrito para leerse la noche de Todos los Santos y funciona.
Rimas y leyendas se leen mejor alternando: un puñado de poemas y una leyenda.
Aquí están las «Rimas» y las «Leyendas», que es prácticamente todo lo que importa de él. Faltan las «Cartas desde mi celda», escritas desde el monasterio de Veruela, que son una prosa preciosa y poco leída.
También: frases de Gustavo Adolfo Bécquer, comprobadas una a una contra el texto publicado.
Cinco ejes para preparar un trabajo o una sesión sobre el autor. Todo se puede comprobar sobre los textos, que están aquí completos.
Ninguno de poesía. Las «Rimas» salieron en 1871, un año después de morir, editadas por sus amigos.
No hay una sola, y probablemente no haya ninguna concreta. Se han propuesto varios nombres sin pruebas firmes.
Es de lo más fácil de toda la poesía española: vocabulario sencillo, poemas cortos y sin oscuridad.
El manuscrito donde reunió sus poemas, reescrito de memoria tras perder el original en 1868. Se conserva en la Biblioteca Nacional.
Las rimas son su aportación mayor, pero las leyendas suelen gustar más a quien empieza. Se pueden leer en cualquier orden.