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Sobre la vejez: claves para leerla y comentarla

Cicerón · 59 min de lectura · texto completo y gratis

Cicerón tenía sesenta y dos años, había perdido a su hija, se había quedado sin política y le quedaba poco más de un año de vida. Escribió entonces el mejor alegato que existe a favor de hacerse viejo.

De qué trata

Catón el Viejo, con ochenta y cuatro años, responde a dos jóvenes que le preguntan cómo lleva la vejez. Su planteamiento es que casi todas las quejas contra ella son falsas o mal dirigidas, y las examina una por una. Se dice que aparta de los negocios: solo de los que exigen fuerza, no de los que piden juicio, y las grandes empresas se sostienen con consejo y autoridad, no con músculo. Se dice que debilita el cuerpo: es cierto, pero se conserva lo suficiente con moderación y ejercicio, y la memoria no falla a quien la usa. Se dice que priva de los placeres: y ese es precisamente su mayor regalo, porque libra de la tiranía de los apetitos y deja sitio a la conversación, al estudio, a la agricultura —cuyo elogio ocupa el pasaje más hermoso del libro— y al trato con los jóvenes. Se dice que está cerca de la muerte: pero morir puede ocurrir a cualquier edad, y a estas alturas, o el alma perece y no hay nada que temer, o sobrevive, y entonces hay que desearla.

Estructura

Dedicatoria a ÁticoCicerón explica por qué escribe y por qué pone el discurso en boca de Catón el Viejo, muerto un siglo antes.
Las armas contra la vejezLa tesis inicial: lo que hace llevadera la vejez es haber vivido bien. Una vejez mala suele ser el resultado de un carácter, no de los años.
Primera queja: aparta de la actividadRefutada con ejemplos de ancianos que gobernaron, mandaron ejércitos y dirigieron el Estado con el consejo.
Segunda queja: debilita el cuerpoLa respuesta más práctica del libro: moderación, ejercicio, cuidado de la mente. Y la aceptación de lo que sí se pierde.
Tercera queja: priva de los placeresEl núcleo del tratado: verse libre de los apetitos es una liberación, no una pérdida. El elogio de la agricultura y de la vida en el campo.
Cuarta queja: la cercanía de la muerteEl cierre: la muerte no es propia de los viejos, y la esperanza de la inmortalidad del alma hace deseable el final.

Temas para el comentario

La vejez que se prepara

«La vejez no puede sostenerse si no la sostiene lo que se hizo antes». No es un tratado de resignación sino de responsabilidad.

La autoridad frente a la fuerza

Su argumento más sólido: las cosas importantes no las hacen los cuerpos fuertes sino el juicio, y eso mejora con los años.

La libertad de los apetitos

La juventud está gobernada por deseos que no elige. Perderlos es dejar de servir a un amo insoportable.

El estudio y el campo

Los dos placeres que la vejez no quita y hasta agranda. El elogio de la agricultura es célebre por sí mismo.

Los jóvenes

Catón no desprecia a la juventud: le gusta tratarla y sostiene que el viejo debe ser amable con ella si quiere que lo soporte.

La muerte sin miedo

La conclusión es serena: o no hay nada después, y entonces nada hay que temer, o hay algo, y entonces hay algo que esperar.

Lengua y estilo

Es un diálogo a la romana: un personaje respetable expone y dos jóvenes preguntan lo justo. La forma es un recurso de autoridad, no de discusión.

Cicerón elige como portavoz a Catón el Viejo, muerto un siglo antes y famoso por su austeridad, para que la defensa de la vejez venga de quien la vivió bien.

La prosa es clara y ordenada, con la estructura de un alegato: expone las cuatro acusaciones contra la vejez y las refuta por orden. Es filosofía escrita por un abogado.

Contexto

Escrito en el 44 a.C., el mismo año del asesinato de César y el último de la vida de Cicerón, que fue ejecutado al siguiente por orden de Marco Antonio. Lo escribió apartado de la política y tras la muerte de su hija Tulia.

Lo dedicó a Ático, su amigo de siempre, también anciano: los dos rondaban la edad de la que trata el libro.

Fue uno de los textos favoritos del humanismo y de la Ilustración. Franklin lo mandó imprimir en América y Montaigne lo cita con frecuencia; sigue siendo el clásico de referencia sobre el envejecer.

Lo esencial, en cinco puntos

Preguntas frecuentes

¿Cuál es el argumento principal?

Que las quejas habituales contra la vejez no se sostienen: no impide las actividades que importan, el debilitamiento se compensa con moderación, la pérdida de los apetitos es una liberación y la muerte no es más propia del viejo que del joven.

¿Por qué habla Catón y no Cicerón?

Porque Catón el Viejo era el modelo romano de anciano vigoroso y austero, y hacerlo hablar da al texto una autoridad que Cicerón, entonces de sesenta y dos años, no tenía por sí mismo.

¿Es un libro optimista?

Es realista más que optimista: admite lo que se pierde —fuerza, agilidad, algunos placeres— y sostiene que lo que queda es mejor. No niega la decadencia física en ningún momento.

¿Se lee junto a Sobre la amistad?

Sí, y es lo habitual: los dos son de 44 a.C., están dedicados a Ático y tienen la misma forma y extensión. Suelen publicarse juntos.

¿Cuánto se tarda en leerlo?

Alrededor de una hora. Es breve, sin tecnicismos, y de los clásicos latinos más accesibles.