La casa de Bernarda Alba: claves para leerla y comentarla
Federico García Lorca · 1 h 03 min de lectura · texto completo y gratis
Cinco hermanas encerradas ocho años por el luto de un padrastro, un hombre que nunca sale a escena y una madre con un bastón. En hora y cuarto de lectura, Lorca monta la tragedia española más tensa del siglo XX y la remata con una mentira gritada tres veces.
De qué trata
Bernarda Alba enviuda por segunda vez y decreta ocho años de luto: puertas cerradas, ventanas tapiadas, hilo y aguja. Sus cinco hijas quedan encerradas con ella. Fuera está Pepe el Romano, que pide en matrimonio a Angustias —la mayor y la única con herencia— mientras se ve de madrugada con Adela, la menor. Martirio, enamorada también, delata a su hermana. Bernarda dispara contra Pepe y falla, pero Martirio deja creer a Adela que ha muerto. Adela se encierra y se ahorca. Bernarda ordena vestirla de doncella y proclama que ha muerto virgen.
Estructura
| Acto I | La casa después del funeral. Vuelven del entierro, entran las vecinas y Bernarda las despide. Decreta los ocho años de luto. Se sabe que Angustias hereda y que Pepe el Romano la pretende. María Josefa se escapa de su cuarto pidiendo casarse: primera grieta. |
| Acto II | Las hermanas cosen el ajuar. La Poncia avisa a Bernarda de que algo pasa por las noches. Roban el retrato de Pepe y aparece bajo las sábanas de Martirio. Fuera, el pueblo arrastra a la hija de la Librada por matar a su hijo recién nacido y Adela grita que la dejen escapar: se retrata sin querer. |
| Acto III | Cena con Prudencia. El caballo garañón golpea el muro. De madrugada Adela sale al corral; Martirio la sorprende y llama a Bernarda. Adela rompe el bastón de su madre. Bernarda dispara contra Pepe. |
| Desenlace | Martirio deja creer que Pepe ha muerto. Adela se encierra y se ahorca. Bernarda prohíbe el llanto, manda vestirla como doncella y declara que ha muerto virgen. |
| Última palabra | «¡Silencio, silencio he dicho! ¡Silencio!» — la misma orden con la que Bernarda entró en escena en el primer acto. |
Temas para el comentario
Autoridad y rebeldía
Bernarda y Adela son los dos polos: el bastón y el vestido verde. El momento en que Adela parte el bastón en dos es el clímax simbólico de la obra, y por eso Bernarda no puede dejar que su muerte se cuente de otra manera.
La honra y el qué dirán
En este pueblo la moral no es interior sino pública. Se ve en el episodio de la hija de la Librada, a la que quieren matar por parir sin marido, y se remata en el final: lo que hay que salvar no es a Adela, sino la reputación.
El encierro
Muros gruesos, ventanas tapiadas, calor. La casa no es escenario sino personaje. Lorca gradúa el blanco de las paredes acto a acto: «blanquísima», «blanca», «ligeramente azulada»; la luz se va apagando conforme se acerca la tragedia.
El deseo y la esterilidad
Frente al encierro, la vida que empuja desde fuera: los segadores que pasan cantando, el caballo garañón que golpea el muro, el río donde se bañan los hombres. Dentro sólo hay luto, aguja y agua estancada.
Las mujeres y el sistema
El subtítulo es «Drama de mujeres en los pueblos de España». No hay un solo hombre en escena, y sin embargo todo lo que las oprime es masculino. Bernarda es a la vez víctima del sistema y su principal guardiana.
Locura y verdad
María Josefa, encerrada por loca, es la única que nombra lo que ocurre: quiere casarse, tener hijos, irse al mar. La cordura de la casa consiste precisamente en callarlo.
Personajes
- Bernarda AlbaprotagonistaSesenta años, viuda por segunda vez. Impone a sus hijas ocho años de luto y gobierna la casa con el bastón en la mano. No teme a la desgracia sino al qué dirán: su última decisión no es llorar a Adela, sino declararla virgen ante el pueblo.
- AdelaantagonistaLa hija menor, veinte años. La única que se atreve: se pone el vestido verde, se ve con Pepe el Romano de madrugada y rompe en escena el bastón de su madre. Al creerlo muerto, se ahorca.
- AngustiashijaTreinta y nueve años, hija del primer marido y única con herencia. Por eso Pepe el Romano la pide en matrimonio, y por eso las demás la envidian.
- MartiriohijaVeinticuatro años, enferma y agriada. Enamorada también de Pepe, es quien delata a Adela y quien miente diciendo que Pepe ha muerto: la mentira que precipita el final.
- MagdalenahijaTreinta años. La más lúcida sobre el destino que les espera —«malditas sean las mujeres»—, pero también la más resignada.
- AmeliahijaVeintisiete años. Tímida y asustadiza, apenas levanta la voz: representa a la que ya ha aceptado el encierro.
- La PonciacriadaSesenta años, lleva treinta sirviendo en la casa. Conoce a todos y avisa a Bernarda de lo que se está cociendo, pero no es aliada: guarda su propio rencor de clase.
- María Josefamadre de BernardaOchenta años, encerrada bajo llave por loca. Pide casarse y marcharse al mar con una oveja en brazos. Dice en voz alta lo que las demás callan.
- Pepe el RomanoausenteNunca aparece en escena. Veinticinco años. Se compromete con Angustias por su dinero mientras se ve con Adela de madrugada. Es el motor de todo el conflicto.
- PrudenciasecundariaAmiga de Bernarda, de visita en el tercer acto. Su casa, con un marido que no sale y unas hijas repudiadas, funciona como espejo de la de Bernarda.
Lengua y estilo
Lo primero que hay que llevarse al examen es que aquí no hay verso ni adorno lírico. Lorca advierte en el reparto que los tres actos «tienen la intención de un documental fotográfico», y cumple: frases cortas, habla popular andaluza, refranes. Es el Lorca más seco, muy lejos de Bodas de sangre.
Lo segundo, que la poesía se ha trasladado a los símbolos, y funcionan en pares opuestos: blanco y negro (la cal y el luto), dentro y fuera (la casa y los segadores), agua estancada y agua corriente (el pozo y el río), el bastón y el vestido verde. Conviene poder citar tres o cuatro con su escena.
Y tercero, la economía dramática: la obra empieza con unas campanas que doblan y termina con otras que Bernarda manda tocar. Todo lo violento —el linchamiento, el encuentro con Pepe, el disparo, el ahorcamiento— ocurre fuera de escena y entra por el oído.
Contexto
Lorca la fechó el 19 de junio de 1936. Menos de dos meses después, el 18 de agosto, fue fusilado cerca de Granada. Es, por tanto, su última obra terminada, y llegó a leerla a sus amigos, pero nunca la vio en un escenario.
Se estrenó en Buenos Aires en 1945, con Margarita Xirgu, y en España no se representó hasta 1964. Hoy es una de las lecturas obligatorias más frecuentes del bachillerato y una de las obras españolas más montadas dentro y fuera del país.
Sobre el fondo real: en Valderrubio, donde los Lorca tenían casa, vivía una viuda llamada Frasquita Alba con varias hijas. El apellido y el ambiente vienen de ahí; el resto es construcción dramática.
Lo esencial, en cinco puntos
- El subtítulo lo dice todo: «Drama de mujeres en los pueblos de España». No hay un solo hombre en escena y todo el conflicto es masculino.
- Pepe el Romano no aparece nunca. Es una ausencia que mueve la obra entera.
- El blanco de las paredes se va ensuciando acto a acto: blanquísima, blanca, azulada. La acotación es parte del argumento.
- Adela rompe el bastón de Bernarda: es el gesto central de la obra, la autoridad partida en dos.
- La obra empieza y acaba con la misma palabra en boca de Bernarda: silencio.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos actos tiene?
Tres, sin división en escenas. Unas 12.700 palabras en total: se lee de una sentada.
¿Por qué Adela se suicida?
Porque Martirio, por celos, le deja creer que Bernarda ha matado a Pepe el Romano de un tiro. En realidad el disparo falló y Pepe huyó a caballo. Adela se mata por una mentira.
¿Qué significa el vestido verde de Adela?
Es lo contrario del luto: vida, deseo y desobediencia. Se lo pone para que la vean las gallinas cuando no puede enseñárselo a nadie más, y anticipa su rebelión.
¿Qué papel tiene María Josefa?
La abuela encerrada por loca dice en voz alta lo que las demás callan: que quiere casarse, tener un hijo y marcharse al mar. Es la verdad de la obra dicha por quien nadie toma en serio.
¿Por qué acaba diciendo que ha muerto virgen?
Porque para Bernarda la apariencia pesa más que la hija. Prefiere una mentira pública intacta a un duelo verdadero: es la última vuelta de tuerca sobre el tema de la honra.
