Ensayos, libro II: claves para leerla y comentarla
Michel de Montaigne · 14 h 39 min de lectura · texto completo y gratis
En el centro de este libro hay un ensayo que ocupa él solo más de cien páginas y que puso en duda todo lo que Europa creía saber. Su lema era una pregunta: «¿Qué sé yo?».
De qué trata
El segundo libro es el más filosófico de los tres. Empieza con la inconstancia de nuestras acciones —somos distintos de un día para otro, y pretender un carácter uniforme es una ficción— y recorre la embriaguez, la conciencia, el afecto de los padres a los hijos, los libros, la crueldad, la presunción, la mentira y la gloria. En su centro está la Apología de Raimundo Sabunde, el ensayo más extenso y más ambicioso de la obra: bajo la excusa de defender a un teólogo, Montaigne despliega un escepticismo demoledor sobre la capacidad humana de conocer. Compara al hombre con los animales y no sale bien parado; muestra que los sentidos engañan, que la razón se contradice, que cada filósofo afirma lo contrario del anterior y que las costumbres más opuestas se tienen por naturales en distintos lugares. De ahí su divisa: «¿Qué sé yo?». También aquí están el ensayo sobre la crueldad, donde declara que no soporta ver sufrir ni a un animal, y el dedicado a los libros, con sus juicios sobre los autores que lee.
Estructura
| Capítulos 1–10 | La inconstancia, la embriaguez, la conciencia, el ejercicio, el afecto paterno y los libros: el Montaigne más doméstico y más autobiográfico. |
| Capítulos 11–12 | De la crueldad y la Apología de Raimundo Sabunde. El segundo ocupa por sí solo casi la mitad del libro y es el texto escéptico central de la obra. |
| Capítulos 13–27 | La muerte de otros, la conciencia de sí, la presunción, la mentira, la libertad de conciencia y la gloria: reflexión moral en formato breve. |
| Capítulos 28–37 | Cierre variado: la virtud, un niño monstruoso, la cólera, la defensa de Séneca y Plutarco, y el largo ensayo sobre el parecido de los hijos con los padres, donde habla de su enfermedad. |
Temas para el comentario
«¿Qué sé yo?»
La divisa que hizo grabar en una medalla. No es indiferencia: es la conciencia de los límites del conocimiento humano, sostenida con centenares de ejemplos.
La inconstancia del yo
No somos uno: cambiamos de un momento a otro, y quien pretenda describirse fijo se engaña. Es una de las intuiciones más modernas del libro.
Los animales
En la Apología sostiene que no somos superiores a ellos y que quizá nos comprendan tanto como nosotros a ellos. «Cuando juego con mi gata, ¿quién sabe si ella no se entretiene conmigo más que yo con ella?».
La crueldad
La declara el vicio que más odia. Le repugna la tortura judicial, la caza y hasta el sufrimiento animal: una sensibilidad excepcional en el siglo XVI.
La costumbre y la ley
Ningún principio moral resiste el viaje: lo que aquí es delito allí es virtud. Montaigne obedece las leyes de su país sin creerlas naturales.
Escribir para conocerse
El libro avanza y el autor se va viendo. «No he hecho mi libro más de lo que mi libro me ha hecho a mí».
Lengua y estilo
Montaigne inventó el ensayo —essai, «intento», «prueba»— como forma: escritos que no demuestran nada, que se contradicen, que divagan y que vuelven sobre sí mismos. «No pinto el ser, pinto el paso».
Escribe en primera persona y sin pudor: habla de sus riñones, de su memoria mala, de sus miedos, de lo que come y de cómo duerme. Esa franqueza era inaudita en el siglo XVI.
Los capítulos son independientes y de extensión muy desigual: los hay de dos páginas y de cien. Se leen sueltos, y el título con frecuencia no anuncia de qué acabará hablando.
Contexto
Montaigne (1533–1592) se retiró a los treinta y ocho años a la torre de su castillo, con su biblioteca y mil frases griegas y latinas grabadas en las vigas, para escribir. Fue también alcalde de Burdeos y mediador entre católicos y protestantes durante las guerras de religión.
Los Ensayos se publicaron en tres entregas —1580 los dos primeros libros, 1588 el tercero— y Montaigne no dejó de añadir y corregir hasta su muerte. Las adiciones no sustituyen: se acumulan sobre el texto anterior.
Fue lectura decisiva para Shakespeare, Pascal, Rousseau, Nietzsche y toda la tradición ensayística europea. La Iglesia acabó incluyendo la obra en el Índice.
Lo esencial, en cinco puntos
- La Apología de Raimundo Sabunde ocupa casi la mitad del libro y es el gran texto escéptico de Montaigne.
- «¿Qué sé yo?» es su divisa: reconocimiento de los límites del conocimiento, no indiferencia.
- La tesis de la inconstancia del yo abre el libro y es una de sus ideas más modernas.
- Su rechazo de la crueldad, incluida la que se ejerce sobre animales, era insólito en su época.
- Los capítulos son independientes: la Apología puede leerse sola, y el resto también.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la Apología de Raimundo Sabunde?
El ensayo más largo de la obra, escrito con la excusa de defender a un teólogo catalán del siglo XV. En realidad es un ataque en toda regla a la confianza en la razón humana: sentidos que engañan, filósofos que se contradicen y costumbres que varían con la geografía.
¿Qué significa «¿Qué sé yo?»?
Es la divisa escéptica de Montaigne, formulada como pregunta y no como afirmación, para no caer en la contradicción de afirmar dogmáticamente que no se sabe nada. La hizo grabar en una medalla junto a una balanza en equilibrio.
¿Es necesario leer el primer libro antes?
No. Los tres libros son colecciones de capítulos independientes y cada uno se entiende por sí solo. Este segundo es el más filosófico de los tres.
¿Qué capítulos merecen más la pena?
De la inconstancia de nuestras acciones, De los libros, De la crueldad y la Apología, si se dispone de tiempo y paciencia para sus cien páginas.
¿Cuánto se tarda en leerlo?
Unas nueve horas el libro completo, de las cuales casi la mitad corresponden a la Apología.
