Niebla y San Manuel Bueno, mártir: Unamuno frente a sí mismo
En 1914 un personaje viaja a Salamanca para reprocharle a Unamuno que le haya inventado. En 1931 un cura de pueblo sostiene la fe de todos sin tenerla él. Son la misma pregunta con diecisiete años de diferencia.
Unamuno se pasó la vida dándole vueltas a lo mismo: si no hay nada después de la muerte, qué somos. Lo escribió como ensayo en Del sentimiento trágico de la vida, pero donde de verdad se ve es en estas dos novelas.
En Niebla, Augusto Pérez descubre que es un personaje y se planta ante su autor para discutírselo: si yo no existo, tampoco tú. En San Manuel Bueno, mártir no hay juego literario: hay un cura de aldea que ha perdido la fe y dedica su vida a sostener la de los demás, porque cree que la verdad los haría desgraciados.
La primera es divertida y desconcertante; la segunda, serena y desoladora. Juntas dan al autor entero: la broma metafísica y la herida debajo.
NieblaMiguel de Unamuno4 h 16 min de lecturaVer la obra →2
San Manuel Bueno, mártirMiguel de Unamuno1 h 01 min de lecturaVer la obra →El orden que recomendamos
- 1. NieblaPrimero: el juego. La rebelión del personaje contra su autor, con humor y a plena luz. Presenta el problema sin que duela.4 h 16 min
- 2. San Manuel Bueno, mártirDespués: la herida. La misma duda, sin juego y sin escapatoria. Diecisiete años más tarde y a una hora de lectura.1 h 01 min
La misma pregunta, dos temperaturas
Augusto Pérez descubre que su vida la escribe otro y que puede terminarse cuando ese otro quiera. Don Manuel sabe que no hay nadie escribiendo y que al final no hay nada. Es la misma angustia por los dos lados: la de existir sin ser dueño de uno mismo y la de ser dueño de uno mismo y que eso no lleve a ninguna parte.
Unamuno tenía cincuenta años cuando escribió la primera y sesenta y siete cuando escribió la segunda. Se nota: la broma se ha vuelto silencio.
Qué es una nivola
Unamuno se inventó la palabra en Niebla, medio en broma, para que nadie le exigiera lo que se le exigía a una novela: descripciones, ambiente, trama. Sus «nivolas» son casi solo diálogo y conflicto, con los personajes reducidos a lo que les duele. San Manuel Bueno sigue esa receta, con una excepción: el lago y la montaña se describen una y otra vez, porque ahí ya no son paisaje sino símbolo.
Una frase de cada una
Y si me apuras mucho te digo que tú mismo no eres sino una pura idea, un ente de ficción...
Ahora que el obispo de la diócesis de Renada… anda promoviendo el proceso para la beatificación de nuestro Don Manuel…
Preguntas frecuentes
¿En qué orden leerlas?
Niebla primero y San Manuel Bueno después. Es el orden cronológico (1914 y 1931) y el que va del planteamiento a las consecuencias: la segunda pega más fuerte si ya conoces el juego de la primera.
¿Cuánto se tarda?
Unas cinco horas las dos: Niebla algo más de cuatro y San Manuel Bueno alrededor de una.
¿Cuál se pide más en clase?
Las dos aparecen con frecuencia entre las lecturas de bachillerato. San Manuel Bueno se manda más porque es muy breve y da mucho juego para comentar; Niebla se usa para explicar la metaficción y el concepto de nivola.
¿Hace falta leer Del sentimiento trágico de la vida?
No, pero es el ensayo donde Unamuno explica directamente lo que en las novelas está dramatizado: el choque entre la razón, que niega la inmortalidad, y el corazón, que la necesita.
¿Qué leer después?
El resto de su generación: Campos de Castilla y Luces de bohemia, agrupadas con estas dos en el conjunto de la generación del 98.
