El contrato social o El gobierno civil: Rousseau frente a Locke
Para Locke el Estado existe para proteger lo que ya era tuyo. Para Rousseau, para convertirte en ciudadano.
Los dos parten del mismo esquema —hay un estado de naturaleza, los hombres pactan, nace la sociedad política— y llegan a conclusiones muy distintas. Locke publica el «Segundo tratado» en 1689, recién hecha la Revolución Gloriosa; Rousseau, «El contrato social» en 1762, veintisiete años antes de la Francesa.
La diferencia decisiva está en qué se cede al pactar. En Locke se cede poco: solo el derecho a hacerse justicia por su mano, porque la vida, la libertad y la propiedad ya son tuyas antes del Estado y el Estado existe para garantizarlas. En Rousseau se cede todo, pero a la comunidad entera, de la que uno forma parte: así nadie queda sometido a otro particular. Ahí nace la voluntad general.
El contrato socialJean-Jacques Rousseau3 h 19 min de lecturaLeer gratis →
Segundo tratado sobre el gobierno civilJohn Locke4 h 30 min de lecturaLeer gratis →El contrato social: la voluntad general
Rousseau abre con una de las frases más citadas de la filosofía: el hombre nace libre y en todas partes está encadenado. Su solución no es volver atrás, sino un pacto en el que cada uno se entrega por completo a la comunidad y, al recibir a cambio los mismos derechos sobre todos, no pierde libertad sino que la cambia por libertad civil.
De ahí sale la voluntad general, que no es la suma de lo que cada uno quiere sino lo que quiere el cuerpo político en cuanto tal. Es el concepto más fértil y más discutido del libro: se ha leído como fundamento de la democracia y también como puerta al totalitarismo.
El gobierno civil: la propiedad y el derecho de resistencia
Locke sostiene que en el estado de naturaleza ya hay ley —la ley natural— y ya hay derechos. La propiedad nace del trabajo: lo que uno saca de la naturaleza con su esfuerzo se hace suyo. El gobierno se instituye por consentimiento para proteger eso, y su poder es limitado y fiduciario.
Su consecuencia práctica es enorme: si el gobernante rompe la confianza, el pueblo tiene derecho a resistir. La Declaración de Independencia americana está escrita con este libro al lado.
En qué se parecen
Los dos son contractualistas: la autoridad política no viene de Dios ni de la fuerza, sino de un acuerdo entre iguales. Los dos rechazan el absolutismo y los dos sostienen que un poder que se vuelve contra sus fines pierde legitimidad.
Y los dos son breves. Suelen intimidar por su fama, pero se leen en unas pocas horas cada uno: son libros de argumentos, no de erudición.
Una frase de cada uno
El hombre nace libre, y en todas partes está encadenado.
La frase que abre el libro y resume su punto de partida
un estado de perfecta libertad para ordenar sus acciones y disponer de sus posesiones y personas
El punto de partida: nadie nace bajo la autoridad de otro
Las diferencias, una a una
| El contrato social | Segundo tratado sobre el gobierno civil | |
|---|---|---|
| Fecha | 1762 | 1689 |
| Estado de naturaleza | Bueno, corrompido por la sociedad | Libre e igual, pero inseguro |
| Qué se cede en el pacto | Todo, pero a la comunidad entera | Solo el hacerse justicia por su mano |
| El fin del Estado | Realizar la voluntad general | Proteger vida, libertad y propiedad |
| La propiedad | Fuente de desigualdad | Derecho natural nacido del trabajo |
| Herencia | Revolución francesa, democracia radical | Liberalismo, constitucionalismo, EE. UU. |
| Concepto clave | Voluntad general | Consentimiento y derecho de resistencia |
Cuál leer primero
Empieza por Locke si quieres el hilo del liberalismo y del constitucionalismo. Es el más ordenado de los dos, va por capítulos cortos y su argumentación se sigue sin esfuerzo.
Empieza por Rousseau si buscas el libro con más fuerza. Escribe mejor, provoca más y contiene las frases que todo el mundo cita. Su dificultad no está en la prosa sino en el concepto de voluntad general, que exige releer un par de páginas.
En clase, el orden cronológico funciona bien: Locke primero, Rousseau después como respuesta y radicalización.
Para trabajarlo en clase
Cinco ejes de comparación, del más sencillo al que da para un comentario largo. Los dos textos están completos aquí, así que todo se puede comprobar sobre la obra.
- Comparar los dos estados de naturaleza: qué le falta al de Locke y qué le sobra al de Rousseau.
- Voluntad general frente a voluntad de todos: buscar dónde lo distingue Rousseau y por qué importa.
- La teoría lockeana de la propiedad por el trabajo: encontrar sus límites en el propio texto.
- El derecho de resistencia: quién decide que el gobierno ha roto el pacto, según cada autor.
- Rastrear una frase de cada obra en un texto constitucional posterior.
Por dónde entrar en cada uno
Si solo vas a leer una cosa de cada libro, que sea esta:
- El contrato socialLibro 1: El pacto social28 min
- Segundo tratado sobre el gobierno civilCapítulo 1: Ensayo sobre el verdadero origen, alcance y fin del gobierno civil2 min
Preguntas frecuentes
¿Cuál es más corto?
Los dos son breves. El «Segundo tratado» está dividido en capítulos cortos y resulta más fácil de dosificar; «El contrato social» son cuatro libros que se leen en un par de tardes.
¿Qué es exactamente la voluntad general?
Lo que quiere la comunidad política considerada como cuerpo, que no coincide necesariamente con la suma de los intereses particulares. Rousseau insiste en esa diferencia porque de ella depende que el pacto no someta a nadie.
¿Por qué se llama «Segundo tratado»?
Porque acompaña a un primero, dedicado a refutar el derecho divino de los reyes de Filmer. El segundo es el que contiene la teoría positiva y el que se sigue leyendo.
¿Rousseau justifica el totalitarismo?
Es la acusación clásica, sobre todo por la idea de «obligar a alguien a ser libre». Otros lectores ven justo lo contrario: una defensa de la soberanía popular. El texto da para las dos lecturas y por eso es buen material de debate.
¿Hace falta leer a Hobbes antes?
Ayuda, porque los tres discuten el mismo esquema, pero no es imprescindible: ambos autores explican su punto de partida antes de argumentar.
