
Poesía norteamericana
1819 – 1892 · Nueva York y Camden
Se publicó su propio libro, lo compuso con sus manos en la imprenta y se pasó el resto de la vida reescribiéndolo: de doce poemas pasó a casi cuatrocientos.
1 obra suya en Clasicalia, completa y gratis.
Nació en Long Island, el segundo de nueve hermanos de una familia sin dinero. Dejó la escuela a los once años y se puso a trabajar de aprendiz de impresor. Fue tipógrafo, maestro rural y periodista; dirigió varios diarios y lo despidieron de casi todos por sus posiciones políticas.
En 1855 publicó «Hojas de hierba» por su cuenta: setecientos noventa y cinco ejemplares, sin nombre de autor en la portada, con un retrato suyo en camisa y sombrero ladeado. Componía él mismo parte de los tipos. Emerson le escribió una carta de entusiasmo y Whitman la imprimió en la segunda edición sin pedir permiso.
Durante la guerra civil se fue a Washington a cuidar heridos: pasó tres años visitando hospitales, escribiendo cartas por los soldados y sosteniendo manos. Aquello lo marcó y le arruinó la salud. Un derrame en 1873 lo dejó medio paralizado; se retiró a Camden, Nueva Jersey, donde murió en 1892, ya convertido en el «buen poeta viejo».
Estados Unidos se estaba inventando a sí mismo y no tenía todavía una poesía propia: se escribía imitando a los ingleses. Whitman decidió que un país nuevo necesitaba un verso nuevo, sin rima y sin metro, con la respiración de quien habla en voz alta. Fue el nacimiento del verso libre.
Todas se leen enteras aquí, gratis y sin registro.
«Hojas de hierba» no es una obra sino un organismo: nueve ediciones en treinta y siete años, con poemas añadidos, reescritos y suprimidos. Whitman quería que el libro envejeciera con él.
«Me celebro y me canto a mí mismo», empieza, y a las pocas líneas aclara que lo que él es, lo eres tú. El yo de Whitman es una puerta, no un espejo.
Escribió sobre el cuerpo, el deseo y el sudor cuando eso no se hacía. Le costó el despido de un empleo público y que varias ediciones fueran retiradas por obscenas.
Sus enumeraciones interminables de oficios, ciudades y gentes no son un tic: son la manera de meter un país entero dentro de un poema.
Empieza por «Canto a mí mismo», que es el poema central, pero no lo leas seguido de principio a fin: son cincuenta y dos secciones y está pensado para entrar y salir.
Léelo en voz alta. El verso de Whitman está construido sobre la respiración y en silencio pierde la mitad; en voz alta se entiende solo por qué rompió con la rima.
Si quieres algo breve para empezar, «¡Oh capitán, mi capitán!» y «Canto la electricidad del cuerpo» funcionan como puertas.
Aquí está «Hojas de hierba». Faltan sus prosas: «Días ejemplares», el diario de los años de hospital, y «Perspectivas democráticas», donde critica con dureza la América que había cantado.
También: frases de Walt Whitman, comprobadas una a una contra el texto publicado.
Cinco ejes para preparar un trabajo o una sesión sobre el autor. Todo se puede comprobar sobre los textos, que están aquí completos.
Por el «Canto a mí mismo», y a saltos. No es un libro para leer en orden.
Porque quiso una forma nueva para un país nuevo. Se apoya en la repetición y el paralelismo, como los salmos bíblicos, en vez de en la rima.
Sí. En 1882 el fiscal de Boston amenazó con procesarlo por obscenidad y el editor lo retiró. El escándalo disparó las ventas.
Nunca se conocieron. Lo vio pasar por Washington varias veces y le dedicó dos elegías al morir asesinado.
No es oscuro, es abundante. El problema no es entenderlo, es la cantidad: por eso conviene leerlo a ratos.