
Novela moderna
1857 – 1924 · Polonia, el mar y Kent
Nació polaco, se hizo marino francés y escribió sus novelas en inglés, su tercera lengua, que no empezó a hablar hasta los veinte años.
1 obra suya en Clasicalia, completa y gratis.
Se llamaba Józef Teodor Konrad Korzeniowski y nació en la Ucrania polaca bajo dominio ruso. Sus padres fueron deportados por actividades independentistas y murieron cuando él era niño; se crió con un tío. A los dieciséis se fue a Marsella a hacerse marino.
Navegó veinte años, primero con bandera francesa y luego británica, hasta llegar a capitán. En 1890 mandó un vapor por el río Congo, en el Estado Libre que era propiedad personal de Leopoldo II de Bélgica. Vio allí lo que se hacía con la población y volvió enfermo de disentería y de otra cosa peor; nunca se recuperó del todo.
Dejó el mar en 1894 y se dedicó a escribir, en inglés. Vivió el resto de su vida en Kent, con dificultades económicas y ataques de gota, produciendo una novela tras otra. El reconocimiento le llegó tarde, en 1913. Murió de un infarto en 1924 y rechazó, poco antes, el título de sir.
El Congo de Leopoldo II fue una empresa privada de extracción de caucho y marfil sostenida por trabajos forzados y mutilaciones. Se calcula que costó millones de vidas. Cuando Conrad publicó su relato en 1899, la campaña internacional que destaparía aquello apenas empezaba; el libro contribuyó a ella.
Todas se leen enteras aquí, gratis y sin registro.
Marlow cuenta la historia a bordo de un barco, de noche, y admite constantemente que no sabe explicarla. Esa incertidumbre es una de las invenciones que hacen moderna a la novela.
La tesis incómoda del libro: lo que separa a un funcionario europeo de un asesino no es la naturaleza, es la vigilancia. Quitada esa, aparece Kurtz.
El relato no denuncia una abstracción: describe el saqueo del caucho y el marfil, la cadena de trabajadores encadenados, los muertos en la arboleda. Conrad lo vio.
Kurtz muere diciendo «¡El horror! ¡El horror!» y Marlow miente a su prometida sobre esas últimas palabras. El libro termina en una mentira piadosa deliberada.
Empieza por «El corazón de las tinieblas» y ve despacio. Son ciento veinte páginas pero la prosa es densa: Conrad describía mucho y no tenía prisa. No es un libro para leer en diagonal.
Fíjate en el marco: Marlow cuenta la historia a unos amigos en un barco fondeado en el Támesis. Ese encuadre importa, porque la primera comparación que hace es entre el Congo y la Britania que también fue una colonia.
Después, «Lord Jim», que retoma a Marlow como narrador y es más novelesca.
Aquí está «El corazón de las tinieblas». Faltan «Lord Jim», «Nostromo», «El agente secreto» —una novela sobre terrorismo que se lee hoy con inquietud— y «Tifón», que es su mejor relato de mar.
También: frases de Joseph Conrad, comprobadas una a una contra el texto publicado.
Cinco ejes para preparar un trabajo o una sesión sobre el autor. Todo se puede comprobar sobre los textos, que están aquí completos.
Es la gran polémica. El novelista Chinua Achebe lo acusó de deshumanizar a los africanos, que aparecen sin voz y sin nombre. Otros responden que el libro denuncia el colonialismo con dureza. Merece leerse con esa discusión encima de la mesa.
La película de Coppola traslada la historia a Vietnam y conserva la estructura, el viaje río arriba y el personaje de Kurtz.
La prosa lo es: frases largas, mucha descripción, un narrador que divaga. Merece la pena, pero no es una lectura rápida.
En buena parte. Conrad mandó un vapor en el Congo en 1890 y su diario de aquel viaje coincide con muchos episodios.
Era su tercera lengua, después del polaco y el francés, y la aprendió de adulto en la marina mercante. Nunca perdió el acento y decía que en inglés pensaba mejor.