
Liberalismo
1806 – 1873 · Londres y Aviñón
Su padre lo educó en un experimento: griego a los tres años, latín a los ocho, lógica a los doce. A los veinte sufrió una depresión de la que salió leyendo poesía.
1 obra suya en Clasicalia, completa y gratis.
Su padre, James Mill, discípulo de Bentham, decidió criarlo como demostración de que la educación lo puede todo. Aprendió griego a los tres años, latín a los ocho y a los trece había recorrido la economía política entera. No fue al colegio ni jugó con otros niños.
A los veinte años se hundió: descubrió que si todos sus objetivos se cumplieran no sentiría nada. Salió de ahí leyendo a Wordsworth y aceptando que el cálculo de utilidades no lo explica todo.
Trabajó treinta y cinco años en la Compañía de las Indias Orientales. En 1830 conoció a Harriet Taylor, casada; fueron amigos íntimos veinte años y se casaron al enviudar ella. Mill sostuvo siempre que sus mejores ideas eran de los dos, y publicó «Sobre la libertad» al morir ella, dedicándoselo. Fue diputado en los Comunes, donde presentó la primera propuesta de voto femenino de la historia parlamentaria británica.
La Inglaterra victoriana era próspera, poderosa y asfixiantemente conformista. Mill no teme al tirano: teme al vecino. Su enemigo declarado es «la tiranía de la opinión mayoritaria», que no necesita policía para aplastar al que piensa distinto.
Todas se leen enteras aquí, gratis y sin registro.
El único motivo para limitar la libertad de alguien es impedir que dañe a otros. Su propio bien no basta. Es la frase más citada del liberalismo político.
Una sociedad puede oprimir sin leyes, solo con desaprobación y presión social. Mill considera esa forma más difícil de combatir que la del Estado.
Silenciar una opinión es robar a la humanidad: si es verdadera, perdemos la verdad; si es falsa, perdemos verla chocar con la verdad.
Corrigió a Bentham: no todos los placeres valen igual. «Es mejor ser un Sócrates insatisfecho que un necio satisfecho.»
Empieza por el capítulo II, sobre la libertad de pensamiento y de expresión. Es el corazón del libro y el que sigue discutiéndose hoy palabra por palabra.
Luego vuelve atrás al capítulo I, donde formula el principio del daño, y sigue por el III, sobre la individualidad, que es el más literario.
Los últimos capítulos aplican el principio a casos concretos de su época y han envejecido más.
Aquí está «Sobre la libertad». Faltan «El utilitarismo», «El sometimiento de la mujer» —un alegato feminista notable para 1869—, los «Principios de economía política», el «Sistema de lógica» y su «Autobiografía», donde cuenta la educación y la crisis.
También: frases de John Stuart Mill, comprobadas una a una contra el texto publicado.
Cinco ejes para preparar un trabajo o una sesión sobre el autor. Todo se puede comprobar sobre los textos, que están aquí completos.
La prosa es del XIX y va con calma, pero los argumentos son limpios y ordenados. Es de los ensayos políticos más legibles que hay.
Lo citan los dos lados. Defendió el libre mercado y también el voto femenino, los sindicatos y una forma de socialismo. No encaja en la etiqueta.
Él dijo que era obra de los dos, «más de ella que mía». Los estudiosos discuten la proporción; que su influencia fue real, no lo discute nadie.
No, y él lo sabía: la discusión está siempre en qué cuenta como daño. Ahí sigue el debate.
«El sometimiento de la mujer», que sorprende por lo moderno, o «El utilitarismo», que es más breve.