
Estoicismo romano
h. 50 – h. 135 d.C. · Hierápolis, Roma, Nicópolis
Nació esclavo y cojo. Acabó siendo el maestro que leyó y copió a mano un emperador romano.
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Fue esclavo en Roma de un liberto de Nerón, y quedó cojo de por vida —según la tradición, por un castigo—. Su amo le permitió estudiar filosofía, y al ser liberado abrió escuela. Cuando Domiciano expulsó a los filósofos de Italia, se marchó a Nicópolis, en Grecia, y allí enseñó el resto de su vida.
No escribió nada. Todo lo que se conserva son apuntes de un alumno, Arriano, que tomó sus clases al dictado: las «Disertaciones» son ese cuaderno, y el «Enquiridión» —el manual— es el resumen que el propio Arriano extrajo de ellas.
Su idea cabe en una frase: hay cosas que dependen de nosotros y cosas que no; casi todo el sufrimiento viene de confundirlas. Marco Aurelio, emperador, lo cita en sus «Meditaciones» como maestro. Y es, con diferencia, el estoico más practicable: no discute de metafísica, dice qué hacer el lunes por la mañana.
El estoicismo imperial no es una escuela académica sino una práctica para gente que no controla su circunstancia: esclavos, funcionarios, senadores a merced del emperador. Por eso insiste tanto en el único territorio que nadie puede quitarte, que es tu juicio sobre lo que te pasa.
El manual primero y el curso completo después: el «Enquiridión» es el resumen de las «Disertaciones», hecho por el mismo alumno que las tomó.
La primera frase del «Enquiridión» y la base de todo: unas cosas están en nuestra mano y otras no. Confundirlas es la fuente de casi toda la desdicha.
«No perturban a los hombres las cosas, sino las opiniones sobre las cosas.» Veinte siglos antes de la terapia cognitiva.
No eliges tu papel, eliges cómo lo haces. La imagen es suya y explica su estoicismo mejor que ningún tratado.
No se aprende, se entrena. De ahí que su libro se llame «manual» y esté hecho para releerse, no para leerse.
Empieza por el «Enquiridión». Cincuenta y tres capítulos cortísimos que se leen en una hora y que están pensados para releerse: es un manual de bolsillo, literalmente. Si el estoicismo te sirve, te lo va a decir aquí.
Las «Disertaciones» son el curso entero del que salió ese resumen: más largas, más vivas, con las preguntas de los alumnos y las respuestas duras del maestro. Son para después, y para leer sueltas.
Está todo lo que se conserva: el «Enquiridión» y las «Disertaciones» que tomó Arriano. De los ocho libros originales de estas últimas solo han llegado cuatro.
Para seguir: Marco Aurelio, que lo leyó y lo cita como maestro, y Séneca, el estoico del otro extremo social.
Dónde aparece su obra frente a la de otro autor, con lo que aporta cada una y cuál conviene leer antes.
También: frases de Epicteto, comprobadas una a una contra el texto publicado.
Cinco ejes para preparar un trabajo o una sesión sobre el autor. Todo se puede comprobar sobre los textos, que están aquí completos.
No. Todo lo que se conserva son apuntes de su alumno Arriano: las «Disertaciones» son el cuaderno de clase y el «Enquiridión», el resumen que él mismo extrajo.
«Manual», en el sentido de lo que cabe en la mano. Está pensado como libro de bolsillo para llevar encima y releer, no para leer una vez.
El «Enquiridión», sin dudarlo: se lee en una hora y contiene lo esencial. Las «Disertaciones» amplían y dan contexto.
Sí, de Epafrodito, un liberto de Nerón. Fue manumitido en algún momento y abrió escuela propia. Su cojera se atribuye tradicionalmente a un castigo, aunque también pudo ser de enfermedad.
No se conocieron. El emperador leyó sus apuntes y lo cita en las «Meditaciones» como uno de sus maestros: es un magisterio de libro a libro, separado por medio siglo.