
Romanticismo oscuro
1809 – 1849 · Boston, Richmond y Baltimore
Inventó el relato policiaco, dio forma al cuento moderno y murió a los cuarenta años en la calle, con ropa que no era suya y sin que nadie sepa por qué.
1 obra suya en Clasicalia, completa y gratis.
Huérfano a los tres años, lo acogió sin adoptarlo el comerciante John Allan, de quien tomó el segundo nombre y con quien acabó rompiendo por deudas de juego. Dejó la universidad, dejó West Point y se metió a periodista: fue crítico temido y editor de varias revistas, siempre mal pagado.
Se casó con su prima Virginia Clemm cuando ella tenía trece años. Murió de tuberculosis en 1847 tras cinco años de agonía, y él nunca se recuperó de aquello.
En 1845 «El cuervo» lo hizo famoso en todo el país y le reportó nueve dólares. Cuatro años después apareció delirando en una calle de Baltimore, con ropa ajena, y murió en el hospital sin recobrar la lucidez. Su albacea, que lo detestaba, escribió una necrológica difamatoria que fijó durante décadas la leyenda del borracho maldito. En Francia lo rescató Baudelaire, que lo tradujo entero.
Poe escribe en unos Estados Unidos sin ley de derechos de autor internacional: los editores preferían piratear a los ingleses antes que pagar a un autor propio. De ahí que un escritor de su talla viviera de colaboraciones a tanto la pieza y muriera en la miseria.
Todas se leen enteras aquí, gratis y sin registro.
Su regla: un cuento debe leerse de una sentada y todo en él debe empujar hacia una sola impresión final. Es la definición del relato moderno, y la escribió él.
«Yo no estoy loco», empiezan varios de sus cuentos. El lector va comprendiendo lo contrario sin que nadie se lo diga. Ese recurso llega hasta hoy.
Dupin resuelve crímenes por deducción pura, sentado. De ahí salen Sherlock Holmes, Poirot y todo lo demás.
No hay monstruos: hay culpa, obsesión y encierro. La casa Usher se derrumba porque sus habitantes ya estaban derrumbados.
Empieza por «El corazón delator» y «El barril de amontillado», los dos más cortos y los dos más perfectos. Diez minutos cada uno y ya sabes si Poe es para ti.
Sigue por «La caída de la Casa Usher», que es su atmósfera en estado puro, y por «Los crímenes de la calle Morgue», que es el primer relato de detectives de la historia.
No los leas de un tirón. Están calculados para producir un efecto y ese efecto se embota si encadenas cinco seguidos; uno o dos por sesión.
Aquí están sus «Narraciones extraordinarias», la selección de cuentos que fijó Baudelaire. Falta la poesía —«El cuervo», «Annabel Lee», «Ulalume»—, su única novela, «La narración de Arthur Gordon Pym», y los ensayos, sobre todo «Filosofía de la composición», donde explica paso a paso cómo fabricó «El cuervo».
También: frases de Edgar Allan Poe, comprobadas una a una contra el texto publicado.
Cinco ejes para preparar un trabajo o una sesión sobre el autor. Todo se puede comprobar sobre los textos, que están aquí completos.
Bebía, y le sentaba muy mal. Lo de las drogas viene sobre todo de la necrológica de Rufus Griswold, su enemigo, que exageró y falsificó cartas.
No se sabe. Se han propuesto la rabia, un tumor, una paliza y el «cooping», una práctica electoral de la época que consistía en emborrachar a alguien y hacerle votar varias veces con ropas distintas.
Porque Baudelaire lo tradujo entero y lo convirtió en su santo patrón. Durante décadas Poe fue más valorado en Europa que en su país.
«El corazón delator». Cinco páginas y está todo.
Muy bien. Son cortos, tienen tensión y dan mucho juego para hablar de quién narra y por qué le creemos.