
Filosofía alemana
1788 – 1860 · Danzig y Fráncfort
Puso sus clases a la misma hora que las de Hegel para competir con él. Se quedó sin alumnos y no volvió a dar clase; tardó treinta años en tener razón.
1 obra suya en Clasicalia, completa y gratis.
Hijo de un comerciante rico de Danzig que murió probablemente por suicidio cuando él tenía diecisiete años. La herencia le permitió no trabajar nunca. Su madre, Johanna, era una escritora de éxito con salón literario en Weimar; se llevaban tan mal que dejaron de verse en 1814 y no volvieron a hablarse en los veinticuatro años que ella vivió.
Publicó «El mundo como voluntad y representación» en 1818, con treinta años, convencido de haber resuelto la filosofía. No lo leyó nadie: la mayor parte de la tirada acabó como papel de desecho. Se hizo profesor en Berlín y programó sus clases a la misma hora que las de Hegel, entonces en la cumbre; se quedó sin público y abandonó la enseñanza.
Vivió cuarenta años en Fráncfort, solo, con una rutina invariable y una sucesión de perros de aguas a los que llamó siempre Atman. El éxito le llegó a los sesenta y tres años, con un libro de ensayos breves. Murió en 1860, ya célebre, y su influencia fue inmensa: Nietzsche, Wagner, Tolstói, Freud, Borges y Beckett vienen de él.
Escribe cuando el idealismo alemán —Fichte, Schelling, Hegel— domina las universidades con sistemas que prometen que la historia va a alguna parte. Schopenhauer les responde que no hay ningún plan: solo una voluntad ciega que quiere seguir queriendo. Fue el primer filósofo occidental que se tomó en serio el pensamiento indio.
Todas se leen enteras aquí, gratis y sin registro.
Debajo del mundo que percibimos hay un querer sin finalidad ni sentido. No busca nada: solo quiere seguir. Somos su instrumento, no su dueño.
Cumplir un deseo produce alivio, no felicidad, y enseguida aparece otro. La vida oscila entre el dolor de desear y el aburrimiento de haber conseguido.
«El arte de tener razón» no enseña a tener razón: enseña a parecer que la tienes. Es un catálogo de trampas dialécticas, escrito con humor negro y desconcertantemente actual.
La contemplación estética, sobre todo la música, suspende por un rato el querer. Es la única tregua que concede.
Empieza por aquí, por «El arte de tener razón». Son treinta y ocho estratagemas numeradas, cada una con su ejemplo, y se lee en una hora. No exige saber nada de filosofía.
Léelo con cuidado: reconocerás las trampas en discusiones que has tenido esta semana, y también algunas que has usado tú.
Si quieres seguir, los ensayos de «Parerga» son el paso natural. «El mundo como voluntad» es exigente y conviene dejarlo para después.
Aquí está «El arte de tener razón», el más breve y más divertido de sus textos. Falta «El mundo como voluntad y representación», que es su sistema; los «Parerga y paralipómena», de donde salen «El arte de ser feliz» y otros ensayos populares, y «Sobre el fundamento de la moral».
También: frases de Arthur Schopenhauer, comprobadas una a una contra el texto publicado.
Cinco ejes para preparar un trabajo o una sesión sobre el autor. Todo se puede comprobar sobre los textos, que están aquí completos.
Él lo presenta como una descripción de lo que la gente hace realmente al discutir, para poder defenderse. El uso que se le dé ya no es cosa suya.
Este texto, nada: es breve, ordenado y con ejemplos. Su obra mayor sí es exigente.
Por convicción filosófica y por envidia profesional. Lo llamó charlatán durante décadas y sostuvo que escribía oscuro para parecer profundo.
Sí, y sistemáticamente. Pero su pesimismo es alegre de leer: escribe con una claridad y una mala uva que hacen que sus páginas se disfruten.
A Nietzsche, que empezó siendo discípulo suyo; a Wagner, a Tolstói, a Freud, a Borges y a buena parte de la literatura del XX.