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El Buscón, de Francisco de Quevedo
Guía de lectura

El Buscón: claves para leerla y comentarla

Francisco de Quevedo · 3 h 35 min de lectura · texto completo y gratis

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Un niño de Segovia decide que va a ser caballero. Doscientas páginas después ha pasado el hambre más famosa de la literatura española, ha sido apaleado, encarcelado y desenmascarado, y huye a América sin haber entendido lo único que Quevedo quería demostrarle.

De qué trata

Pablos, hijo de un barbero ladrón y de una madre acusada de bruja, cuenta su vida desde la infancia en Segovia hasta la huida a las Indias. Quiere subir de clase y lo intenta todo: servir a un señorito, estudiar en Alcalá, cobrar una herencia, fingirse hidalgo en Madrid, casarse con una dama. Cada intento termina en humillación, y el libro no lo lamenta: lo celebra. Es una picaresca escrita por un noble contra los que quieren dejar de ser lo que son.

Estructura

Libro primero — Segovia y Alcalá (7 capítulos)La familia, la escuela, don Diego, el rey de gallos, y el internado del licenciado Cabra. Después Alcalá: la novatada de los escupitajos y la decisión que ordena el resto del libro: «pues no ha de ser mi amo más que yo». Acaba con la carta del tío contando que ha ahorcado a su padre.
Libro segundo — el camino y la herencia (6 capítulos)De Alcalá a Segovia, con una galería de locos por el camino: el arbitrista que quiere secar el mar con esponjas, el maestro de esgrima geómetra, el poeta de romances, el ermitaño tahúr. En Segovia, la casa del tío verdugo y su banquete de amigos; Pablos cobra su herencia y huye. En el camino conoce a don Toribio.
Libro tercero — Madrid, la cárcel y la huida (10 capítulos)La cofradía de los hidalgos fingidos, la caída en la cárcel, la impostura de don Felipe Tristán y la boda que no llega a serlo. Desenmascarado y apaleado, Pablos prueba a ser actor, poeta de comedias, galán de monjas y rufián en Sevilla. Termina embarcándose a las Indias.

Temas para el comentario

De tu casta no se sale

Es la tesis del libro y hoy es lo más incómodo de él. Pablos no fracasa por torpe: fracasa porque es hijo de quien es. Quevedo, noble y antisemita militante, escribe una novela para demostrar que la sangre manda sobre el mérito. Leerlo hoy es leer también contra él.

El hambre

El internado de Cabra es la cumbre: una comida que consiste en «un caldo tan claro que Narciso corriera más peligro que sobre la fuente». El hambre en el Buscón no es drama social, es material cómico, y esa decisión lo separa del Lazarillo más que ninguna otra.

La apariencia como oficio

Don Toribio enseña un arte completo de fingir: capas que solo tienen delantera, migas de pan en la barba para simular que se ha comido, itinerarios por Madrid para no cruzarse con los acreedores. Es la crítica más aguda del libro: una sociedad donde parecer cuesta más trabajo que ser.

El idioma como espectáculo

Aquí el estilo no acompaña a la historia: la historia está para que luzca el estilo. Quevedo encadena metáforas imposibles, dobles sentidos y definiciones («tundidor de mejillas y sastre de barbas» por barbero) hasta que el lenguaje se vuelve el verdadero protagonista.

La crueldad

Nadie ayuda a nadie. Los amos humillan, los compañeros apalean, la familia presume del oficio de verdugo. Y el narrador —que es la víctima— cuenta sus propias desgracias con el mismo desprecio con que las contaría el que se las hizo.

Un final que no cierra

«Nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar, y no de vida y costumbres.» Pablos se va a América y promete una segunda parte que nunca existió. El libro se acaba, pero no termina: es una condena, no un desenlace.

Personajes

Lengua y estilo

El Buscón se lee por su prosa antes que por su trama, y conviene saberlo al empezar. Quevedo escribe en conceptismo: cada frase esconde un doble sentido, una metáfora forzada hasta el chiste o una definición que sustituye a la palabra. El padre no es barbero, es «tundidor de mejillas y sastre de barbas»; el licenciado Cabra no está flaco, es «un archipobre y protomiseria».

Eso tiene un precio: hay pasajes donde la acción se detiene durante páginas para que el autor haga juegos de palabras. No los saltes — son el libro. Y hay otro precio, más serio: el narrador es Pablos, pero la voz es siempre Quevedo. En el Lazarillo el pícaro tiene voz propia; aquí el pícaro es un títere y se le nota el hilo.

Sobre esta edición: se ha modernizado la ortografía, la puntuación y el léxico que ya no se entiende, conservando el orden y las frases del original. No se ha suavizado nada. «Vuestra merced» se mantiene porque toda la novela va de eso.

Contexto

Quevedo lo escribió joven, hacia 1603-1608, y no lo publicó nunca. Circuló copiado a mano durante veinte años, hasta que en 1626 un impresor de Zaragoza lo sacó sin permiso y sin nombre de autor. Quevedo protestó por la edición, pero no reclamó la paternidad: el libro era demasiado explosivo y él tenía enemigos de sobra.

Estamos en la España de Felipe III: el imperio empieza a crujir, Madrid se llena de gente que finge una posición que no tiene, y la obsesión por la limpieza de sangre está en su apogeo. Quevedo era noble, señor de la Torre de Juan Abad, y militaba contra los conversos con una virulencia que hoy cuesta leer. El Buscón es esa ideología convertida en literatura genial.

Setenta años antes, el Lazarillo había inventado la picaresca desde abajo. Mateo Alemán le había dado un giro moral con el Guzmán de Alfarache (1599). El Buscón cierra el triángulo por el lado más brillante y más despiadado.

Lo esencial, en cinco puntos

Preguntas frecuentes

¿Por qué se llama «Buscón»?

«Buscón» era el que se busca la vida por medios torcidos: buscavidas, estafador de poca monta. El título completo lo remata: «Historia de la vida del Buscón, llamado don Pablos, ejemplo de vagabundos y espejo de tacaños».

¿Hay que leer antes el Lazarillo?

No hace falta, pero se disfruta el doble. El Buscón dialoga con él en cada página y va justo en la dirección contraria.

¿Es difícil de leer?

El original, bastante: el vocabulario del XVII y los dobles sentidos piden notas. Esta edición está modernizada para que puedas leerlo de corrido; lo que se pierde son algunos juegos intraducibles, no la historia ni el tono.

¿Existe la segunda parte que promete el final?

No. Quevedo la anuncia en la última línea y no la escribió nunca. El final abrupto forma parte del libro.

¿Por qué incomoda tanto hoy?

Porque es una obra maestra escrita para defender una idea repugnante: que quien nace abajo debe quedarse abajo, y que la sangre conversa condena. Se puede admirar su prosa y rechazar su tesis; de hecho es la única manera honesta de leerlo.