Cartas a un joven poeta: claves para leerla y comentarla
Rainer Maria Rilke · 54 min de lectura · texto completo y gratis
Un cadete de diecinueve años mandó unos versos a un poeta de veintisiete y le preguntó si valían algo. La respuesta empezaba diciendo que nadie puede aconsejar ni ayudar a nadie, y siguió durante diez cartas y seis años.
De qué trata
Franz Xaver Kappus, alumno de una academia militar austríaca, escribió a Rainer Maria Rilke pidiéndole juicio sobre sus poemas. Rilke se negó a dárselo y le respondió otra cosa: que no mire fuera, que nadie puede decirle si debe escribir, y que se pregunte en la hora más silenciosa de la noche si moriría de no poder hacerlo. Si la respuesta es sí, que construya su vida en torno a esa necesidad. Las cartas siguientes desarrollan esa idea en varias direcciones: la soledad como condición y no como castigo; la paciencia, con la imagen del árbol que no fuerza su savia y espera confiado la primavera; la infancia como material inagotable; el amor, sobre el que escribe páginas muy personales —amar es difícil, y lo que se llama amor suele ser huida de la soledad—; el sexo, tratado con una naturalidad insólita para 1904; la tristeza como signo de que algo nuevo entra en nosotros; y la famosa recomendación de vivir las preguntas mismas, sin exigirles respuestas que quizá lleguen mucho más tarde.
Estructura
| Cartas 1–2 | La respuesta inicial: no busque juicios ajenos, pregúntese si necesita escribir. La crítica literaria como ruido inútil. |
| Cartas 3–4 | La paciencia y la maduración. La imagen del árbol y del fruto. La primera reflexión sobre el sexo y sobre la vivencia del cuerpo. |
| Cartas 5–7 | Roma, la soledad y el amor: las páginas más extensas y más personales del conjunto, incluida la reflexión sobre el amor entre iguales. |
| Cartas 8–10 | La tristeza, el miedo y lo difícil. La carta octava, escrita desde Suecia, es la más citada: vivir las preguntas, aceptar lo que asusta. |
Temas para el comentario
Escribir por necesidad
La pregunta que Rilke devuelve al joven: ¿moriría si le prohibieran escribir? Si no, no hay motivo para hacerlo.
La soledad
No como aislamiento sino como espacio propio: «lo esencial es estar solo como se estaba de niño». La defiende como condición del trabajo y de la vida interior.
Vivir las preguntas
«Tenga paciencia con todo lo no resuelto en su corazón… viva ahora las preguntas». Probablemente el consejo más citado de la literatura del siglo XX.
Lo difícil
«Que algo sea difícil debe ser una razón más para hacerlo». Su criterio moral es exactamente el contrario del que suele darse.
El amor
Una idea exigente: amar es aprender a proteger la soledad del otro, no fundirse con él. Cada uno guarda la soledad del otro.
La tristeza
No hay que temerla: los momentos de tristeza son aquellos en que algo nuevo ha entrado en nosotros y todavía no sabemos qué es.
Lengua y estilo
Son cartas reales, no un tratado: Rilke responde a un joven concreto sobre problemas concretos, y esa condición es lo que las hace personales y directas.
La prosa es lírica y cargada de imágenes —el árbol, la estación, el cuarto, la casa cerrada—: escribe como poeta incluso cuando aconseja.
Solo conservamos las cartas de Rilke: Kappus publicó las respuestas y no sus propias cartas, así que oímos una sola voz, como en un monólogo dirigido a alguien invisible.
Contexto
Escritas entre 1903 y 1908, cuando Rilke tenía entre veintisiete y treinta y tres años y aún no había publicado sus obras mayores. Vivía sin dinero, viajando por Italia, Suecia y Francia, y trabajó una temporada como secretario de Rodin.
Kappus las publicó en 1929, tres años después de la muerte de Rilke, con un prólogo en el que explica que un joven puede confiar en un gran poeta y que las palabras recibidas no le pertenecían solo a él.
Se han convertido en uno de los libros más regalados del mundo a personas que empiezan algo: escritores, artistas y, en general, cualquiera que dude sobre a qué dedicar su vida.
Lo esencial, en cinco puntos
- Rilke se niega desde la primera carta a juzgar los poemas: cambia la pregunta en lugar de responderla.
- «Vivir las preguntas» es el consejo más citado del libro y está en la carta cuarta.
- Su idea del amor —guardar la soledad del otro— es exigente y poco convencional.
- Solo se conservan las cartas de Rilke: las de Kappus nunca se publicaron.
- Se escribieron antes de sus grandes obras, cuando Rilke era todavía un poeta joven y sin medios.
Preguntas frecuentes
¿A quién iban dirigidas?
A Franz Xaver Kappus, un cadete de diecinueve años de la academia militar de Wiener Neustadt —la misma en la que Rilke había estudiado— que le envió sus poemas pidiendo opinión.
¿Le dice Rilke si sus poemas son buenos?
No, y se niega expresamente. Le responde que ningún juicio externo puede decidirlo, y le propone la única pregunta que considera pertinente: si tendría que escribir aunque se lo prohibieran todos.
¿Qué significa «vivir las preguntas»?
Que hay preguntas que no tienen respuesta todavía, y que exigírsela solo produce angustia. Rilke propone habitarlas, convivir con lo no resuelto, y confiar en que quizá algún día se viva la respuesta sin haberla buscado.
¿Sirve solo para escritores?
No. Trata de la vocación, la soledad, la paciencia, el amor y el miedo, y por eso se regala habitualmente a cualquiera que esté empezando algo o dudando sobre su camino.
¿Cuánto se tarda en leerlas?
Alrededor de una hora. Son diez cartas breves y se leen de una sentada, aunque están hechas para releerse.
